Estados Unidos tiene un problema grave con el tungsteno: China se está llevando toda su chatarra pagando hasta cinco veces más

El precio de este material estratégico se ha disparado un 500%. Mientras Occidente busca revivir viejas minas en Europa, intermediarios asiáticos pagan fortunas en efectivo para asegurar el suministro de Pekín

Tugsteno
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Alba Otero

Editora - Energía
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Editora - Energía

La escena parece sacada de un thriller de espionaje industrial, pero ocurre a plena luz del día. Tal y como ha adelantado Financial Times, compradores chinos están concertando citas en estacionamientos de tiendas como Home Depot en Estados Unidos para adquirir, de forma discreta, lotes de chatarra valorados en más de 20.000 dólares. 

Esta es la primera línea de una guerra silenciosa por los recursos globales. Según relata este mismo medio, intermediarios asiáticos están barriendo los depósitos de chatarra estadounidenses y pagando hasta cinco veces el precio habitual, arrebatando el material a los recicladores locales. El director de una empresa recicladora en Texas lo resume sin tapujos: "es una guerra secreta de la que nadie habla".

¿Por qué tanto interés en los restos residuales? La respuesta está en el metal que los compone. Como explica The Conversation, el tungsteno —cuyo nombre significa "piedra pesada" en sueco— posee el punto de fusión más alto de todos los metales conocidos, alcanzando los 3.422 °C. Además, su extrema dureza y resistencia a los choques térmicos lo hacen un material absolutamente insustituible para fabricar desde tecnología aeroespacial hasta munición militar perforante.

El estrangulamiento de mercado. China controla actualmente casi el 79% de la producción mundial de tungsteno. Como detalla un análisis del experto John Connor, la tensión estalló en febrero de 2025, cuando Pekín endureció sus controles de exportación como represalia a los aranceles estadounidenses, recortando sus envíos a Occidente en un drástico 40%. El impacto económico de esta decisión fue fulminante. La restricción provocó un estrangulamiento del mercado y un aumento brutal de los precios, que se dispararon un 557% hasta alcanzar los 2.250 dólares por tonelada métrica.

La gran paradoja es que, mientras la escasez mundial de tungsteno virgen está provocada por las cuotas de Pekín, es la propia China quien acapara la chatarra reciclada estadounidense —como las brocas industriales desgastadas— para llevarla de vuelta a Asia a través de terceros países como Canadá o Dubái. Los analistas del sector advierten de un peligro inminente: si China reabre oficialmente sus puertas a la importación directa de chatarra, el resultado será un desastre para el suministro en el resto del mundo.

El tablero global. Hoy por hoy, el control casi absoluto de estas cadenas de suministro otorga a China un poder comercial y geopolítico inmenso. Esta posición dominante le permite a Pekín utilizar tecnologías y materiales críticos —los llamados "cuellos de botella"— como una palanca de influencia internacional que puede accionar a voluntad.

Ante esta fuga de recursos, el debate ha llegado a las altas esferas. El reportaje del Financial Times recoge voces dentro de la industria del reciclaje y del Congreso de EEUU que exigen prohibir de inmediato la exportación de chatarra de tungsteno a China para proteger la seguridad nacional. No obstante, Estados Unidos se enfrenta a un callejón sin salida temporal: el país carece actualmente de la capacidad de procesamiento necesaria para convertir toda esa chatarra exportada en productos terminados útiles para su industria.

En la búsqueda de la extracción. Como expone Connor, la solución pasa inevitablemente por la diplomacia y la inversión en el extranjero. El experto señala que Kazajistán, que posee las mayores reservas de tungsteno fuera de China (estimadas en unos dos millones de toneladas), se ha convertido en el centro de la estrategia estadounidense, atrayendo inversiones respaldadas por el gobierno para desarrollar minas locales. Pero la carrera es frente a frente y Pekín no se ha quedado de brazos cruzados. De hecho, China ya se ha adelantado en la región de Asia Central, habiendo iniciado la producción comercial en la gigantesca mina de Boguty, en territorio kazajo.

Paralelamente, nuevos actores occidentales intentan cerrar la brecha. El portal financiero Trading View informa que empresas como la minera canadiense Allied Critical Metals están apostando por revitalizar proyectos históricos europeos, como el de Borralha en el norte de Portugal. La compañía tiene un objetivo claro: iniciar la producción de concentrado de tungsteno antes de que acabe 2026 para suplir la urgente demanda de Occidente.

El ingenio industrial frente al dumping. El medio The Conversation aporta un paralelismo histórico sumamente interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, ante la crítica escasez de molibdeno provocada por los ataques de los submarinos alemanes a los convoyes marítimos, los ingenieros de la empresa británica Vickers lograron innovar reciclando el metal directamente de las brocas mineras. En la actualidad, esa misma lógica se aplica al tungsteno, que tiene una altísima tasa de reciclaje del 42% a nivel global. En los mercados occidentales esta cifra se dispara hasta un impresionante 70%, impulsada precisamente por la necesidad de compensar el dominio chino sobre el mineral primario.

Además de la innovación técnica, las estrategias de protección estatal ganan protagonismo. En marzo abrió la mina surcoreana de Sangdong; una vez a pleno rendimiento, esta instalación podría llegar a producir más del 80% del tungsteno no chino del mundo. Lo más destacable de este proyecto es que el gobierno de Seúl ha establecido un precio mínimo garantizado para el mineral, protegiendo así la operación de posibles prácticas de dumping. Inundar el mercado para hundir los precios artificialmente es una táctica que China ha utilizado con éxito en el pasado para quebrar a los inversores occidentales en el sector de los minerales críticos.

Un aviso inminente para Occidente. El reloj corre y las consecuencias de la inacción podrían ser fatales. Una realidad inminente y peligrosa acecha a Occidente: la Tercera Guerra del Golfo ha consumido municiones a un ritmo asombroso y ha vaciado las reservas estadounidenses de misiles dependientes de tungsteno, como los sistemas Patriot y THAAD, llevándolas a mínimos históricos. Sin un suministro estable y masivo para reponer rápidamente estos arsenales, el ejército de EEUU se arriesga a un verdadero desastre militar en caso de que estalle un conflicto de mayor envergadura, como podría ser una confrontación directa sobre Taiwán.

A modo de reflexión final, estas tácticas restrictivas de Pekín deben ser leídas como una advertencia severa. La actual crisis del tungsteno debería obligar a los gobiernos occidentales a despertar de una vez por todas y a "des-riesgar" (de-risk) urgentemente sus cadenas de suministro. Solo construyendo una red industrial independiente, el mundo occidental podrá evitar que su seguridad y su economía dependan del monopolio de un solo país.

Imagen | Unsplash

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