OpenAI ha cerrado Sora. Su IA generativa de vídeo que ha mostrado con orgullo en numerosas ocasiones y que le valió un jugoso acuerdo de 1.000 millones de dólares con Disney ya no existe. La noticia cayó como una bomba hace unas horas seguida de la retirada de esa milmillonaria inversión de Disney. Aunque hay quien apunta que OpenAI está en problemas, esos problemas no son tanto económicos como de falta de rumbo, y cerrar Sora parece sólo un paso atrás dentro de la carrera de fondo de OpenAI y la IA.
Salir a bolsa este año y empezar a cosechar después de todo lo plantado.
En corto. Es la noticia del día. Menos de año y medio después de lanzarla, OpenAI dice adiós a Sora. En su día (febrero de 2024, cómo pasa el tiempo) nos asombró lo que esta IA generativa podía hacer. Eran apenas 60 segundos de vídeo y tenía unos fallos enormes, pero era un paso más en la carrera de la inteligencia artificial que posicionaba a OpenAI al frente de la industria. Luego fueron llegando otros modelos de la competencia, culminando con un Seedance 2.0 que se ha bebido Internet enterito para plagiar absolutamente cualquier cosa. Como todas las demás, vaya.
Problemas. Pero aunque llamativa, Sora era una herramienta que no parecía cuadrar. Mientras otros servicios han integrado sus modelos de IA generativa dentro de un ecosistema o aplicaciones (la mencionada Seedance 2.0 en suites de IA o en el editor de vídeo CapCut, por ejemplo), Sora estaba ahí, apartada. Valió el mencionado contrato con Disney, pero no parecía ser parte de algo mayor, de una “suite creativa” (si es que a la IA generativa se la puede catalogar como tal). Simplemente, existía, y lo peor es que otras le estaban adelantando por la derecha.
Huevos en muchas cestas. Era, en resumen, un producto más de una OpenAI que tenía huevos en muchas cestas. Estaba alcanzando cifras de vértigo en diferentes rondas de financiación, montando centros de datos, comprando mucho a NVIDIA (dependiendo mucho de NVIDIA, también) y lanzando productos a lo loco. OpenAI ha querido tocar todas las teclas:
- Sora para generar vídeo.
- El generador de imágenes.
- ChatGPT como chatbot.
- Codex para programar.
- Un navegador web.
- Herramientas de inicio de sesión en otras apps.
- Crear sus propios chips junto a Broadcom.
Y hay algún que otro producto más, así como una superapp para integrar todo eso que no se estaba integrando en otros sitios. La filosofía era sencilla: si estamos en todo, algo funcionará, pero el resultado ha sido el contrario y, como contaba mi compañero Javier Pastor hace unos días, querer ser la novia en la boda y el muerto en el entierro está teniendo consecuencias.
La competencia aprieta. Mientras OpenAI diversificaba y destinaba recursos a tocar todos los palos, Anthropic (que no es sólo un rival, es un enemigo público) se dedicaba a dos cosas. Ya no es que Anthropic no tenga un navegador o un generador de vídeo: es que no tienen ni un generador de imágenes. A cambio, lo que sí tienen son modelos funcionales, precisos y que hacen las cosas muy bien, sobre todo en el campo del desarrollo amateur con el vibe coding.
Centrarse en una cosa y hacerla muy bien es algo en lo que el mercado está viendo un valor, hasta el punto de que Anthropic está captando mucho dinero en diferentes rondas de financiación recientes. En poco tiempo, ha pasado de estar valorada en 183.000 millones a llegar hasta los 380.000 millones, y eso que ha tenido todo el jaleo con el gobierno de Estados Unidos y la pérdida del contrato con el Departamento de Defensa.
El dinero, también. Y es que el dinero lo mueve todo, y mientras ChatGPT arrasa en el segmento de consumo con más de 2.500 millones de consultas diarias, hay que preguntarse cuántos son los usuarios que pagan. Donde de verdad está el dinero, que es en el uso empresarial, Anthropic controla el mercado con el 32% frente al 25% de OpenAI. Y en programación, la distancia es sideral: 42% frente al 21%.
De hecho, OpenAI ha visto cómo su cuota empresarial ha caído del 50% en 2023 a apenas el 25% en la actualidad. Como decimos, es ahí donde está el mayor potencial de crecimiento y rendimiento comercial, y OpenAI se está dando cuenta de que estar centrada en tantos campos ha hecho que se distrajeran. O lo que es lo mismo: han abarcado más de lo que podían morder.
Empresa pública. El cierre de Sora responde a multitud de factores, pero de fondo hay algo más importante. NVIDIA ya ha dicho que las mega-rondas millonarias se acabaron, y lo ha hecho justo antes de la esperada salida a bolsa tanto de OpenAI como de Anthropic. Cuando ambas salgan al mercado de valores, tendrán que enfrentarse a otro modelo de financiación. Necesitarán productos que generen unos beneficios para atraer inversores que compren acciones, y ahora mismo, la que mejor posicionada está es Anthropic.
OpenAI tiene mucho, pero nada lo hace redondo. Anthropic tiene menos, pero muy eficiente, y desprenderse de Sora parece un movimiento de soltar lastre antes de convertirse en una empresa “pública” (en el concepto estadounidense). Tienen que centrar el tiro, centrar sus equipos (algo que ellos mismos han reconocido) y dejar de querer ser demasiado a la vez sin tener una estrategia clara.
Porque se están convirtiendo en un ejemplo más de que ser un pionero no siempre implica que seas el mejor y que, si no te pones las pilas, los competidores que tengan una hoja de ruta más clara te comen la tostada. Sólo el tiempo dirá si funciona la estrategia, pero al ritmo que va todo, no tardaremos demasiado en averiguarlo.
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