La industria del automóvil ya tenía problemas para fabricar coches. La crisis del níquel lo va a empeorar

La industria del automóvil ya tenía problemas para fabricar coches. La crisis del níquel lo va a empeorar
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El año 2022 no va a ser bueno para los fabricantes de automóviles, y mucho menos para los usuarios que decidan comprar un vehículo. Sin salir todavía de la crisis de los semiconductores, que lleva azotando al sector varios años, y con el precio de la energía disparado desde hace meses, un tercer factor apunta a encarecer enormemente los costes de producción: el aumento del precio de metales como el níquel, el paladio o el aluminio como consecuencia de la guerra de Ucrania.

¿Por qué aumentarán los precios? Rusia es uno de los principales exportadores del mundo de los metales anteriormente mencionados y de otros que también utiliza la industria automovilística en sus cadenas de producción. Y aunque Occidente aún no ha aplicado sanciones en este sector, las que sí ha anunciado en otros, junto con la retirada de importantes multinacionales del país dirigido por Vladimir Putin y la incertidumbre que genera en los mercados el conflicto bélico, están haciendo que ya esté aumentando el coste de estas materias primas.

Este incremento se debe a que muchos fabricantes de componentes para automóviles se están empezando a alejar de los metales rusos por precaución, para tratar de reducir su dependencia de unas materias primas a las que Estados Unidos y la Unión Europea podrían cerrar el grifo de un día para otro, según Reuters.

Máximos históricos. Aún es muy pronto para que el consumidor note el aumento del coste de los metales en el precio de venta final de los vehículos, pero la guerra de Ucrania ya está repercutiendo en las transacciones de estas materias primas a gran escala. El pasado lunes el aluminio y el paladio alcanzaron máximos históricos, y el níquel, que se usa, entre otras cosas, en las baterías de los automóviles, superó el martes los 100.000 dólares por tonelada por primera vez en la historia.

La subida del níquel ha sido, precisamente, la que más ha impactado a las transacciones internacionales del metal hasta el momento. Tanto que el mercado de futuros más importante del mundo de estas materias primas, el London Metal Exchange, tuvo que suspender la negociación de sus contratos después de una subida acumulada de su precio del 250% en sus dos últimas sesiones. Cabe señalar que Rusia produce el 17% de todo el níquel de primera calidad que se usa en el mundo.

Nubarrones que anuncian tormenta. La última vez que el London Metal Exchange suspendió la negociación de uno de sus contratos fue durante la crisis del estaño de 1985, que provocó pérdidas millonarias y la quiebra de varias empresas y organizaciones internacionales. La situación en aquel momento fue tan grave que la bolsa de metales de Londres tuvo que pedir ayuda al Banco de Inglaterra y a otros bancos privados, y cambió para siempre este mercado de materias primas londinense.

Llueve sobre mojado. Así, la previsible crisis de los metales que va a provocar la guerra de Ucrania golpeará con fuerza a un mercado ya bastante vapuleado por la escasez de componentes, en especial la de semiconductores de los últimos años, y al que ya está perjudicando otra crisis, la energética, agravada también por el conflicto bélico. Algunos fabricantes, de hecho, ya se han visto obligados a pedir a sus clientes precios superiores a los que ya tenían acordados, porque de lo contrario perderían dinero, según Reuters.

No obstante, otros fabricantes esperan que el fin de la escasez de chips, que podría darse para 2023, compense la subida de los metales y equilibre los costes, de tal modo que los clientes no noten subidas de precio considerables. Unas subidas que, no obstante, ya han golpeado a los consumidores con anterioridad con la crisis de los semiconductores, que sólo en 2021 hizo que el precio medio de los coches nuevos subiese un 3% con respecto a 2020.

Retraso de la electrificación. La escasez y encarecimiento de los metales rusos puede afectar con especial crudeza a la industria de los coches eléctricos, ya que el níquel de alta calidad es un componente muy importante de las baterías de estos vehículos.

Asimismo, esta materia prima es crucial para la transición energética, ya que se usa para la fabricación de paneles fotovoltáicos o aerogeneradores, por lo que la guerra no sólo podría ahondar en la crisis de energía que vive Europa por su dependencia del gas y del petroleo ruso, sino que, además, podría impedir que la UE lleve a cabo su plan para ser más independiente en este aspecto, que pasa por el uso de energía renovable, para lo que necesita ampliar las instalaciones que la generan.

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