Las últimas imágenes de satélite han vuelto a poner el foco sobre una de las instalaciones militares más herméticas de China. Lo que hace unos años era poco más que una pista descomunal perdida en Xinjiang se está transformando a gran velocidad en un complejo centro de pruebas para los programas aeronáuticos más avanzados del país. Allí ya han aparecido los nuevos cazas de sexta generación chinos. Ahora, sin embargo, hay cuatro hangares extraordinariamente anchos los que están alimentando una posibilidad mucho más interesante.
Algo monstruoso. Sí, las imágenes tomadas el pasado 27 de agosto muestran una expansión acelerada de la remota base de pruebas situada cerca de Lop Nur, en el desierto de Xinjiang, una instalación que los analistas de TWZ han comparado de forma aproximada con el Área 51 estadounidense por su papel en el desarrollo de programas militares secretos.
Su elemento más llamativo sigue siendo una pista de unos cinco kilómetros, una de las más largas del mundo, pero alrededor de ella está apareciendo una infraestructura completamente diferente. Nuevas calles de rodaje, plataformas, hangares, posibles depósitos de combustible y edificios auxiliares apuntan a que el Ejército Popular de Liberación quiere convertir este lugar en uno de sus grandes centros para probar aeronaves experimentales.
Un pequeño hangar en mitad del desierto. La transformación resulta especialmente llamativa cuando se compara con el aspecto que tenía la instalación hace apenas seis años, cuando estaba vinculada a programas espaciales militares y a las pruebas de vehículos espaciales reutilizables.
Entonces consistía fundamentalmente en aquella gigantesca pista de 3,1 millas, un pequeño hangar y algunos vehículos dispersos. En 2023 se amplió considerablemente la plataforma principal y apareció otro gran hangar, y en 2025 se añadieron nuevos refugios aparentemente diseñados para aviones tácticos y, desde mayo de ese año, la construcción se aceleró hasta convertir una instalación relativamente austera en un complejo aeronáutico cada vez más difícil de reconocer.
Base aérea de Lop Nur en 2020
Primero fueron los cazas. La mejor pista sobre la función que está adquiriendo Lop Nur apareció precisamente después de aquellas primeras ampliaciones: los satélites localizaron allí por primera vez los dos diseños chinos de cazas furtivos de sexta generación, el J-36 y el J-XDS.
Su presencia era especialmente significativa porque ambos estaban muy lejos de los aeródromos de sus respectivos fabricantes, Chengdu y Shenyang, lo que reforzaba la interpretación de Lop Nur como un centro independiente para ensayar algunos de los programas más sensibles de la aviación china. La secuencia también resulta reveladora: primero China construyó hangares aparentemente preparados para aeronaves tácticas y poco después aparecieron precisamente esos nuevos prototipos.
Vista aérea de la base aérea de Lop Nur a fecha de 27 de agosto de 2026
Ahora el misterio es otro. La ampliación más interesante está en el extremo sur, donde se construye una nueva calle de rodaje paralela a la pista que permitirá mover más aeronaves sin obligarlas a recorrer la propia pista en sentido contrario, una limitación importante cuando aumenta el ritmo de operaciones. Junto a ella están apareciendo tres enormes hangares de aproximadamente 80 por 40 metros y un cuarto edificio de diferentes dimensiones, todos con acceso directo a la nueva zona de movimiento.
Según el investigador de geointeligencia Damien Symon, su tamaño permitiría alojar cualquiera de los aviones tácticos y estratégicos que China opera actualmente. Como referencia, el H-6, único bombardero estratégico actualmente en servicio en el país, tiene una envergadura de unos 33 metros, bastante inferior a la anchura disponible en esas nuevas instalaciones.
Cuatro nuevos y amplios hangares con plataforma y acceso a la calle de rodaje sur
El fantasma del H-20. Porque el verdadero interrogante es qué pretende introducir China en unos hangares preparados para aeronaves mucho más anchas que sus cazas actuales. Pekín está probando grandes drones furtivos de configuración de ala volante, pero Lop Nur parece estar más orientada hacia plataformas tripuladas que la también secreta base de Malan, especializada principalmente en sistemas no tripulados.
Por eso los analistas señalan al futuro bombardero furtivo H-20 como una posibilidad especialmente interesante. El H-20 todavía no ha realizado ninguna aparición pública y tampoco existe evidencia de que esté en Lop Nur ni de que estos hangares hayan sido construidos específicamente para él, pero una base remota dedicada a programas tripulados altamente secretos, con una pista de cinco kilómetros y nuevos hangares de enormes dimensiones, sería un lugar de lo más lógico para realizar al menos parte de sus futuras pruebas.
Es probable que se estén desarrollando instalaciones adicionales de hangares grandes y pistas de rodaje en la sección norte de la base
No son solo hangares, es una base capaz de mucho más. Las obras afectan prácticamente a todo el complejo y apuntan a un salto en su capacidad operativa, no únicamente a disponer de más espacio para guardar prototipos. Al norte, ademas, se prepara otra calle de rodaje, una especie de plataforma circular de unos 122 metros de diámetro que podría utilizarse para pruebas de motores y maniobras de aeronaves, una ampliación de la plataforma y al menos otros dos grandes hangares. Plus: también se ha identificado posible infraestructura adicional para almacenar combustible.
Si se confirma, todo ello permitiría realizar más salidas, mantener operaciones durante periodos más prolongados y gestionar simultáneamente un número mayor de programas experimentales, justo lo necesario para convertir Lop Nur en un centro permanente de pruebas de vuelo de alta intensidad.
Bajo el signo nuclear. Por último, la ubicación añade otra capa a la historia: la instalación se encuentra cerca del histórico polígono nuclear de Lop Nur, donde China detonó en 1964 su primera bomba atómica y se convirtió en la quinta potencia nuclear del mundo. Más de seis décadas después, este rincón aislado de Xinjiang vuelve a adquirir importancia estratégica, ahora como pieza del ecosistema de desarrollo aeroespacial avanzado del país.
Los satélites todavía no han encontrado allí el H-20, pero sí algo quizá más revelador sobre los planes de Pekín: China está construyendo la infraestructura necesaria para recibir más aeronaves, realizar muchas más pruebas y, sobre todo, alojar aviones considerablemente mayores que los prototipos que ya conocemos.
Imagen | Planet Labs
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