El 20 de febrero de 2022 prometía ser un día histórico en Extremadura. En España, en general. Tras meses de debate, cruce de argumentos y un creciente interés mediático, ese domingo los vecinos de Don Benito y Villanueva (Badajoz) sacaron las urnas para decidir algo crucial para el futuro de ambos municipios: si se fusionaban en uno solo. Ganó el 'sí', aunque con un margen tan estrecho y sobre todo un nivel de participación tan bajo que la unión no llegó a cuajar.
Cuatro años después, acaba de saltar por los aires.
20 de febrero de 2022. Para comprender lo que acaba de ocurrir en Extremadura hay que remontarse como mínimo cuatro años atrás, al 20 de febrero de 2022, cuando los vecinos de Don Benito y Villanueva de la Serena celebraron un referéndum para decidir si se unían en una única localidad.
Ambos ayuntamientos se sitúan en Badajoz, están separados por unos pocos kilómetros casi totalmente urbanizados y comparten servicios como un complejo hospitalario. Además, en 2022 ambos estaban gobernados por alcaldes del PSOE y eran partidarios de que sus respectivos consistorios se abrazaran en uno solo.
Un 'sí' con sordina. El referéndum respaldó la fusión, lo que durante un tiempo pareció despejar el futuro de 'Vegas-Altas', nombre con el que se quiso bautizar la nueva villa. El problema es que ese apoyo no fue lo suficientemente sólido como para cerrar el debate. Para empezar la participación en la votación de 2022 fue modesta para una decisión de semejante calado: en Villanueva (25.873 vecinos) participó el 58,94% del censo; en Don Benito (37.310) el 50,42%.
En la primera localidad respaldaron la alianza el 90,49% de los votos; pero en Don Benito solo lo hicieron el 66,27%. Quizás parezca un porcentaje alto, pero los ayuntamientos habían acordado que para seguir adelante el apoyo debía ser como mínimo del 66%. Es decir, en Don Benito el trámite se superó por unos votos.
Por si eso no fuera suficiente, hay otro factor fundamental: el referéndum fue en realidad una consulta popular con carácter consultivo, no vinculante. La fusión nunca llegó a ratificarse en un pleno ni la Junta aprobó decreto constitutivo alguno. Solo se firmó un protocolo en 2023 que quedó en papel mojado.
Enterrado y bien enterrado. De aquello hace casi un lustro. Si la falluta fusión entre Don Benito y Villanueva de la Serena vuelve a ser noticia ahora es porque, tras más de cuatro años sin avances reales, la primera localidad (la más poblada) ha decidido enterrar definitivamente la unión. Aunque el proyecto lleva tiempo encallado, el Gobierno dombenitense, ahora liderado por el PP y Siempre Don Benito, ha dado carpetazo definitivo a la idea. El lunes el pleno municipal aprobó por unanimidad una moción que declara su paralización definitiva.
Es más, por "razones de transparencia, seguridad jurídica y claridad política", el Ayuntamiento de Don Benito ha decidido comunicar formalmente su decisión a todas las partes implicadas: el Ministerio, la Junta de Extremadura, la Diputación de Badajoz y por supuesto el Ayuntamiento de Villanueva. Su planteamiento es simple: quieren seguir "colaborando" con su vecino, pero sin 'pasar por el altar', limitando sus acuerdos a la Mancomunidad Integral de Servicios que ya existe.
"No es momento". La decisión de Don Benito no es importante solo por lo que dice. Igual o incluso más relevante es quién lo dice. La moción ha salido adelante con la unanimidad del pleno, lo que significa que todos los grupos están a favor de meterla en el cajón. Incluido el PSOE, partido que la promovió en 2022.
Cada formación (PP, Siempre Don Benito y PSOE) esgrime sus propios argumentos y pone el acento en una u otra cuestión, pero la lectura parece clara: la fusión lo tiene muy complicado aun en el caso de que en 2027 haya un cambio de gobierno. "No es momento de hablar ahora de la fusión", asumen en el PSOE, que aboga por "recuperar la economía y volver a ilusionar a los vecinos".
Cruce de argumentos. El caso de Don Benito y Villanueva de la Serena es interesante más allá de la provincia de Badajoz o Extremadura porque demuestra lo difícil que resulta (a nivel político y social) unir dos ayuntamientos. Y eso que en este caso los vecinos tenían un buen puñado de argumentos a favor.
Más allá de la cohesión económica y de servicios que ya existe, en 2021 la Universidad de Extremadura publicó un informe que concluía que la nueva área urbana sería el segundo polo económico de Badajoz y la primera a nivel regional en agricultura y ganadería. Según sus cálculos, el 'matrimonio' aumentaría en un 2,75% la renta de los hogares y un 5% el empleo. Juntos sumarían hoy una población de alrededor de 64.000 empadronados, más que Mérida.
Los opositores a la fusión ponen el acento en otro punto. Argumentan que el proyecto no es más que "el resultado de una decisión política impulsada con prisas, sin el consenso social necesaria y sin planificación técnica rigurosa". De hecho, lamentan que en febrero de 2022 no se explicó claramente a los vecinos "la complejidad jurídica" del enlace, tampoco sus "riesgos" y "costes reales".
Ampliando el foco. Salvo extrañísima sorpresa, todo indica que el sueño de Vegas Altas se quedará en solo eso: un sueño. En España hay sin embargo otros ejemplos de fusiones locales que han salido adelante. Dos de las más recientes son las de Oza dos Ríos-Cesuras y Cerdedo-Cotobade, ambas en Galicia.
La primera se fraguó en 2013, sentando un hito que no se vivía desde 1981, y la segunda en 2016. Aunque en Galicia los procesos avanzaron de forma más ágil que en Extremadura, no han estado libres de retos. En 2022 El País aún advertía de los desafíos que tenía por delante Oza Cesuras una década después de su enlace, con inversiones incumplidas y cambios tímidos. En Galicia ha seguido hablándose de alguna que otra unión, aunque sin llegar a aterrizarlas.
¿Por qué cuesta tanto? La pregunta del millón. En España hay casi 1.400 municipios con menos de 100 habitantes y otros 2.600 que no pasan de 500. A pesar de eso y de que en 2013, en los tiempos de Cristóbal Montoro, el Gobierno llegó a anunciar incentivos para los ayuntamientos que decidieron fusionarse, lo cierto es que la idea no ha acabado de cuajar. Es más, en 2018 el mapa local no solo no se había simplificado, sino que incluía siete localidades más.
Llega una búsqueda rápida en Google para encontrar noticias de la creación de ocho nuevos municipios en Andalucía en 2018 o la conversión de un barrio vasco en entidad local menor hace menos de dos años. Si nos remontamos hasta finales de la década de 1970 la lista de localidades segregadas es mucho mayor.
¿Las razones? Desde económicas y política a estrictamente emocionales, de sentimiento de pertenencia e identidad. "La España interior ve en el municipio no solo una administración gestora de servicios, sino una administración de representación y defensa de los intereses del pueblo", explica a RTVE Víctor Bethencourt, experto en Derecho Administrativo en la Universitat de València.
Imágenes | Ayuntamiento de Villanueva de la Serena 1, 2 y Wikipedia

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