Stellantis tiene claro que el precio a pagar por el coche eléctrico es cerrar plantas. También en España

Stellantis tiene claro que el precio a pagar por el coche eléctrico es cerrar plantas. También en España
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Con cada gran cambio o punto de inflexión en la industria, nuevos empleos se crean pero, por una u otra cuestión, miles de empleo también se destruyen. Es de lo que ya alertan desde Stellantis, que avisa de que habrá que tomar medidas en una industria que mira recelosa la llegada del coche eléctrico.

Tres millones de coches. Es la cifra de vehículos que ha dejado de producir Europa desde que el Covid-19 llegara a nuestras vidas. En 2019, Europa ensambló 13 millones de vehículos. Tres años después, estas cifras se han reducido hasta 9,7 millones de automóviles. Una cifra inasumible, según Stellantis.

“Una planta europea hace entre 200.000 y 300.000 coches al año de media, así que es fácil de calcular. Si dividimos este número entre los tres millones de vehículos menos que se ensamblan hoy respecto al nivel precovid, nos da como resultado la cantidad de fábricas que sobran en Europa, es muy sencillo”. Estas han sido las palabras de Carlos Tavares, CEO de Stellantis, a una pregunta de Cinco Días.

En riesgo. Haciendo unas cuentas muy sencillas, en Europa sobran, al menos, 11 fábricas.Lo cierto es que no es la primera vez que los trabajadores de la industria de la automoción están en el punto de mira. En España ya sabemos que fabricar coches eléctricos será sinónimo de reducciones de jornada y de despidos. Es algo a lo que se han ido enfrentando en los últimos meses plantas de Ford, Seat o Renault. Figueruelas en Zaragoza, bajo el mando de Stellantis, tampoco respira tranquilla. En Vigo y Madrid, al menos, la inclusión en los PERTE les da cierto aire.

Lo cierto es que construir un coche eléctrico es más sencillo y necesita menos componentes que un vehículo de combustión. Parte de los trabajos deberían trasladarse al desarrollo de software y gestión eléctrica, pero la fabricación de componentes se resentirá duramente. La Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (AEDIVE) asegura que hasta 29.000 empleados de la industria del automóvil perderán su trabajo en España hasta 2030. Y calculan que las 1.000 proveedoras de automoción pertenecientes a 720 grupos empresariales que están instaladas en nuestro país también tendrán que reconvertir sus productos.

Menos demanda. Carlos Tavares es conocido por sus duras críticas a los políticos europeos y sus movimientos en materia de movilidad. Según sus palabras, "el mercado se está reduciendo porque hay demasiada incertidumbre, demasiado caos regulatorio, recesión económica (...) El problema es el tamaño del mercado, que viene del hecho de que los gobiernos aceptan que el mercado europeo siga reduciéndose". Y concluía asegurando a Cinco Días: "(Los políticos de la UE) intentan matar la libertad de movilidad que da el automóvil".

Lo cierto es que todo indica que los vehículos en Europa se han encarecido sensiblemente y van a seguir haciéndolo en los próximos años. Las obligaciones en materia de seguridad y una normativa Euro 7 de emisiones que obligará a electrificar en gran medida las flotas de los vehículos, sólo apuntan en esa línea.

Y los fabricantes tampoco están descontentos con el movimiento. Las marcas siguen cosechando beneficios millonarios y algunas de ellas ya han dicho claramente que fabricarán menos, venderán menos, pero lo harán a un precio mayor y conseguirán más beneficios. Entre los señalados, la propia Stellantis que en el primer trimestre de 2022 consiguió un 12% más de beneficios pese a entregar un 12% menos de vehículos.

Con el coche eléctrico a cuestas. No es sólo que los coches eléctricos sean más sencillos de fabricar, que necesiten de otro tipo de personal cualificado o de que la demanda se contraiga. Además, la entrada de nuevas firmas en el mercado europeo, especialmente las asiáticas, son una amenaza para la industria europea.

Un buen ejemplo es el Salón de París, que estos días está teniendo lugar. La presencia de las firmas europeas ha quedado reducida a la mínima expresión y en su lugar, los asiáticos han desembarcado. No dejamos de recibir noticias sobre la llegada de vehículos de MG, NIO, BYD o Maxus, entre otros. En los años 90, el desembarco coreano fue una revolución. Pese a las primeras dudas, con el paso del tiempo se han ido asentando hasta alcanzar cotas de calidad por encima de la media generalista. El propio Tavares ya pide que se levanten aranceles contra las marcas chinas.

Y con el obligado salto al coche eléctrico, China sabe que tiene una oportunidad impagable para liderar la fabricación en la industria y conseguir entrar (por fin) en el mercado europeo. Hace años que llevan trabajando para trasladar las fábricas de coches a su suelo y dominar la producción de baterías.

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