España vive sus pequeñas batallas aéreas y en todas ellas los drones son protagonistas. No hablamos de ataques contra infraestructuras clave. Hablamos de la administración utilizando el cielo para detectar infracciones. Para ver si te saltas un Stop o para ver si has construido una piscina. También para certificar que no estás viviendo donde toca. Por turismo o, sencillamente, porque no puedes permitirte otra cosa.
Eso está pasando en Ibiza.
200 personas. Es, más o menos, el número de personas que han sido desalojadas de los asentamientos de Sa Joveria y Can Misses en Ibiza, explican nuestros compañeros de Motorpasión. El motivo es tan sencillo como que viven en un caravana.
Como señalan en este medio, no hablamos de turistas, hablamos de trabajadores que no pueden permitirse vivir en una casa porque el precio de las habitaciones y de las viviendas es tan desorbitado que a las personas empleadas en la isla viven en una paradoja: necesitan el trabajo para vivir pero ese mismo trabajo no les da para vivir.
Los drones. Para vigilar asentamientos como estos, las administraciones están empleando drones que desde el aire vigilan si una caravana está aparcada entre los árboles de una zona frondosa, fuera de un camping. La campaña, incluso, ha empezado meses atrás. En abril ya se registraron los desalojos de los dos centenares de personas mencionadas más arriba.
El ayuntamiento de Sant Josep se ha convertido en el primero de Europa en tener un dron autónomo mejorado con IA para su policía. Los drones, aseguran, ayudarán en casos de accidentes de coches o labores de búsqueda de personas pero también controlan labores de "vigilancia medioambiental, detección de vertidos ilegales, disciplina urbanística y protección de espacios naturales", explican en Periódico de Ibiza. Algo parecido sucede en Sant Antoni de Portmany.
Una pinza. Estas últimas labores son las esgrimidas por las autoridades para desmontar lo que consideran asentamientos ilegales. Para evitar que el turismo de caravanas no colapsara la isla, en 2024 idearon una nueva normativa que limita el número de vehículos que pueden entrar a la isla. En el caso de las caravanas no pueden entrar si no tienen una plaza de parking ya reservada.
Para desalojar de forma express a estos vehículos, la Ley del Suelo Rústico de las Baleares se ha convertido en el mejor arma. Y es que desde que se activó esta normativa, suelo rústico es prácticamente cualquier espacio que no se encuentra en una zona urbana. Acampar aquí puede llegar a conllevar una multa de hasta 30.000 euros por lo que los afectados abandonan rápidamente estos espacios cuando son informados de la posible sanción a la que se enfrentan.
El verdadero problema es que estas personas de las que hablamos no son turistas, son trabajadores que no tienen un techo (al menos sin ruedas) donde puedan vivir. El exceso de turismo ha provocado que las administraciones impulsen normativas cada vez más rígidas y ahora esos trabajadores se encuentran en mitad de una dolorosa pinza, turistas a un lado, reguladores a otro y drones por encima de sus cabezas.
¿Es tanto el problema? Ya en mayo señalábamos que para poder alquilar un piso de 80 metros cuadrados en Ibiza necesitabas cobrar 2.320 euros mensuales. Eso suponiendo que no gastaras ni un solo euro en comer, en encender las luces de casa o en darte una ducha.
Y es que el precio de las viviendas es tan disparatado que hay vecinos que, por sí mismos, deciden irse a vivir a una caravana durante los meses de temporada alta. La idea es tan simple como la de dejar la casa a turistas adinerados para sacarse un sobresueldo. Con una presión turística insoportable y sin viviendas suficientes, un buen número de profesionales buscan acomodo en una suerte de casa con ruedas.
"Empezamos a buscar casa, pero fue una locura ver lo que pedían […] Entonces comenzamos a mirar lo que costaba una caravana de segunda mano y fue la única opción que vimos para quedarnos", recogían en Periódico de Ibiza. Las palabras son de Mariana Gómez, una mujer que viajó a Ibiza desde Colombia para trabajar de forma temporal en un hotel y que acabó llegando a la conclusión de que, si quería instalarse en la isla junto a su pareja, no le quedaba otra que renunciar a los pisos "normales"… y optar por una caravana.
Y algunos motivos hay. Aunque desolador, los ayuntamientos y los reguladores tienen sus propios motivos para desalojar estos campamentos. En Sa Joveria aseguran que se habían retirado 5.000 kg de basura durante uno de los desalojos. Sus responsables aseguraban a Cadena Ser que éste no se había llevado a cabo tanto por detectar viviendas ilegales si no por "las quejas por las malas condiciones".
Este mismo mes de julio, Noudiari.es explicaba en un artículo que en Cala Bou se había detectado un nuevo asentamiento ilegal del que salían "personas aparentemente trabajadoras que salían con sus mochilas camino de sus puestos de trabajo". El problema, señalaban, es que "no se aprecia desde fuera una gran acumulación de basuras pero sí que hay restos por el perímetro y en algunos puntos se puede apreciar claramente el olor a orina y excrementos".
Por lo tanto, el riesgo para el deterioro del medio ambiente y el riesgo de incendio aumentan exponencialmente en estos casos.
Foto | Stijn te Strake y Karol Chomka
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