El primer perfume hecho de CO2 extraído y sintetizado del aire ayuda a reducir emisiones y huele a piel de naranja y jazmín

El primer perfume hecho de CO2 extraído y sintetizado del aire ayuda a reducir emisiones y huele a piel de naranja y jazmín
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Un perfume para combatir el cambio climático. Esto es lo que promete la compañía Air Company, la primera empresa en producir una fragancia directamente del aire, gracias a un proceso propio capaz de transformar el CO2 de la atmósfera en alcoholes libres de impurezas.

'Air Eau de Parfum' es el nombre de este perfume, el primero en el mundo elaborado con este método, enfocado tanto para hombres como mujeres y con un olor que los propios creadores definen como aroma de piel de naranja con un corazón de jazmín, violeta, azalea y agua dulce.

Convirtiendo el CO2 en alcohol

El año pasado la misma compañía mostró las capacidades de su proceso de transformación del CO2 en alcohol con un vodka propio, aunque sin maíz fermentado ni patata. La idea ahora ha prosperado y nos presentan su perfume, que se venderá de manera limitada.

Las aromas para este 'Air Eau de Parfum' son sintéticas y la fragancia ha sido diseñada por Joya Studio. Según describe la compañía, se trata de un perfume fresco e inspirado en la naturaleza. Pero es su proceso de creación lo que llama la atención.

Perfume Botes

El objetivo para Air Company es la de producir combustibles para aviones basados en CO2, pero para perfeccionar su tecnología han ido mostrando productos como este perfume.

En su fábrica de Brooklyn, esta startup captura el CO2 de la atmósfera y luego lo combina con hidrógeno producido a partir de electrólisis. Todo el proceso se realiza con energía renovable y el agua excedente sirve de nuevo para generar hidrógeno. El etanol es básicamente carbono, hidrógeno y oxígeno (C2H6O), tres elementos que pueden producirse a partir del CO2 capturado y del hidrógeno producido de forma sostenible.

Este perfume está disponible para reservar en EE.UU, con envíos a partir de 2022 y un coste de 220 dólares el frasco. Más allá de su valor como producto comercial, supone una interesante propuesta que demuestra que en la producción de cosméticos hay alternativas que pueden llegar a ayudar a combatir el cambio climático.

Vía | Fast Company

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