La generación que pagaba para no ver anuncios ha cambiado de opinión. Y Netflix ha sido el principal beneficiado

Netflix ha convertido su plan con anuncios en el más popular de la plataforma: 250 millones de usuarios y publicidad ultrapersonalizada que se aprende a ver

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Javier Lacort

Editor Senior - Tech
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Javier Lacort

Editor Senior - Tech

El plan con publicidad de Netflix ya llega a 250 millones de personas al mes, el doble que hace un año. Lo que empezó como una apuesta defensiva para retener suscriptores que se daban de baja se ha convertido en el modelo que define hacia dónde va el streaming.

Por qué es importante. La barrera psicológica contra los anuncios no la ha roto ninguna campaña de imagen ni ningún rebranding. La ha roto el precio.

  • El plan con publicidad cuesta 8,99 euros al mes.
  • El estándar sin anuncios, 14,99.
  • Esa diferencia de seis euros al mes, o su equivalente en distintas regiones, es la que ha convencido a 250 millones de personas de aceptar interrupciones publicitarias en el servicio por el que antes pagaban precisamente para no tenerlas.

Netflix no ha cambiado la actitud de sus usuarios hacia los anuncios. Solo ha puesto un número delante.

El contexto. Netflix lanzó este plan en noviembre de 2022 como una especie de concesión. La empresa había perdido suscriptores ese año por primera vez en una década y necesitaba una opción más barata para los usuarios que amenazaban con marcharse. La hipótesis era retener clientes en el margen.

Tres años después, ese plan de segunda fila se ha convertido en el motor de crecimiento de la empresa.

Entre líneas. El movimiento real no son los 250 millones de usuarios. Son los anuncios que esos usuarios van a ver.

  • Netflix ha anunciado que está probando una herramienta de personalización que ajusta los anuncios según los hábitos de visualización de cada cuenta.
  • Quien vea muchas series de crímenes verá anuncios distintos a quien  engulla comedias románticas.
  • Cuando ese sistema madure, Netflix no venderá un espacio publicitario genérico sino una atención cualificada a audiencias segmentadas con un nivel de precisión que la tele clásica no puede ofrecer.

A los anunciantes les interesa mucho más llegar a un millón de personas que probablemente compren su producto que a diez millones a las que les importa poco.

Nueva fase. Netflix tiene previsto extender los anuncios a su feed de vídeo vertical para móvil, el que acaba de estrenar, y también a los podcasts que incorporó a la plataforma el año pasado.

La empresa amplía además el plan con publicidad a 15 países nuevos, entre ellos Países Bajos, Polonia, Suecia, Suiza e Indonesia. El negocio publicitario de Netflix no es ya ningún experimento sino una línea de ingresos con ambición propia.

Sí, pero. Hace unos días, un fiscal estadounidense presentó una demanda contra Netflix alegando que ha engañado a los suscriptores sobre qué datos recopila para servir publicidad.

Si prospera, o si otros estados siguen el mismo camino, Netflix podría sufrir restricciones que afectan directamente a la herramienta que le permite vender esa publicidad personalizada. El activo más valioso del nuevo Netflix son los datos de comportamiento de 250 millones de espectadores. Y ese activo tiene ahora un pleito encima.

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