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La guía definitiva para practicar sexo en el espacio
Espacio

La guía definitiva para practicar sexo en el espacio

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Desde 1961, unas 600 personas han viajado al espacio. Las agencias espaciales gastan una gran cantidad de dinero en divulgar su trabajo, pero aun así hay un tema que ha permanecido preocupantemente desatendido: el sexo espacial. Pese a que el interés que siempre despierta este asunto, todavía no lo habíamos tratado nunca en profundidad. Un olvido imperdonable.

Reconozco que esta no es la guía más útil y práctica que hemos publicado en Xataka, pero, oye, si Musk lleva razón y nos convertimos en una especie interplanetaria, más vale estar preparados. La educación sexual nunca está de más.

¿Se ha practicado sexo en el espacio?

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Oficialmente no, pero hay rumores. El primero tiene como protagonistas a los cosmonautas rusos Valery Polyakov y Yelena Kondakova y, como escenario, la estación espacial MIR. Los diarios de Polyakov ya habían dejado constancia en 1992 de que era un tema sobre el que había pensando y la coincidencia con Kondanova dio mucho que hablar. Tanto los protagonistas como las autoridades rusas lo han negado en repetidas ocasiones, pero el morbo de la historia (que conllevaría la primera infidelidad espacial porque Kondakova está casada con otro cosmonauta, Valeri Ryumin) mantiene viva la historia.

El segundo rumor se centra en los norteamericanos Jan Davis y Mark Lee, el primer matrimonio en viajar juntos al espacio también ocurrió en los años 90. Aunque los informes explican que cubrían turnos de doce horas incompatibles (la NASA no era muy partidaria de mandar matrimonios al espacio), el hecho de negarse a comentar detalles ha sido el detonante estrella del rumor.

Si nos alejamos un poco del acto sexual en sí, el historiador espacial Peter Pasavento ha comentado en varias ocasiones el consumo de pornografía, los flirteos espaciales o el uso de muñecas hinchables y otros tipos de material sexual.

No obstante, el único encuentro sexual reconocido en el espacio por las agencias tuvo lugar en 1994 y los protagonistas fueron cuatro peces-arroz japoneses.

Las investigaciones sexuales de la NASA

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En el año 2000, Pierre Kohler, un conocido periodista científico francés, publicó un libro en el que contaba que la NASA había puesto en marcha un proyecto para estudiar cómo sería tener sexo en el espacio. Tres años antes, Harry Stine, un antiguo consultor de la agencia espacial americana, había explicado que ya se habían hecho pruebas de esto en las piscinas de entrenamiento de la NASA, así que sonaba plausible.

Según contaba Kohler, los ingenieros de la NASA habían estudiado todas las posibles posturas sexuales y, gracias a varias simulaciones, habían seleccionado veinte posiciones. De todas ellas, solo cuatro eran viables en el espacio sin algún tipo de apoyo mecánico. El misionero no era una de ellas.

No era de extrañar que en un país tan puritano para la política como EEUU, el informa del proyecto STS-XX se mantuviera en secreto, pensaba Kohler. Solo imaginar el escándalo que se armaría si se hicieran públicas las grabaciones ya justificaba el secretismo. Pero, en realidad, fue uno de los primeros hoax de Internet. Alguien elaboró el informe y se lo pasó a Kohler que, desconocedor de las tardes de gloria que no darían las 'nuevas tecnologías, se lo tragó entero. Poco importó este patinazo histórico. Impulsado por un artículo de Jon Henley en The Guardian, la historia de Kohler se hizo muy popular. Pero, lamentablemente, no tenemos investigación real y de primera mano.

Consejos para practicar sexo en el espacio

Como vemos, el interés por el tema es algo recurrente. En noviembre el mismo Neil deGrasse Tyson (uno de los astrofísicos más conocidos del momento) comentaba en un vídeo muy popular, los problemas 'logísticos' de practicar sexo en el espacio.

Y, frente a la calculada indiferencia de las agencias espaciales, hay muchísimos textos con detalles y consejos para culminar con éxito una relación sexual espacial. Aquí os contamos lo básico que hay que saber por si, no sé, os veis en un "aprieto" de este tipo.

Agárrate como puedas

No sé si es verdad eso que dicen de que el amor puede con todo, pero sin lugar a dudas uno de sus mayores enemigos es la gravedad. Al menos ahora mismo que no existen desarrollos tecnológicos diseñados para crear gravedad artificial.

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Así que, bueno, para garantizar el contacto físico seguro y evitar que por la tercera ley de Newton aquello parezca una partida de Pong, se necesitan cuerdas, arneses o algún tipo de amarres. Iba a escribir que, en el futuro, seguro que se diseñarían dispositivos para facilitar este tipo de actividades, pero la realidad siempre supera a la ficción y la escritora Vanna Bonta ya diseñó un traje (el 2suit) que permitiría, con ayuda de un número indeterminado de tiras de velcro, 'intimar' en condiciones de microgravedad.

Hay una opción alternativa para aquellos que sientan que el 2suit no es para ellos. Harry Stine en el libro del que hemos hablado antes, plantea que sin lugar a dudas el sexo espacial "es complejo, pero posible" sobre todo si "una tercera persona ayuda sujetando a cada uno en su sitio". En el espacio, los tríos adquieren un nuevo significado.

No te vengas abajo

La microgravedad tiene otro gran problema. Nuestro sistema circulatorio está diseñado para redistribuir los fluidos en un medio de gravedad estándar. Sin esos problemas, la distribución es más fácil, el corazón tiene menos sangre que bombear y la presión sanguínea disminuye. Esto tiene como consecuencia directa que las erecciones se vuelven algo más difíciles de conseguir.

En este sentido la NASA no tiene ningún documento oficial que trate tampoco la masturbación en órbita. Pero la inmensa mayoría de los expertos coincide en que es un tema a la orden del día. Como curiosidad, Mary Roach contaba la anécdota de un cosmonauta ruso al que preguntaron cómo hacían el amor en el espacio. "A mano" fue toda su respuesta. Es decir, las erecciones pueden ser un problema, pero tienen solución.

Prepárate para sudar

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La última gran particularidad de la microgravedad es la humedad. En general, el sexo (como cualquier otra actividad física intensa) es húmedo porque el cuerpo tiende a sudar. En la Tierra, esto no es un gran problema, el sudor tiende a resbalar guiado por la fuerza de la gravedad. En el espacio... es más complicado.

Como explica Mike Hopkins, “el sudor se te pega. Se apelmaza en los brazos y la cabeza. Se puede acumular y hasta entrar en los ojos. Si estás corriendo, se proyecta contra las paredes y el techo por lo que hay que ir limpiando toda la habitación. Así que lo mejor es ir secándote para tenerlo bajo control”. Pasa igual con las lágrimas y cualquier otro tipo de líquidos.

No intentes grandes proezas

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Una vez que superamos los problemas de la microgravedad, la tentación es aprovecharlo a nuestro favor. Pero, como explica Vanna Bonta (que se ha revelado como una de las expertas de referencia en el asunto) no estamos preparados para ese tipo de acrobacias y el resultado más probable es que nos acabemos mareando. Su consejo es claro: "mantenlo simple".

Practica sexo seguro

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Y por último, no hay que olvidarse de que, por lo que sabemos, el espacio no impide ni las enfermedades de transmisión sexual, ni dificulta la fecundación. Hace unos meses, un equipo chino diseñó un experimento en el que mostraba que los gametos de los mamíferos podían fecundarse y (comenzar a) desarrollarse en condiciones de microgravedad. No se ha profundizado mucho en esta investigación, pero sin duda es algo a tener en cuenta.

Qué difícil es hacer el amor en un Apolo XIII

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No hace falta que nos convirtamos en una especie interplanetaria para ver como este tipo de temas se volverán más importantes. Al fin y al cabo, la nueva carrera espacial va a hacer que una parte cada vez mayor de la humanidad viva sus vidas en el espacio. Y el sexo es una parte importante de esas vidas.

Por suerte, como dice Ilana Gordon, en realidad, el sexo en el espacio no es tan distinto del sexo en la Tierra. Sólo necesitará "más planificación, una coreografía bien estudiada y muchas, muchas toallas".

Imágenes | NASA, ESA y CAS

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