En 1994 los arqueólogos descubrieron un barco del XVII hundido con más de 400 monedas de oro. Al fin han resuelto su gran misterio

El mercante Dom van Keulen se hundió hace 400 años al sur de Inglaterra con un valioso tesoro en su interior

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Carlos Prego

Editor - Magnet
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Carlos Prego

Editor - Magnet

La sorpresa llegó a mediados de los 90. Un grupo de buceadores británicos exploraba las aguas de la bahía de Salcombe, en Devon, cuando se encontraron con los restos de una embarcación del siglo XVII. A simple vista el pecio estaba muy degradado por el paso del tiempo, pero ocultaba un auténtico tesoro: cientos de monedas de oro, joyas y cerámica, entre otras piezas, la mayoría preservadas hoy en el Museo Británico. Superada la sorpresa inicial, quedó botando una incógnita: ¿Cómo se llamaba el barco? ¿De dónde partió y a dónde iba?

Ya tenemos la respuesta.

¿Qué ha pasado? Que los arqueólogos al fin han resuelto un misterio que llevaba tres décadas sin respuesta: la identidad del buque mercante localizado en 1994 frente a la bahía de Salcombe, en Inglaterra. Sabíamos que ocultaba valiosos tesoros, incluidas 400 monedas de oro, pero hasta ahora nadie había conseguido aclarar cómo se llamaba la embarcación, su singladura y por qué sus restos se han pasado siglos pudriéndose en el canal de la Mancha. Allí, descansando en lecho marino, estaba el colofón de una historia; faltaba el comienzo.

Diver Cannons

¿Ya tenemos respuesta? Sí. En una publicación lanzada por el British Museum un grupo de investigadores al fin ha revelado la identidad del barco: se trata del Dom van Keulen, un mercante holandés que zarpó de Marruecos hacia el otoño de 1633. Su destino era Países Bajos, pero el viaje se complicó cuando navegaba con su valiosa carga frente a la costa sur de Inglaterra. La meteorología no acompañó, el barco sufrió una vía de agua fatal y acabó zozobrando.

¿Cómo lo han averiguando? Buceando. Aunque en este caso los investigadores no se han sumergido en las frías aguas del Atlántico. La exploración la ha hecho el historiador Ian Frield entre legajos del Archivo Nacional británico. Allí localizó una serie de documentos que nos hablan de la singladura del Dom van Keulen a comienzos del XVII, las tempestades que tuvo que afrontar y su desdichado final, que acabó con el barco en el fondo del mar. 

La historia del mercante, eso sí, no fue todo lo trágica que podría haber sido. Sabemos que su tripulación logró sobrevivir al naufragio y expertos como Dave Parham, profesor de la Universidad de Boston y uno de los editores del libro, cree que "la mayor parte de la carga" acabó recuperándose por esas mismas fechas.

¿"La mayor parte"? Exacto. Si Parham y sus colegas están en lo cierto, los tesoros que el buque transportaba en su interior se rescataron hace ya tiempo; pero ni los armadores del Dom van Keulen ni las generaciones que los sucedieron fueron capaces de retirar todos los artículos que viajan apilados en las bodegas.

Allí se quedaron durante siglos, entre el fango y el olvido, hasta que en 1994 los buceadores del SWMAG localizaron lo que quedaba del pecio. El resto es historia de la arqueología marina: al explorar el yacimiento, los buzos encontraron una parte del cargamento. La mayoría se conserva en el Museo Británico.

¿Tanto transportaba? Sí. Parham es bastante claro al respecto: "Entre su cargamento se encontraban 150 sacos de goma arábiga, 64 sacos de salitre, 320 pieles de cabra y 9.000 ducados de Berbería, monedas de oro marroquíes". 

Su considerable valor explica que la mayoría de ese cargamento acabase extrayéndose de las bodegas del mercante, pero por una razón u otra más de 400 monedas siguieron ocultas hasta que en los 90 llegaron los buzos del SWMAG.

¿Localizaron algo más? Esas cientos y cientos de monedas de oro procedentes de África representan probablemente el mayor tesoro extraído del naufragio, pero no es lo único que han encontrado los arqueólogos. Durante su investigación han recuperado también un cuenco, una cuchara de peltre, joyas de oro, una pesa con forma de pez, un sello, cerámica y una pieza de oro fundidado como un dedo.

Con respecto al mercante holandés, aunque no se conservan (o al menos conocen) retratos de la época, Parham explica que el pecio mide 30 metros de largo, incluye cañones y anclas y descansa a unos 18 metros de profundidad.

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¿Por qué es importante? Hay varias razones. La principal es que al fin conocemos la identidad del mercante. No solo sabemos que era neerlandés y transportaba un valioso cargamento. Ahora conocemos su nombre, trayectoria e historia completa. Como recuerda el SWMAG, en la zona se encontraron además restos de madera, cuerda, plomo, vajilla y otras piezas que nos hablan de la vida a bordo de los navíos holandeses que cubrían esa ruta a comienzos del XVII.

Por si eso no fuera suficiente, el pecio nos habla del tráfico entre el norte de África y Europa y el comercio de metales preciosos. "Proporciona un contexto importante para la riqueza y arquitectura de los sharif saadíes, el comercio de oro africano y pruebas tangibles del floreciente comercio marítimo del siglo XVII que conectaba Marruecos, Países Bajos y Gran Bretaña", comenta Dave.

¿Cómo era su relación? Intensa. La Universidad de Bournemouth (BU) recuerda que entre el XVI y XVII los holandeses comerciaban de forma activa, intercambiando manufacturas por oro puro del África Occidental. De hecho parte los ducados berberiscos que importaban acaban fundiéndose para elaborar con su metal monedas de oro holandesas, con una amplia aceptación en la época. 

El Dom van Keulen ha regalado algo más a los arqueólogos marítimos: la oportunidad de examinar joyas marroquíes del XVI y XVII en un contexto fechable, una pista histórica que no suelen encontrarse con frecuencia.

Imágenes | Bournemouth University

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