El cristianismo tiene su sagrada trinidad. El teatro tiene su estructura clásica en tres actos, igual que la novela tradicional. Incluso la vida misma puede dividirse en tres bloques: la juventud, la edad adulta y la vejez. Durante un tiempo (siglos, en realidad) la comida también participó de esa obsesión por las tríadas. Cuando uno se sentaba a comer, ya fuera en su propia casa, la de un familiar o en un bar, esperaba que le sirvieran tres platos: algo ligero para empezar, como una sopa o una ensalada, un segundo más contundente y postre para rematar la faena.
Ahora ese modelo ha entrado en barrena.
¿Adiós a los tres platos? Esa es la reflexión que dejaba botando hace unos días El País en su sección sobre alimentación: tras generaciones y generaciones asentadas en los hogares y la hostelería, las comidas estructuradas en tres platos (primero, segundo y postre) están de capa caída. No es el primero en señalarlo. Hace más de una década ya lanzaba una advertencia parecida Adam Liaw, un cocinero, presentador y autor de libros gastronómicos que en 2015 previno en The Guardian sobre la paulatina "desaparición" de los menús de tres platos.
Incluso el doctor Nicolás Romero lanzaba un aviso en 2019, en una entrevista con El Diario Vasco: "Habría que empezar por recuperar una costumbre que estamos abandonando en España, la de los tres platos en el menú". Tan convencido estaba de ello que incluso animaba a trasladar la misma fórmula a la cena, "como manda la dieta mediterránea", abriendo el menú con verdura y cerrándolo con fruta.
¿Realmente está en crisis? Es difícil encontrar estudios que lo confirmen, pero, como señal Liaw, a poco que no fijemos en nuestro entorno nos daremos cuenta de que la comida en 'tres actos' parece haber "caído en desgracia". Y eso es algo trasladable tanto a nuestros hogares como a los restaurantes. De hecho hay quien ya desliza que los menús con primeros, segundos y postres se arriesgan a convertirse en algo extraordinario, un lujo reservado para bodas, Fin de Año u otras ocasiones especiales. Igual que la vajilla de plata o un vino añejo.
¿Y por qué ese cambio? La explicación varía un poco en función de si hablamos de lo que hacemos en casa o lo que ocurre en la hostelería, aunque en ambos casos se aprecia un denominador común: un cambio en los hábitos de consumo. En una sociedad cada vez más atareada estamos menos dispuestos a pasarnos horas entre fogones, seleccionando alimentos frescos... o incluso sentados ante un plato, lo que explica el éxito creciente de los snacks.
¿Cocinados menos? Eso parece. En 2003 los expertos ya advertían que, en cuestión de unos años, los españoles habíamos reducido en tres horas semanales el tiempo que dedicamos a cocinar. Otras encuestas más recientes muestran que el 48% dedica unos 90 minutos a cocinar y el 41% apenas pasa de los 60. Todavía son mayoría los que se preparan su comida, pero los españoles que apenas pisan la cocina se cuentan por millones. Con menos (o ningún) tiempo entre sartenes y ollas, difícilmente se pueden preparar comidas divididas en varios platos.
¿Salen todos perdiendo? "Los hogares cada vez dedican menos tiempo a cocinar, reduciendo procesos y complejidad para optimizar el tiempo dedicado al cocinado. Esto implica que las personas apuestan cada vez más por las ocasiones con plato único, que son el 71,3% de las veces en la cena y 55,7% en las comidas", comentaba hace poco Eduardo Vieira, de Worldpanel by Numerator (Kantar), quien señalaba que eso supone una "oportunidad" para la industria.
Nuestra tendencia a pasarnos menos horas en la cocina está dando alas a un negocio que lleva años creciendo: el de los alimentos precocinados y listos para comer. La Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (Asefapre) calcula que en 2025 el consumo de precocinados en los hogares del país creció un 3,8% y que las ventas superaron los 4.300 millones, con un crecimiento del 5%.
¿Qué ocurre en los restaurantes? Allí entra en juego otro factor extra: la economía. Si bien el menú del día lleva décadas implantado en España, donde es toda una 'institución', la fórmula está en crisis. Y no solo por cambios culturales o la snackficación, una tendencia que nos lleva a dedicar cada vez menos tiempo a la alimentación. En los últimos años se ha visto presionada por los costes.
El encarecimiento de las materias primas, la energía, la mano de obra… ha obligado a los hosteleros a revisar sus tarifas, aumentándolas un 19,5% entre 2016 y 2024. El problema es que el sector asegura que esa subida es inferior al IPC, lo que le complica conseguir que sus menús sean rentables. "Está en peligro, afortunadamente porque no es un modelo sostenible", reconoce a El País Paco Cruz, The Food Manager. Ante esa tesitura toca 'reinventar' el menú, recortando costes. ¿Cómo? Exacto: metiendo la tijera y dejándolo en un solo plato.
¿Influyen más factores? Sí. Por si lo anterior no fuera suficiente a los hosteleros les toca lidiar con un nuevo rival: los mercaurantes, supermercados que, como Mercadona, disponen de una amplia oferta de platos listos para comer y espacios en los que consumirlos. En ellos los clientes a menudo pueden escoger platos y devorarlos en solo unos minutos, lo que aumenta la presión sobre los menús tradicionales en los que un camarero sirve primeros, segundos y postre.
Imágenes Michael Clarke Stuff (Flickr), Diogo Brandao (Unsplash), Farhad Ibrahimzade (Unsplash)
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