El asombroso experimento clínico para "devolver" a los bebés nacidos por cesárea las bacterias de su madre

Nacer por parto natural ofrece una exposición bacteriana que a priori fortalece el sistema inmunitario

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José A. Lizana

Colaborador

Nacer por vía vaginal o por cesárea son dos caminos que son muy diferentes y que tienen implicaciones radicalmente diferentes tanto para la madre como para el bebé. Una de ellas está en la primera exposición que recibe un recién nacido a todas las bacterias que nos rodean en el día a día, puesto que la ciencia ha observado que los niños nacidos por cesárea presentan una colonización bacteriana inicial distinta, lo que llevó a plantear la posibilidad de transferirles rápidamente bacterias vaginales nada más nacen. 

El origen de la idea. Esta técnica, que fue conocida como 'vaginal seeding' o siembra vaginal, tiene su origen en el año 2016, cuando la revista Nature publicó un estudio piloto liderado por la investigadora Maria Gloria Dominguez-Bello. Aquí la premisa que se planteaba era sencilla, puesto que un bebé nacido por cesárea no pasa por el canal del parto, no se impregna de las bacterias protectoras de su madre. Entonces... ¿Qué pasaría si los "bañamos" artificialmente con ellas? 

El procedimiento que se planteaba consistía en introducir una gasa estéril en la vagina de la madre antes de la cirugía e inmediatamente después de la cesárea, se frotaba esa gasa por la boca, la cara y el cuerpo del recién nacido. El problema es que el estudio original era minúsculo, puesto que solo participaron 18 neonatos (7 nacidos por vía vaginal y 11 por cesárea, de los cuales solo 4 recibieron los fluidos maternos).

Los resultados a corto plazo fueron llamativos, puesto que durante el primer mes de vida los bebés nacidos por cesárea expuestos a la gasa mostraron una microbiota oral y cutánea mucho más parecida a la de los nacidos por parto natural. 

El choque de realidad. Tras el revuelo inicial, la comunidad científica se puso a trabajar para comprobar si esta alteración del microbioma se traducía en niños más sanos y con menos enfermedades como el asma o las alergias. Pero tras varios años de investigación, se vio cómo caía un jarro de agua fría sobre esta técnica que parecía revolucionaria. 

Aquí hubo diferentes revisiones que evaluaron el impacto real del "vaginal seeding", y la conclusión es que la evidencia sobre sus beneficios clínicos es muy incierta. Y aunque es cierto que se aprecian cambios en la composición del microbioma del bebé a corto plazo, estudios publicados en diferentes revistas especializadas coinciden en que estos efectos se acaban difuminando. 

Otros factores. Lo que sí se ha visto es que, con el paso de los meses, factores ambientales, la alimentación y, muy especialmente, la lactancia materna tienen un impacto mucho mayor en el desarrollo del microbioma intestinal del bebé, eclipsando cualquier efecto inicial de la gasa. 

Un riesgo de seguridad. La falta de beneficios comprobados no es el mayor de los problemas, sino que la preocupación central de los médicos es la seguridad. Aquí hay que tener en cuenta que el canal vaginal no solo alberga bacterias beneficiosas, como los Lactobacillus, sino que puede ser un reservorio de patógenos letales para un recién nacido con un sistema inmune inmaduro.

Aquí tenemos el peligro de transmitir al bebé un estreptococo del grupo B, un virus del herpes simple, un papiloma o incluso el VIH. Y aunque a día de hoy se hacen cribados exhaustivos a las madres para descartar estas infecciones, en la práctica clínica el cribado perfecto es casi imposible. 

Imágenes | Fannya Santos 

En Xataka | Cada vez tenemos más claro que nuestro microbioma es clave para nuestra salud. Nuestras fuentes de proteínas también pueden alterarlo

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