El Comité Olímpico Internacional ha anunciado a finales de este mes de marzo sin duda una de las decisiones más polémicas de su historia reciente: a partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, ninguna atleta transgénero podrá competir en la categoría femenina. Pero más allá del debate social y político que se puede generar, hay que poner también el foco en el método elegido para determinar esta exclusión: un simple análisis genético donde se busca un solo gen. Y esto es algo muy discutido entre la ciencia.
Su descubridor. El gen en cuestión, que va a ser analizado en las atletas que quieran participar en la categoría femenina, va a ser el SRY, que no es más que la "Región Determinante del Sexo Y". Un gen que fue descubierto en 1990 por el biólogo molecular Andrew Sinclair y que apuntaba que su presencia es un factor determinante del desarrollo sexual masculino. Es, literalmente, el padre científico de la prueba que ha elegido el COI para integrar en sus requisitos olímpicos.
Pero la cuestión está en que él mismo está en contra de usarla para esto.
Su desacuerdo. Esta decisión no es una gran novedad, puesto que si echamos la vista atrás, ya el organismo que rige el atletismo mundial, el World Athletics, adoptó en septiembre de 2025 este mismo test para participar en sus competiciones. Aquí el propio Sinclair no dudó en publicar un artículo de opinión donde dejó claro que el resultado no es algo definitivo, ya que lo único que puede decir el análisis es si el gen está presente o no.
Por qué. De esta manera, hay que detallar que ser positivo en SRY no nos da información de si está funcionando para formar un testículo, si estimula la producción de testosterona o incluso si expresa los receptores necesarios para que la testosterona se pueda usar.
Dicho de otra manera: saber que una atleta tiene el gen SRY no te dice nada concluyente sobre su fisiología, sus niveles hormonales ni, por extensión, sobre sus supuestas ventajas competitivas por tener testosterona. La biología del desarrollo sexual es infinitamente más compleja que la presencia o ausencia de un marcador genético, que ahora marcará el 'todo' ante el COI.
Hay más evidencia. Este investigador no es el único que se opone a esta decisión, puesto que ya a principios de marzo se publicó un artículo firmado por 34 académicos para responder a la decisión del World Athletics. Aquí apuntaban a lo mismo: estamos ante un test que reduce todo a un solo gen cuando la biología es mucho más compleja. Y es que el sexo biológico es el resultado de una interacción muy compleja de la genética de los humanos, hormonas, receptores, tejidos...
Además, el argumento del COI apunta a que este test protege de la equidad competitiva, pero para los académicos, apuntan a que no hay evidencia científica sólida que demuestre que la presencai del gen SRY se relacione de manera directa con tener una mayor ventaja deportiva.
No es algo nuevo. Aunque ahora vemos un gran escándalo en el mundo deportivo por esta decisión, la realidad es que si miramos la hemeroteca, ya en los años 90 se hacía algo similar. Hace 30 años el COI decidió exigir a las mujeres que verificaran su sexo mediante pruebas cromosómicas y también con la determinación del gen SRY. Pero finalmente fueron pruebas retiradas por las limitaciones técnicas, la ausencia de evidencia médica y también por los problemas legales que podía tener.
Un caso español. Debido a estas pruebas, la atleta española María José Martínez Patiño fue descalificada en 1985 tras dar positivo en el test cromosómico a pesar de no tener ninguna ventaja fisiológica por encima de sus compañeras. De esta manera, su carrera estaba prácticamente condenada, pero pudo recuperarla gracias a la ayuda de un genetista que pudo documentar su caso con evidencia científica que demostraba que no le estaba dando una ventaja por encima del resto de competidoras.
El debate. Si la base para exigir el test genético es proteger la equidad competitiva, hay que preguntarse qué dice la ciencia sobre las ventajas reales de las atletas transgénero. Y en este momento se sabe mucho menos de lo que la población general cree.
Uno de los estudios más importantes se realizó en 2015 por una investigadora transgénero que analizó los tiempos de carrera de ocho atletas antes y después de su transición. En este caso las marcas se ralentizaron y su rendimiento relativo respecto a corredoras del mismo sexo se mantuvo bastante estable.
Un estudio del COI. Publicado en 2024 y financiado parcialmente por el propio comité, arrojó resultados que no encajan con el discurso que no paramos de escuchar: las mujeres transgénero mostraron peores resultados que las mujeres cisgénero en fuerza del tren inferior y en función pulmonar. Pero lógicamente no significa que no pueda haber ventajas residuales en determinados deportes, que es algo que a día de hoy sigue siendo una pregunta que necesita una respuesta.
¿Y ahora qué? Estamos sin duda ante una disputa sobre qué herramientas son válidas para resolver un problema genuinamente complejo. Ahora mismo la ciencia apunta a que el test del gen SRY no es la mejor herramienta, pero porque no nos da una respuesta completa, ya que el gen SRY puede estar presente y el cuerpo no responder a la testosterona. Pero esto es algo que a día de hoy se debe seguir investigando para lograr pruebas que puedan garantizar esta equidad, pero siempre con una base científica detrás.
Imágenes | Umanoide Erik van Leeuwen
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