Hace medio siglo la NASA alimentó cucarachas con polvo lunar. Ahora puedes pujar por ellas

Hace medio siglo la NASA alimentó cucarachas con polvo lunar. Ahora puedes pujar por ellas
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En la crónica espacial las subastas de aparataje y objetos que han traído los astronautas consigo bien merece un capítulo propio. Material hay para aburrir, incluidos robos, lotes malvendidos, batallas judiciales y ventas millonarias dignas de la mejor novela negra. Pocas pujas hay sin embargo tan delirantes como la que acaba de lanzar la firma RR Auction. El motivo: una de las piezas estrella de su lote son tres cucarachas alimentadas con polvo lunar recolectado durante la misión Apolo 11.

Suena estrafalario, y lo mes; pero hay quien ya ha tirado de chequera para conseguir el peculiar recuerdo espacial. La subasta se abrió hace tres días y ha recibido ya dos ofertas que elevan la puja a 11.000 dólares. Quien quiera superarlas tendrá que poner 12.100 dólares sobre la mesa.

Si estás interesado tienes aún casi un mes por delante para llamar al banco: el proceso se mantendrá abierto hasta el 23 de junio. Eso sí, RR Auction confía en que el importe final acabe multiplicándose hasta sumar algún dígito más. Visto lo que se ha pagado no hace tanto por otras muestras microscópicas de regolito extraterrestre, la compañía estadounidense cree —precisa Collect Space— que su muestra podrá alcanzar perfectamente los 400.000 dólares.

Polvo extraterrestre digerido

Ioo

Además de las tres cucarachas Blattella germanica, el lote incorpora un vial con el polvo digerido extraído de los insectos y dos estuches con portaobjetos de vidrio para microscopio que incluyen muestras histológicas, además de varios recuerdos vinculados a su investigación y el Apollo 11.

La pregunta del millón a estas alturas, claro está, es: ¿De dónde han salido esas cucarachas alimentadas con polvo lunar? Para responder hace falta remontarse a finales de la década de 1960 y recordar una de las grandes preocupaciones que por entonces tenía la NASA, casi tan peculiar como la subasta de RR Auction, pero completamente comprensible si tenemos en cuenta el contexto: que los astronautas del Apolo 11 regresaran a nuestro planeta de su misión pionera en la Luna con microorganismos desconocidos que pudiesen comprometer la vida en la Tierra.

La mayoría de los científicos estaban seguros de que en nuestro satélite no había vida y que el riesgo de que la tripulación volviese a casa con gérmenes —“bichos lunares”, como llegó a apodarlos con ironía el mismísimo Buzz Aldrin— era remoto; pero dado que era la primera vez que un grupo de humanos estaba en contacto directo con otra superficie del espacio toda preocupación era poca.

Resultado: las autoridades de la NASA decidieron aplicar un riguroso protocolo de seguridad. Los tripulantes de Apollo 11 se sometieron a pruebas y una cuarentena de tres semanas y parte de los 22 kilos de roca lunar que habían traído consigo se dedicó a test para comprobar si era peligrosa.

La agencia espacial decidió utilizar en concreto el 10% de esas muestras para salir de dudas y demostrar que no suponía más riesgo que el polvo acumulado sobre cualquier mueble sin limpiar. Parte de ese regolito se entregó a científicos que lo expusieron a organismos microscópicos, peces… e insectos, bichos a los que se alimentó con una combinación de comida y partículas selénicas. La idea era comprobar cómo reaccionaban, si enfermaban o mostraban alguna anomalía.

No ocurrió nada.

Op

Una vez completados los primeros experimentos y para zanjar el asunto, la NASA pidió a la doctora Marion Brooks, entomóloga de la Universidad de St. Paul, que estudiara a fondo las cucarachas que se habían cebado con las motas extraterrestres. Su tarea consistió en preparar cortes histológicos, presentarlos en portaobjetos y buscar cualquier signo que hiciese saltar las alarmas.

La conclusión fue la misma: el regolito estaba allí, dentro de las cucarachas; pero no se apreciaba efecto adverso alguno en sus células. El polvo empleado en el experimento se daba por perdido, así que Brooks conservó todo el material, incluidos los insectos que aún estaban íntegros y el regolito reconvertido en quimo. Los preservó en su propia casa, donde estuvo años, hasta su muerte, en 2007. Tiempo después aquella peculiar herencia se vendió en una subasta por 10.000 dólares.

Ahora vuelve a estar disponible para los apasionados de la historia espacial.

Imágenes | RR Auction

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