Jonathan es una tortuga, tiene 194 años y acabamos de descubrir por qué su ADN envejece tan lentamente

En España la ciencia analizó el genoma de una mujer centenaria que tenía mucho en común con Jonathan

Tortuga
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José A. Lizana

Editor

El secreto de la longevidad extrema siempre ha sido un tema que ha fascinado a la ciencia, pero para saber cómo se puede vivir más de 200 años, a veces no hay que mirar a los humanos, sino a un apacible reptil que lleva caminando por este planeta desde antes que se inventara la bombilla, como es Jonathan. Esta es una tortuga gigante que, a sus 194 años, ostenta el récord de ser el animal terrestre más longevo del mundo. 

Su razón. Aguantar durante todos los años hace que la gente busque el porqué. Y aquí la ciencia ha decidido asomarse al interior de sus células gracias a un equipo internacional que ha secuenciado su genoma y su metiloma para entender la razón por la que Jonathan no envejece como el resto de animales. 

Un simple frotis. Para entender un poco mejor a Jonathan, no hizo falta someterle a dolorosas pruebas, sino que solo bastó con raspar la mucosa bucal del animal. A partir de esta muestra, un equipo internacional comparó su ADN con el de otras tortugas gigantes de Aldabra mucho más jóvenes. 

El resultado. Lo que encontraron en el código genético fue un arsenal biológico muy importante, puesto que se pudieron identificar hasta 287 genes con variantes exclusivas de Jonathan. Pero lo interesante es que muchas de estas variantes están íntimamente ligadas a la supresión de tumores y a la reparación del ADN.  

Aunque no se queda aquí, ya que Jonathan posee copias extra de un gen encargado de codificar una proteína que "limpia" el organismo eliminando las células senescentes, que son las famosas "células zombi" que causan el envejecimiento y algunos cánceres. 

No hay envejecimiento. Sin embargo, tener buenos genes no es toda la historia, puesto que la clave también está en cómo se expresan en el organismo. Aquí el metiloma nos da muchos datos, puesto que nos indica cómo están activados o desactivados estos genes, y los investigadores vieron que, en general, su epigenoma mostraba signos de desgaste coherentes con un anciano de 200 años. 

Pero había una excepción que nos ha dado una clave dentro del envejecimiento, y es que los interruptores genéticos asociados a sus mitocondrias se conservaban intactos, como los de una tortuga joven. 

Las mitocondrias son las fábricas de energía de las células y el estudio revela que las regiones de baja entropía en el ADN de Jonathan están fuertemente enriquecidas en promotores de genes vinculados a la cadena de transporte de electrones mitocondrial y al metabolismo del ARN. A partir de esto, los autores proponen que la extrema longevidad de Jonathan podría sustentarse en una eficiencia mitocondrial inusual, puesto que si su motor celular "no pierde fuelle", entonces las funciones vitales están casi intactas. 

No es caso aislado. Aunque todo esto parece impactante, la realidad es que hay precedentes en la historia, como en España. En nuestro entorno, en 2019, un equipo de la Universidad de Oviedo secuenció el genoma de otra tortuga llamada Solitario George. Aquí ya se encontraron variantes en genes de reparación del ADN y la inflamación, que Jonathan viene a confirmar. 

Hay relación entre las tortugas y los humanos, y un ejemplo puede ser el de Maria Branyas, que falleció a los 117 años y cuyo genoma fue analizado por el Instituto Josep Carreras. Y aquí se vio algo similar, puesto que se encontró un epigenoma más joven de lo normal, baja inflamación y un microbioma envidiable, haciendo que tengamos ahora mismo encima de la mesa un puzle del envejecimiento. 

Imágenes | Itai Perelman Nasich 

Vía | El País

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