El coche es cada vez más un servicio y no una propiedad. La última decisión de BMW es el mejor ejemplo

El coche es cada vez más un servicio y no una propiedad. La última decisión de BMW es el mejor ejemplo
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¿Quieres asientos con calefacción? Sin problema. Son 18 dólares al mes. ¿Quieres la misma sensación en el volante, un asistente para las luces o incluso decidir cómo suena tu coche eléctrico? No hay inconveniente tampoco, pero antes, eso sí, pasa por caja y paga la cuota mensual.

El sector de la automoción está inmerso en un cambio radical, un giro marcado por la transición entre la combustión y modelos menos contaminantes, pero que afecta también a su propio concepto de negocio. En cierto modo, avanza hacia un modelo similar al de los teléfonos móviles.

Y quizás el mejor ejemplo sea el de las suscripciones.

Comprar un coche igual que un móvil. Cuando te llevas un smartphone de la tienda lo haces porque te convence el diseño, prestaciones, precio... pero asumes que irá cambiando con el tiempo. Primero, esperas cierto soporte por parte de la marca, con actualizaciones más o menos constantes; y, segundo, que si quieres disfrutarlo al máximo es probable que debas pagar por ciertos extras.

¿Por qué iba a ser entonces distinto con coches en los que el software ocupa un papel cada vez más capital? Ya no es cuestión de que cuando lo saques del concesionario hayas invertido más o menos en extras. Es que si quieres disfrutar de ciertas prestaciones que pagar. Hacia ahí parece apuntar el sector. Las compañías trabajan en puestas al día con importantes mejoras en sus vehículos —caso de OTA 3.0, de Volkswagen—, si bien, al menos de momento, hay actualizaciones gratuitas.

El ejemplo de la calefacción de BMW. La marca alemana acaba de dejarnos un caso de manual. Quienes conduzcan un BMW en Corea se encontrarán con que si quieren disfrutar de algunos de los servicios que incorpora su coche antes deben suscribirse, igual que quien se da de alta y renueva su cuenta en Netflix. Solo así pueden desbloquear las distintas funcionalidades del software.

Si quieres disfrutar de la calefacción de los asientos —precisa The Drive— no te quedará otra que pagar 18 dólares al mes, una suscripción anual de 176 o abonar 283 por tres años. En el caso de que el servicio te parezca imprescindible puedes comprarlo de forma permanente... por la bonita suma de 406 dólares. Algo similar ocurre con otras prestaciones, como el asistente de luces o el Driving Assistance Plus. Para que la marca los desbloquee no queda otra que pagar.

La clave: el peso cada vez mayor del software. Cambian los servicios. Cambian los coches. En un sector marcado por los grandes grupos, conglomerados y alianzas, una de las grandes bazas que tienen las marcas para diferenciarse es su software, con un peso cada vez mayor en los modelos.

La cuestión que late de fondo es muy simple: ¿Cómo pueden los fabricantes diferenciarse, dar un plus a sus clientes? Con suscripciones y actualizaciones digitales. Su peso se perfila tan importante en el sector que Volkswagen prevé destinar una importante cantidad de fondos al desarrollo de sistemas hasta 2026. En Honda también han anunciado un plan ambicioso, de 37.000 millones de euros, para avanzar en cuestiones como las baterías de estado sólido o —correcto— software.

Una vía de ingresos sustanciosa para el sector. Suscripciones y actualizaciones tienen sus ventajas para los conductores, que ven cómo un modelo de 2020 recibe mejoras desarrolladas en 2022; pero también supone una importante fuente de ingresos para los fabricantes.

Al menos en abril, acceder a la conducción semiautónoma más avanzada de Tesla requería desembolsar 199 dólares al mes, suma a la que se añaden otros 99 dólares si quieres acceder además a las funciones más avanzadas. La alternativa: desembolsar 12.000 dólares. En el Grupo Stellantis ya calculan que a lo largo de los próximos años, hasta 2030, podrán ingresar unos 20.000 millones de euros mediante actualizaciones de software y servicios de suscripción.

“Estamos en un punto en el que lo que se potencia es la electrificación y la conectividad, mucho más el software que el hardware”, explicaba hace poco Anthony Lo, jefe de diseño de Ford, a El País.

Hecha la ley… Ya se sabe: "hecha la ley, hecha la trampa". Ya hay quien se ha lanzado a investigar formas de desbloquear funcionalidades sin pasar por caja y abonar suscripciones. Hace no mucho los dueños de Ford Maverick mostraban cómo acceder al control de crucero del coche con un ajuste relativamente sencillo. El problema no es nuevo, ni tampoco nada que no conozcan en el sector de los smartphones. Atajarlo será, también, otro de los retos que deberán afrontar las marcas.

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