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¿Te has parado a pensar alguna vez por qué haces fotos?

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Sólo un fotógrafo podría detenerse unos segundos para preguntarse cuáles son los motivos por los que captura esos momentos con su cámara. Bien podría pasar horas, o incluso días, debatiendo consigo mismo el por qué de sus razones; la pregunta no es sencilla. Y es que motivos para tomar una fotografía hay bastantes. Crecientes, a medida que la tecnología avanza con el tiempo.

Para registrar, para observar la belleza, para llamar la atención, para vender, para enseñar, para recordar. Cada fotógrafo ha tenido una razón, una motivación detrás de la toma de cada instantánea. Instantáneas que, por otro lado, vas a querer conservar siempre con el máximo detalle, con la mayor calidad posible —algo que, como veremos más adelante, puedes hacer gracias a Irista, la nueva aplicación de Canon—. Y tú, ¿te has planteado por qué hacemos fotografías?

Algunos motivos por los que fotografiar

Al principio, la fotografía fue una herramienta de registro casi infalible. Un modo de obtener pruebas documentales , por lo que se extendió rápidamente en prensa como fotografía periodística.

Tras ello, su abaratamiento convirtió la fotografía en una pieza de arte. Surgía la fotografía artística , la captación de la belleza de un determinado momento y lugar. Oleadas de artistas empezaron a capturar el encanto del mundo. Sin más objetivo que poder mostrárselo a los demás, o a sí mismos.

fotografía belleza

La fotografía fue ganando adeptos (y mercado). Llamar la atención sobre un hecho usando una imagen se convirtió en una herramienta poderosa (y rentable), y apareció la venta de fotografías para publicaciones o con las que ganar premios. El marketing basado en la fotografía está hoy a la orden del día: atraer gente, generar tráfico, colocar enlaces de afiliado y colocar embudos de venta son conceptos con los que nos vamos familiarizando.

Pero, por encima de cualquier otro motivo, hacemos fotos porque queremos conservar los momentos vividos. Conservar el rostro de nuestros seres queridos, las imágenes de aquellos lugares en los que disfrutamos o aquellos detalles que marcaron parte de nuestra vida. Queremos recordar. Pero hemos de ser francos: vemos, memorizamos y recordamos bastante mal.

No es que veamos muy bien

A los humanos se nos da fatal ver. Para empezar, si queremos percibir lo que está a nuestro alrededor, necesitamos un nivel de luz más que aceptable. De lo contrario, sólo podremos ver en blanco y negro.

Y para alcanzar ese nivel, varios millones de fotones han tenido que salir disparados desde una fuente de luz (véase el Sol), colisionar contra los objetos de nuestro alrededor, y luego salir rebotados contra nuestros ojos.

Una vez han chocado con las células tras la barrera del iris, las células de la parte posterior del ojo envía un fragmento de la información registrada por un canal rápido (el nervio óptico) al cerebro.

no vemos muy bien

Allí, varias áreas encargadas procesan la información —unas pocas en la corteza cerebral, otras tantas en el sistema límbico— analizan la cantidad de luz, el tono, color, difusión, y formas, así como varias decenas de parámetros más. Luego, fusionan esta información con otras tantas señales e impulsos procesados que vienen de otros sentidos.

Y, de un evento original —un suceso— almacenan parte de la información en el hipocampo. Se genera un recuerdo, que es la simplificación de algo que ocurrió y de lo que fuimos testigos. A estos eventos accedemos de nuevo mediante un mecanismo llamado recuperación de recuerdos, también generado —de aquella manera— por el hipocampo. Solemos llamar a este mecanismo recordar.

Pero tampoco es que recordemos demasiado bien

El cerebro humano es excepcional, vaya eso por delante de cualquier otro dato mencionado en adelante. La proeza realizada en los párrafos anteriores ha necesitado millones de años de evolución. Dicho esto, y para determinadas funciones, la materia gris puede quedarse relativamente corta.

Por ejemplo, no es una buena máquina para recordar eventos concretos con nitidez. A decir verdad, somos unos ineptos a la hora de recordar o, al menos, recordar de manera voluntaria.

¿Cuántas veces hemos activado un recuerdo de manera involuntaria cuando un estímulo, como un olor, ha llegado a los receptores olfativos? El bulbo olfatorio, una estructura algo atrofiada que tenemos en la parte delantera del cráneo, y responsable de procesar el olor, a veces envía cortocircuitos a los que llamamos memoria olfativa. Estos traen a la memoria eventos previos que almacenamos en su momento.

Olor memoria

¿Cuántas otras un atisbo de información se escurre entre los pliegues del córtex sin que podamos focalizarlo? ¿Cuántas veces has tratado —sin éxito— de recordar lo que desayunaste horas antes?

Lo tengo en la punta de la lengua, pero…

Pero poca excusa hay. Recordamos vagamente conceptos generales, pero traer a la memoria un dato preciso está, en no pocas ocasiones, fuera de nuestro alcance. A veces, durante el resto de la vida.

Mucho más si hablamos de recordar una imagen definida. Aunque es una habilidad que mejora con la práctica, no se nos da bien recordar salvo algunas pautas concretas. Y, cuando lo hacemos, editamos el recuerdo.

Un lugar donde guardar fielmente nuestros recuerdos

El cerebro tiene una capacidad ingente para procesar, registrar y recuperar información. Hay 160 billones de conexiones sinápticas, que no son pocas. Pero, dada su volatilidad, hay debates serios sobre si puede medirse en los mismos gigabytes que usamos a la hora de expresar datos digitales. En Irista, de Canon, la calidad de los recuerdos sí puede medirse, y viene expresada en píxeles por pulgada (ppp), alto y ancho.

En Irista podemos decir cuántas fotografías caben en nuestra nube de recuerdos, sin que ninguna de ellas pierda un ápice de caliad en el proceso de almacenado. Por ejemplo, en el plan Starter (que ofrece 15GB gratuitos más 50GB extra si usas, al registrarte, el código "xataka35ty7"), admite cerca de 1.000 fotografías de 12MP. Si usas la cámara del teléfono móvil o una compacta será un pack perfecto para empezar a almacenar recuerdos online.

Foto Irista Smartphone

Pero, a diferencia del cerebro, Irista es un espacio escalable donde podremos usar más capacidad en caso de necesitarla. Además, el sistema de etiquetado inteligente o autotagging ayuda a localizar esos recuerdos esquivos de los que nuestras neuronas sólo dan algunas pistas. También nos permite añadir fotografías desde Facebook, Google o Flickr.

Todavía no pueden medirse las sensaciones que genera el recuerdo debido a una fotografía. Pero, ¿por qué no guardar aquello que importa lo suficiente como para hacernos sentir?

¿Te imaginas una fotografía que cambiase cada vez que la miras?

A menos que seas una persona con una memoria autobiográfica catalogada como muy superior y que poseas la maldición de la hipertimesia, tus recuerdos son poco fiables. Incluso entonces, es posible que tu mente invente recuerdos perfectamente nítidos y te sea imposible saber cuáles de ellos viviste… y cuáles son fruto del error mental.

recuerdo alterado

Pero si tienes una mente normal, como la de la mayoría de los humanos, gran parte de tus recuerdos han sufrido dislocaciones. Al menos así las llama Donna Jo Bridge, doctora en Neurociencia por la Northwestern University. Los recuerdos impresos y almacenados en neuronas son altamente volátiles:

Un recuerdo no es simplemente una imagen generada durante el evento original. Puede que la imagen [a la que se accede] esté algo distorsionada debido a las veces que la recordaste desde entonces […]. El recuerdo de un evento puede variar con cada vez que lo traemos a la memoria. Hasta el punto de ser completamente falso.

El modo en que los humanos recordamos no es algo de lo que podamos sentirnos demasiado orgullosos en comparación, por ejemplo, con una cámara de última generación.

¿Sabes qué? Cada vez que recuerdas algo, el cerebro lo cambia un poco. Hasta que tus mejores y tus peores recuerdos son tus mayores engaños.

— Detective Joe Miller (personaje), 'The Expanse' 1x06

Un ejercicio divertido para comprobar lo poco fiables que son tus recuerdos es buscar a un amigo con el que hayas compartido un evento que creas tener vívido y sin alteraciones. La idea es redactar en un folio los detalles, y comparar después las diferencias. El resultado puede dejarnos algo fríos. Al menos, hasta que lo olvidemos, lo modifiquemos, o sobreescribamos impunemente esa información a medida que contemos la experiencia en el futuro.

Sin embargo, cuando uno sujeta una fotografía impresa, o la observa a través de una pantalla, puede estar 100% seguro de que mostrará la verdad de lo que ocurrió en el instante en que fue tomada.

Pero sí sabemos (ad)mirar una fotografía

Por fortuna para los humanos, las fotografías no cambian con el tiempo. Photoshop aparte. Quizá por eso tuvieron tanta aceptación en los rotativos del siglo XIX, y doscientos años después se han instaurado como una de las herramientas clave de Internet.

A los humanos nos encanta recordar, pero, ¿no sería mejor recordar el evento original en lugar de un recuerdo inventado?

memoria

Cuando miramos una fotografía de un evento vivido, nuestro hipocampo se activa de un modo similar a como lo hace cuando desempolvamos el recuerdo por nuestra cuenta. Sensaciones tales como la felicidad, la añoranza o la tristeza de aquel momento vuelven a desplegarse en nuestra memoria.

Con la diferencia, por supuesto, de que la fotografía permanecerá estática sin importar el número de veces que la observemos. Como un marcador inmóvil de lo que fue, y no de aquello a lo que nuestro cerebro nos dice que fue. Irista de Canon ayuda a fijar esos recuerdos usando la nube, para que siempre tengas acceso a ellos.

Imágenes | iStock/Vadven, Lucas Alexander, Marina Vitale, Danielle Marroquin, Canon Irista, iStock/Grufnar, iStock/Dragonimages

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