Da igual que estés en la lluviosa Londres que en la tórrida Sevilla que cuando empieza a llover, se desata el caos en el calzada: más vehículos, más atascos y retrasos, más pitidos y la sensación nada infundada de que se nos ha olvidado conducir.
Que conducimos peor cuando llueve forma parte de la sabiduría popular, una enseñanza que ha pasado de profesores de autoescuela a padres, madres y criaturas en edad de coger el coche. La razón más obvia es que nadie quiere mojarse, así que más personas cogen el coche que cuando hace buen tiempo. Y tiene su lógica, pero la realidad es bastante más compleja.
Una de esas cosas que aprendes en la autoescuela y que la DGT te recuerda de vez en cuando es que con lluvia, mejor reducir la velocidad y aumentar la distancia de seguridad. Por otro lado, el miedo al aquaplanning y la menor visibilidad actúan como refuerzo para que efectivamente, vayamos más despacio. Así que ir más despacio implica estar más tiempo en carretera.
Puede que ya lo pensaras en tu fuero interno, pero hay estudios que evidencian que cuando llueve hay más accidentes, incluso aunque esta sea ligera. Incluso en un accidente leve vamos a encontrarnos con uno o varios vehículos parados a un lado de la calzada (en el mejor de los casos), lo que irremediablemente va a actuar como cuello de botella: porque hay un carril cortado, por la sensata precaución que da encontrarte con unos triángulos balizas V16... así que el instinto natural nos va a llevar a ir más lentos y a espaciarnos más.
La culpa de todo la tiene la metaestabilidad
Todo lo anterior es cierto, pero hay una explicación definitiva: la metaestabilidad, un concepto no tan intuitivo y popular como los anteriores, pero habitual en modelizaciones de tráfico. Sin ir más lejos, este estudio de Harvard explica los atascos basándose en ese concepto que materializa cómo los tiempos de reacción de los conductores cambian en un escenario de lluvia y cómo pasa factura a la fluidez del tráfico.
A grandes rasgos, el conjunto conformado por el tráfico, el tiempo y los humanos al volante conforman un sistema con un estado de equilibrio débilmente estable durante un paso de tiempo considerable. Pero cuando aparecen perturbaciones externas, el sistema varía con el paso del tiempo hacia un estado de equilibrio fuertemente estable.
Lo vemos mejor con un ejemplo: si tenemos un tubo y vamos lanzando cada minuto una canica con la misma fuerza, todas van a llegar abajo en el mismo intervalo de tiempo. Eso es el "estado de equilibrio débilmente estable durante un considerable período de tiempo". Súbitamente, decidimos lanzar una canica después de 30 segundos y luego otra a los 15 segundos y esta última además la tiramos con fuerza, consiguiendo que choque con la anterior. Después, volvemos a la dinámica inicial. Ya es demasiado tarde: hemos desatado el caos.
Aunque volvamos a ese comportamiento inicial de una canica por minuto con la misma fuerza, se ha formado un apelotonamiento de canicas que sigue creciendo cuando caen y chocan entre sí. No ha hecho falta ni siquiera añadir más canicas: ha sido suficiente con cambiar el comportamiento de un par de unidades. Esto es la "evolución temporal hacia un estado de equilibrio fuertemente estable". Spoiler: lo de "fuertemente estable" viene a ser lo de no movernos. Hemos alterado la fluidez.
Así se forman los atascos, con o sin lluvia. La metaestabilidad explica los atascos independientemente del tiempo porque esto mismo sucede por ejemplo en una avenida en horas puntas: el equilibrio de flujo fluido es débil y una perturbación basta para ralentizarla. Con la lluvia además la probabilidad de fluctuaciones en el flujo del tráfico aumenta por prácticas habituales como un frenazo brusco porque no ves bien. Entonces, se baja la distancia de seguridad y también la velocidad: ya tenemos todos los ingredientes para la receta del atasco.
¿Hay algo que pueda hacer para evitar atascos cuando llueve? Desgraciadamente poco más que lo que ya sabemos: conducir con más suavidad, tener anticipación y paciencia. Volviendo a las canicas, en un escenario ideal el grueso de conductores debería tratar de respetar las mismas condiciones de distancia y velocidad adaptadas al mal tiempo. El problema está en que habrá conductores que no alteren su conducción por la lluvia y otros que vayan pisando huevos. En cualquier caso, podría ser peor: podrías estar esquivando charcos y canalones mientras te apresuras para llegar hasta casa.
En Xataka | Llega la lluvia y con ella el "aquaplaning". Esta es la mejor técnica para evitarlo
Portada | Foto de Basil Minhaj en Unsplash
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