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'Altered Carbon': un clon de 'Blade Runner' con ocasionales destellos de personalidad propia ciberpunk
Cine y TV

'Altered Carbon': un clon de 'Blade Runner' con ocasionales destellos de personalidad propia ciberpunk

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Resulta asombroso y, al tiempo, buen testimonio de su impacto en la cultura popular, que 'Blade Runner', la adaptación de 1982 de la novela de Philip K. Dick dirigida por Ridley Scott, siga generando imitaciones tan fieles a la letra y la estética como esta 'Altered Carbon' que estrena Netflix. A punto de que se estrene otra más -la también muy confesamente fiel nueva película de Duncan Jones, 'Mute'- y aún fresco el poco grato recuerdo de la secuela oficial, 'Altered Carbon' nos lanza una historia noir llena de neones y callejones lluviosos.

Porque como pasaba en Blade Runner y en tantos referentes del ciberpunk literario -empezando por el inventor del término, William Gibson y su 'Neuromante'- la ambientación de ciencia-ficción es la forma de vestir una historia que sigue los esquemas de una historia de género negro. Un detective duro e irresistible, femmes fatales, una tendencia casi obsesiva del protagonista por recibir palizas y un retrato constante y oscuro de los bajos fondos y los desheredados de la sociedad.

Así es como cuenta 'Altered Carbon' su historia, que gira en torno a un tema icónico de la ciencia-ficción: la implantación de mentes y personalidades en cuerpos ajenos. En este lejano futuro, los cuerpos son solo "fundas" en las que ubicar distintas personalidades, descargadas en una especie de discos implantados bajo el cráneo. Cuando un cuerpo muere, se implanta el disco en otro cuerpo, y solo los más ricos en una sociedad marcada por severas diferencias de clase pueden permitirse reocupar cuerpos idénticos a los que estaban, a través de clones.

Uno de estos irritantes millonarios del futuro es asesinado, y su nueva encarnación corporal quiere averiguar quién ha sido el asesino, por lo que contrata a nuestro héroe. Interpretado por un imponente y muy héroe de acción de la vieja escuela Joel Kinnaman, el protagonista es un hombre desesperado y con un pasado también conflictivo y relacionado con estos discos. La búsqueda le lleva, en los dos primeros episodios que hemos tenido ocasión de ver, a sumergirse en las cloacas de la ciudad, y a que los espectadores tengamos ocasión de bañarnos en una atmósfera absorbente y deshumanizada.

Disco Inferno

Sin duda, lo más interesante de estos dos primeros episodios, en un estilo muy de ciberpunk literario (el guión adapta un libro de Richard K. Morgan), es cómo ahonda en las posibilidades de esa descarga de personalidad en discos, y cómo la sociedad del futuro se moldea en torno a ellos. ¿Qué pasa si los discos se destruyen? ¿Qué pasa cuando los discos se descargan en cuerpos que no son los deseados? ¿Qué pasa cuando alguien quiere funcionar al margen de esta especie de reencarnaciones de saldo? ¿Cómo se toman todo esto las religiones tradicionales?

Lejos de proponer un ambiente, un detalle argumental futurista y dar vueltas sobre ello, 'Altered Carbon' profundiza en las posibilidades ciberpunk de la historia, que son ni más ni menos que ahondar en los límites de lo humano, dónde empieza y acaba la condición que nos hace personas. Aunque está por ver cómo progresará la acción y el argumento en los diez capítulos que conforman esta primera temporada, el arranque, lleno de dudas metafísicas netamente futuristas, es compacto y moderadamente sofisticado.

Alteredcarbon2

De hecho, lo que impide que 'Altered Carbon' sea una perfecta ópera ciberpunk es, precisamente, su dependencia visual y argumental de un clásico como 'Blade Runner': nada hay en su propuesta estética que no hayamos visto antes... varias veces. La ciudad opresiva y deshumanizada, los coches volantes, la vestimenta a medio camino entre un futuro casi retro y un Chicago de los años treinta (del siglo XX), la lluvia constante o los anuncios proyectados en los edificios con tintes orientaloides son códigos que han acabado perdiendo su sentido original por puro desgaste.

'Altered Carbon' satisfará al consumidor de ciencia-ficción que busca algo con más densidad dramática que el vacuo festival nostálgico de 'Stranger Things', pero muy a menudo, la nueva serie de Netflix peca exactamente del mismo pecado que ese éxito: estar más atento a los brillitos y los efectos que a distanciarse de sus precedentes. Dosis muy generosas de sexo (no siempre interesante) y violencia (casi siempre destacable: la acción está muy bien rodada y montada) no sirven para dotar de mayor empaque adulto a lo que, en el fondo, no es más que un reciclaje de un reciclaje.

Conviene aguardar a tener la serie completa ante nosotros, porque al parecer se avecinan cambios, y teniendo en cuenta que el segundo episodio discurre por un camino bien distinto al primero, es una posibilidad muy a tener en cuenta. Sin embargo, y pese a sus indiscutibles logros de concepto (otra idea arrebatadora: las IAs que montan negocios hosteleros... y que al protagonista le toque una fan de Edgar Allan Poe) hay un error de partida que consiste en creer que un simple lavado de cara digital a una estética que funcionaba hace tres décadas la sigue manteniendo fresca, y a veces no es suficiente. Seguiremos atentos al futuro.

Alteredcarbon3
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