Por qué el yodo plantea una (pequeña) revolución para los satélites que surquen el espacio en el futuro

Por qué el yodo plantea una (pequeña) revolución para los satélites que surquen el espacio en el futuro
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Tras ser lanzados al espacio, los satélites cuentan con sistemas de propulsión que les permiten desplazarse allí con precisión, y en esos sistemas uno de los elementos clave es el gas propulsor, que durante años ha sido el xenón.

Ese gas tiene el problema de ser muy caro y de necesitar ser almacenado a presiones altísimas, pero la empresa francesa ThrustMe ha desarrollado un sistema de propulsión que hace uso del yodo, mucho más barato y que también se puede almacenar en formato sólido. Las primeras pruebas han sido un éxito, y eso plantea diseños más simples y económicos para futuros satélites.

Ni xenón ni kriptón

El auge de los satélites miniaturizados hace que este tipo de avances sean importantes. Aunque muchos satélites hacen uso de energía solar para sus sistemas de propulsión, sigue siendo necesario un gas propulsor, y el xenón había sido la opción tradicional aunque Elon Musk ha adoptado ya el kriptón, mucho más barato.

El xenón no es no obstante ideal por su precio y por ese requisito de tener que ser almacenado a altas presiones, pero es que tampoco el kriptón parece la mejor alternativa: un reciente artículo publicado en Nature indicaba cómo aunque "el kriptón es más barato, necesita un complejo sistema de almacenamiento y distribución".

El CTO de ThrustMe, Dmytro Rafalskyi, explicaba en The Register cómo "el xenón es el gas noble más pesado no radioactivo. Ese es el motivo por el que el xenón entró en juego y en el momento de comenzar a ser usado, los costes de las misiones espaciales ya era bastante enorme. Eso hacía que el coste del xenón no pareciera tan malo, pero no podemos miniaturizar la tecnología y el coste [de hacerlo] es una locura".

Para pequeños satélites de unos 100 kg que comienzan a ser cada vez más populares encontrar una alternativa al xenón era muy importante, y es ahí donde entra el yodo, que de hecho se lleva proponiendo como alternativa desde los años 70.

Apenas se había desarrollado el potencial del yodo más allá del campo de la medicina, y Rafalskyi y su equipo comenzaron a estudiarlo y a lidiar con problemas como sus capacidades corrosivas. Tras lograr desarrollar una solución para controlar ese problema, el equipo de ThrustMe puso en órbita un satélite para probar su solución.

El satélite, lanzado en noviembre de 2020, logró cumplir su misión con éxito, lo que ha hecho que ThrustMe comience a desplegar sus planes para trabajar con una decena de clientes. Sus responsables esperan poder producir 100 de estos sistemas al año para poder satisfacer la creciente demanda de pequeños satélites.

Vía | The Register

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