Hay quien propone hacer el mantenimiento del turbo de tu coche cada 10.000 kilómetros pero la realidad es más compleja

El turbo es una solución muy atractiva... hasta que se rompe

Isaac Mitchell Zwe8rpcoup8 Unsplash
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Alberto de la Torre

Editor - Xataka Movilidad
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Alberto de la Torre

Editor - Xataka Movilidad

"El 98% de los coches llevan turbo". Es la declaración de Miquel, mecánico, recogida por los compañeros Motorpasión para explicar por qué debemos tener cuidado con este componente.

Dice Homer Simpson que "la gente se inventa estadísticas con tal de demostrar algo y eso lo sabe el 14% de la gente". Pero más allá de que ese 98% sea una estimación más o menos precisa, lo cierto es que la inmensa mayoría de los coches que salen al mercado sí llevan turbo. 

Esto se debe a que los fabricantes se han visto obligados a reducir cilindrada y tamaño del motor para reducir emisiones contaminantes pero, al mismo tiempo, el turbo les da esa ayuda extra para mantener una potencia competitiva en el mercado. Además, nos hemos acostumbrado a conducir coches que tienen una gran pegada desde abajo (desde los motores diésel hasta los gasolina turbo... y los diésel con turbo), por lo que un coche atmosférico se puede sentir demasiado perezoso. 

Pero el turbo, que parece fantástico para ganar rápidamente potencia y llenar el motor a bajas vueltas también tiene su cara negativa. O, al menos, puede tener una cara negativa si no lo tratamos con cariño. 

Una avería muy cara 

El turbo, muy llanamente, lo que hace es que reaprovecha los gases de escape para comprimirlos y reintroducirlos en el cilindro. De esta manera se enriquecer la combustión que se produce en su interior por lo que obtiene más energía. 

La cuestión es que el sistema tiene, como decimos, dos turbinas. Una para recoger los gases y otra para enviarlos al cilindro aumentando la presión. Ambas trabajan a un ritmo altísimo y, por tanto, alcanzan temperaturas muy altas. Para evitar males mayores, los turbos están lubricados con aceite que ayudan a rebajar la temperatura y se renueva de forma constante. 

Evidentemente, cuanto más trabajo le reclamamos al motor, más trabaja el turbo y en más problemas le metemos. Por eso es importante vigilar la temperatura del aceite (aunque ya pocos coches mantienen datos concretos de monitorización del turbo) y que al coche no le falte éste. 

En el vídeo en el que habla el mecánico con el que comenzábamos el artículo se señalaba que el mantenimiento del turbo hay que hacerlo a los 10.000 kilómetros. La recomendación, ciertamente, no está del todo mal porque más vale pecar por exceso que por defecto en ese caso. Sin embargo, en Xataka recomendamos algo más sencillo: pasar el mantenimiento del turbo cuando toca, ni más ni menos. 

Ese "cuando toca" lo encontraremos en el libro de revisiones del coche. Es cierto que si utilizas el coche habitualmente en conducción deportiva no está de más acortar los tiempos de revisión para evitar problemas. Y es que, dependiendo de su complejidad, el turbo es una avería que fácilmente puede superar los 1.000 euros. Los hay más baratos y mucho más caros pero no suele ser una avería barata. 

Además, tan importante como tener los mantenimientos al día es poner en práctica algunos pequeños trucos. Si hemos hecho un viaje largo y, sobre todo, hemos circulado a alta velocidad, no está demás dejar el coche al ralentí unos minutos antes de apagarlo por completo. 

Y es que si llegamos a una estación de servicio después de recorrer muchos kilómetros a pleno rendimiento y paramos el motor de golpe, el calor del turbo se va a mantener pero el aceite no se va a renovar. Eso puede provocar degradación en el lubricante y facilitar que, con el paso del tiempo, las turbinas acaben rotas. 

Foto | Joseph Abongile Dludla

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