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Una "estrella zombie" especial: detectan una enana blanca que puede dar pistas sobre la expansión del universo

Una "estrella zombie" especial: detectan una enana blanca que puede dar pistas sobre la expansión del universo
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En la actualidad creemos conocer bastante de lo que acontece en el espacio, concretamente en lo que podríamos llamar ciclo de vida de las estrellas, las cuales en muchos casos acaban siendo una enana blanca para después desaparecer. Pero puede que haya algunas que se empeñen en seguir viviendo, como la enana blanca superviviente que podría haberse salvado de ese final oscuro para siempre.

Se trata de los hallazgos de Stephane Vennes y su equipo de investigadores en el Instituto Astronómico de la Academia de Ciencias de Praga, que consideran haber identificado a una de estas supervivientes, la enana blanca llamada LP 40-365. Y el hecho de que sea especial es que parece venir de un tipo de supernovas, las Iax, que se descubrió bastante recientemente y cuyas enanas blancas son llamadas "estrellas zombies" por la NASA, las cuales son difíciles de encontrar y pueden ayudar a conocer algo más el universo.

La pequeña irreverente

Las supernovas, por definición, son explosiones estelares y las hay de muchos tipos. Uno de ellos son las supernovas Iax, que se descubrieron en 2013, siendo menos brillantes que las Ia (poco frecuentes, pero estudiadas desde hace más tiempo y usadas para medir distancias).

Estos tipos de supernova tienen en común que ocurren en un sistema binario (es decir, dos estrellas), de modo que en el caso de las IA una estrella más grande y otra de menor tamaño giran a su alrededor hasta que la pequeña, la que sería una de éstas enana blanca, absorbe suficiente material de la otra alcanzando una masa crítica y explotando. Es decir, adiós, estrellas.

En el caso de las supernovas Iax se considera que no existe esa destrucción total y que queda un remanente, es decir, esta enana blanca o la "estrella zombie" a la que se refería la NASA de manera más coloquial. Y lo que tienen de especial, a parte de su suerte al seguir con vida, es que pueden ayudar a descubrir detalles sobre cómo se forman las supernovas Ia, según explicaba Saurabh Jha de la Universidad Rutgers (New Jersey) que tras aquel primer trabajo ha publicado otro recientemente sobre estas supernovas.

Supernova Ia Imágenes del telescopio Hubble del antes y el después de la Supernova 2012Z en la galaxia espiral NGC 1309. (Crédito: NASA / ESA)

¿Qué pasa entonces con LP 40-365? Al parecer esta enana blanca ha escapado a la trayectoria que más habitualmente siguen este tipo de sistemas binarios, es decir, hacia el centro de la galaxia. Pero la irreverente LP 40-365 no se ha acercado al centro (de nuestra galaxia, de hecho), y el equipo de Vennes considera que es el remanente de una supernova que ocurrió hace 5-50 millones de años a decenas de miles de años luz de la Tierra, yendo a una velocidad mayor de lo habitual y con una composición también algo peculiar.

Persiguiendo enanas para conocer mejor cómo nos expandimos

Desde la distancia y el conocimiento básico a veces nos parece que este tipo de investigaciones buscan conocer información muy concreta o, nunca mejor dicho, lejana. Pero hablando del espacio en la mayoría de ocasiones se trata de dar una especie de rodeo para llegar a conocer algo, y en este caso es sobre el propio universo.

Como explicaba Jah en sus trabajos, aún no se conoce bien la formación de las supernovas Ia, y conocer algo mejor a lo que serían sus primas (las Iax) puede ayudar en este sentido. ¿Y para qué conocer mejor a unas y a otras? Por su utilidad para conocer el ratio de expansión del universo y la energía oscura, como explicó el astrónomo investigador Bryan Tucker al investigar una de estas supernovas Ia.

Kepler Remanente de la supernova Kepler. (Fuente: NASA)

Veremos si en un futuro el descubrimiento de más de estas enanas irreverentes (o, mejor dicho, su conocimiento) nos permite saber algo más de la materia oscura y de la expansión del universo. Mientras tanto, si somos aficionados a la astronomía podemos intentar descubrir también cuerpos celestes, como los aficionados que dieron con una enana marrón que se le había escapado a la NASA.

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