La próxima vez que te hablen de microplásticos dentro del cuerpo humano, arquea una ceja: hay serias dudas sobre la investigación que lo sostiene

La investigación en torno a la presencia de los microplásticos en el cuerpo humano da miedo. Además, como dice Damian Carrington, parece que está mal

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javier-jimenez

Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia
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Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia

Hasta 18 estudios que afirmaban la presencia de microplásticos en órganos humanos acaban de impugnados por posibles fallos técnicos y de control. Y, aunque llevamos años obsesionados con ellos, lo cierto es que no debería sorprendernos: lo sabemos casi desde el principio. 

Los estudios que sugerían su presencia en el tejido arterial o en los testículos llevan recibiendo críticas públicas desde el principio. Y el famoso estudio que hablaba de la presencia de microplásticos en el cerebro, era puro fraude científico.

Nada de esto invalida la preocupación ambiental, ni niega la exposición humana a este tipo de partículas. Sencillamente, señala que nos hemos pasado de frenada.

Y que hay mucha gente aprovechándose de ello.

¿Qué ha pasado exactamente? En lo que llevamos de década, la contaminación ambiental por microplásticos se ha ido convirtiendo en un tema central que no solo ha generado un boom de investigación, sino que ha impulsado normativas y regulaciones

Y es lógico, el uso global de plásticos (que alcanzó en 2019 las 460 megatoneladas) va camino de triplicarse para 2060 y esa perspectiva hace que su impacto sea un tema a tener muy en cuenta.

Sin embargo, el interés mediático está oscureciendo que un buen número de estudios se está lanzando a hacer afirmaciones sin una solidez metodológica detrás que los sostenga. 

¿Cuál es realmente el problema? En realidad hay muchos problemas. Para empezar, el mismo término 'microplásticos' es deliberadamente amplio y confuso: hablamos de una miriada de cosas (fragmentos, fibras, películas o partículas) de numerosos tamaños y composiciones. Su uso es útil para poder hablar globalmente del problema, sí; peor acba generando en la población la idea de "confeti de colores" colándose por los órganos de animales y plantas.

Luego vino todo lo demás.

Esto es posible porque ese "todo lo demás" tiene una explicación tan simple como preocupante. Como subrayaba Sergio Ferrer, "la detección de plásticos a estas escalas de tamaño es un proceso analítico sumamente complejo y la urgencia por publicar información sobre su presencia en lugares recónditos (incluso en el cuerpo humano) puede favorecer la aparición de estas publicaciones tan mediáticas".

O sea, el problema es otro. Como decía Hannah Arendt, a menudo no sabemos distinguir entre un refugio y una trampa. La preocupación (casi histérica) por los microplásticos, la tendencia a legislar en caliente respondiendo al ánimo social y el escaso rigor de los medios (problema en el que es inevitable que nos incluyamos) han convertido este tema en una trampa.

Porque, como digo, todo parece indicar que (aunque no tengamos una cucharadita de ellos en el cerebro) los microplásticos sí son un problema. Solo queda que asumamos el tipo de problema que son en realidad, que no sobreactuemos y que tomemos cartas en el asunto.

Imagen | Flyd

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