Hemos encontrado un nuevo aliado contra las inundaciones y el aumento del nivel del mar: las ostras

Hemos encontrado un nuevo aliado contra las inundaciones y el aumento del nivel del mar: las ostras
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Nueva York ha dado con una forma peculiar —y bastante sabrosa— de mejorar la salud de sus costas y, sobre todo, protegerse de grandes tormentas: comer ostras. Sí, un buen plato de bivalvos con unas gotas de limón y quizás un poco de salsa Mignonette. Sobre la mesa son un manjar; pero, una vez vaciadas, sus conchas pueden reutilizarse para reforzar los malecones y evitar que las olas azoten la ciudad. No es tan disparatado como parece. En EEUU ya han usado ostras para un fin parecido en Luisiana y en la Gran Manzana están recogiéndolas con ayuda de los hosteleros.

Con el recuerdo aún vivo de Sandy, el huracán que azotó la ciudad en 2012 y dejó a su paso un reguero de fallecidos y pérdidas millonarias, las autoridades de la Gran Manzana decidieron hace años buscar formas de reforzar su frente marítimo. Una de las iniciativas que se puso sobre la mesa es Living Breakwaters, que quiere desplegar un sistema de "rompeolas vivos" frente a la costa sur de Staten Island. A diferencia de los diques convencionales, el diseño incorpora una escollera, que esperan tener lista en 2024, y un vivero de ostras, que le seguirá entre 2023 y 2025.

Un aliado contra el azote de las olas

El objetivo es que los bivalvos refuercen la estructura y la hagan aún más resistentes al empuje de las olas. Para conseguirlo están recogiendo conchas en los restaurantes y preparándolas para que ayuden en la cría de nuevas larvas. En esa tarea se ha volcado Billion Oyster Project, fundado en 2014 y que quiere favorecer la biodiversidad en una de las costas más dinámicas de EEUU.

Living Breakwaters, en realidad, no busca otra cosa que deshacer parte del daño causado por el propio hombre. Tottenville, por ejemplo, situada en el extremo sur de Staten Island y que sufrió en 2012 algunas de las olas más destructivas que azotaron la región, disfrutaba en origen del amparo natural de los arrecifes de ostras. La sobreexplotación, la contaminación, la acumulación de sedimentos y el dragado de los canales acabó sin embargo borrando su efecto.

"En la actualidad, la bahía de Raritan no solo carece de ostras, sino del complejo hábitat que proporcionaban sus arrecifes y de la riqueza de especies y biodiversidad que sustentaban. Sin estos sistemas naturales, la costa de Staten Island sigue expuesta a la acción de las olas y la erosión costera y carece de este rico recurso medioambiental", apuntan sus responsables. Además de actuar como parapeto frente a las olas, el programa —aseguran— ayudará a frenar la erosión de la costa e incrementar la biodiversidad y riqueza de los hábitats marinos del puerto de Nueva York.

Living Breakwaters Graphic
El "rompeolas viviente" proyectado en Nueva York.

El proyecto no se puso en marcha solo por Sandy. Como reconocen sus responsables, la convocatoria lanzada por las autoridades de EEUU tiene la vista puesta en los efectos del cambio climático. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ya ha advertido sobre los riesgos que afrontan las regiones costeras en el siglo XIX ante el aumento del nivel del mar y los expertos vaticinan también un aumento de los episodios meteorológicos extremos. Otro factor clave es la propia degradación de la costa. En algunos puntos de Staten Island la erosión avanza a tres pies anuales —cerca de un metro—, lo que hace que el área sea cada vez más vulnerable.

¿Cómo plantean actuar en Nueva York? Los planes de Living Breakwaters pasan por construir un sistema de unos 730 metros lineales de rompeolas y montículos semisumergidos a entre 240 y 550 metros de la costa. A mayores, contempla reponer arena en las zonas más expuestas a la erosión e instalar un vivero de ostras flotante gracias al trabajo de Billion Oyster. "Las técnicas pueden incluir la colocación de crías de ostras en algunas de las unidades de hormigón ecológicamente mejoradas, la instalación de gaviones de conchas de ostras (unidades no estructurales), la colocación de crías sobre conchas en las calles del arrecife y la instalación de pilotos in situ", precisan.

El problema no es exclusivo de la costa neoyorquina. Tampoco la solución por la que se han decantado en Staten Island. Sin ir más lejos, en Luisiana han echado mano de bivalvos para frenar la erosión de sus marismas, de un importante valor ecológico y económico y que actúan también como barrera natural contra las marejadas e inundaciones. En otros puntos del país, como Texas, la Bahía de Chesapeke o San Francisco, se han activado igualmente programas de reciclaje de conchas. Más allá de Estados Unidos se localizan casos en Australia o Bangladesh, donde se aprovechan con un objetivo muy similar: salvaguardar la isla de Kutubdia frente al rápido crecimiento del mar.

El reto es de escala global. Al margen de que podamos enfrentarnos con más frecuencia a tormentas de gran impacto como Sandy, los expertos alertan ya de que desde finales del siglo XIX el nivel del mar ha aumentado 20 centímetros y a finales del XXI podría subir aún más de un metro.

Imagen André-Pierre du Plessis (Flickr)

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