Hay personas a nuestro alrededor que tienen un tono de voz extremadamente alto cuando están hablando en persona o a través del teléfono, hasta el punto de que podemos llegar a pensar que están muy enfadados. Pero en realidad estas personas no son agresivas, sino que expresan sus emociones de una forma bastante diferente.
Lo han analizado. La base científica que existe para analizar el tono que se usa a la hora de hablar apunta a que la intensidad de nuestra voz refleja nuestro estado emocional del momento, lo que se conoce en psicología como 'activación' o 'arousal'.
El estudio de referencia en este campo fue publicado en 1996, donde se analizaron acústicamente 224 interpretaciones de 14 emociones distintas, confirmando que los parámetros vocales revelan el grado de intensidad típico de una emoción. Años más tarde, en 2003, un nuevo análisis apuntó también a que hay patrones acústicos específicos para las emociones. Con todo esto sacamos como conclusión que cuando el sistema nervioso se acelera, el volumen sube.
Gritamos de euforia. El volumen alto se asocia casi instintivamente con el enfado, pero la ciencia nos dice que no es exclusivo de las emociones negativas de nuestro día a día. Aquí los investigadores apuntan a que la intensidad media y la velocidad del habla varían con la activación emocional, sin importar si esa emoción es buena o mala.
De esta manera, la desesperación eleva la voz, pero la euforia y la alegría intensa también lo hacen. Es por ello que una persona no es agresiva cuando está contando a gritos que ha conseguido un trabajo nuevo, sino que su nivel de activación está por las nubes.
Dos conceptos diferentes. Aunque para cualquier persona los términos 'ira' y 'agresión' sean prácticamente idénticos, la realidad es que son diferentes. Aquí nos podemos ir a la Asociación Americana de Psicología, que apunta a que la ira es una emoción marcada por la tensión y la hostilidad, que se manifiesta a través de conductas inofensivas como insultar o elevar la voz.
Por el contrario, la agresión se define estrictamente como una conducta observable con la intención de dañar a otra persona o cosa. De esta manera, alguien puede estar muy enfadado y gritar de ira sin tener la más mínima intención de agredir a nadie.
La personalidad. Algo que sí se ha visto es que los que hablan fuerte por defecto son los extrovertidos. Y es que un estudio de 1978 se dedicó a analizar cómo diferentes sujetos deducían la personalidad a través de la voz y el único rasgo que la gente adivinaba correctamente basándose en el volumen, la energía y el rango dinámico era la extraversión. Así que esta es una razón más para entender a aquellas personas que entran a cualquier sitio hablando muy fuerte.
Lo innato. A la hora de analizar por qué la gente grita, hay que tener en cuenta también el entorno donde se encuentra ese sujeto, y aquí es donde llega el efecto Lombard, que fue descrito hace más de un siglo. Este no es más que un reflejo involuntario presente en humanos y otros animales, por el cual aumentamos la intensidad, el tono y la frecuencia de nuestra voz en entornos ruidosos para poder ser escuchados.
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