Hay vehículos que parecen explicar por sí solos para qué fueron construidos. Este no. Ocho ruedas enormes, dos puestos de conducción y un cuerpo alargado que parece más cerca de una locomotora sobre neumáticos que de cualquier máquina convencional. El Lauster MF60 era exactamente eso. Una de las máquinas terrestres más peculiares y exigentes de su tiempo.
Detrás de aquella apariencia había, en realidad, un laboratorio sobre ruedas. Lauster desarrolló el MF60 en los años setenta como un sistema de medición capaz de trabajar con vehículos de hasta 60 toneladas, imponiéndoles esfuerzos de tracción o frenado de forma controlada para estudiar su respuesta. Su cometido era, por tanto, mucho más amplio que comprobar las capacidades de un único carro de combate.
Un banco de pruebas de 80 toneladas
Para imponer resistencia a masas de decenas de toneladas no bastaba con construir algo grande: había que controlar toda esa fuerza con precisión. El MF60 pesaba alrededor de 80 toneladas y, según la documentación histórica de la compañía, disponía de 1.850 CV de potencia diésel total, unos 1.360 kW. Dos V10 MTU alimentaban una arquitectura diésel-eléctrica que llevaba la tracción a sus ocho ruedas, todas con capacidad de dirección, mientras el conjunto descansaba sobre suspensión neumática. Incluso podía desplazarse a hasta 70 km/h en ambos sentidos.
La clave estaba en que aquella mole no se limitaba a arrastrar lo que tuviera detrás. Podía imponer una resistencia concreta y mantenerla de forma controlada mientras registraba la respuesta. La fuerza máxima de tracción y frenado era de 600 kN, aproximadamente 60 toneladas-fuerza, y podría regular de manera continua tanto la velocidad como el esfuerzo aplicado. A eso se sumaba instrumentación capaz de realizar hasta 50 mediciones simultáneas, lo que permitía obtener una imagen detallada de cómo se comportaba el modelo sometido a carga.
UN VISTAZO A...
El MF60 pesaba alrededor de 80 toneladas y podía trabajar con vehículos de hasta 60 toneladas | Foto: Lauster
Ahí es donde el vínculo con el Leopard 2 cobra todo su sentido. No hablamos simplemente de colocar dos colosos frente a frente, sino de utilizar un enorme dinamómetro móvil para cuantificar cómo respondía un carro de combate bajo un esfuerzo controlado. En 2020, la Bundeswehr documentó el uso de un MF60 en la WTD 41 de Trier para determinar la fuerza de tracción de vehículos y mostró expresamente una medición realizada con un Leopard 2A4.
El Leopard 2 nació durante la Guerra Fría y acabaría convirtiéndose en uno de los carros de combate más reconocibles de Alemania
Trier era precisamente el lugar donde una herramienta así encontraba su razón de ser. La WTD 41 es el centro técnico especializado en sistemas terrestres y sus componentes, incluida la propulsión y los trenes de rodaje, y el MF60 encajaba en ese trabajo como un recurso capaz de operar con modelos muy distintos. Los documentos históricos hablan de pruebas de frenado y mediciones de fuerza de tracción desde turismos hasta carros de combate.
Al final, lo llamativo no es solo que pareciera una locomotora sobre neumáticos, sino que toda aquella desmesura tenía una función bastante poco vistosa: medir. No estaba pensado para entrar en combate ni para protagonizar el desarrollo de un único carro, sino para convertir fuerzas enormes en datos comparables y controlados. Que siguiera utilizándose con un Leopard 2A4 ayuda a entender la utilidad de aquella idea.
Imágenes | Lauster
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