El pasado miércoles, mientras la borrasca Therese descargaba más de 117 litros por metro cuadrado en el Roque de los Muchachos, algo llamativo ocurría unos kilómetros más abajo en las coladas del Tajogaite. Aquí el agua de lluvia tocaba el suelo y desaparecía sin acumularse, sin formar charcos ni escurrirse. Y tiene una explicación: se evaporaba al instante de tocar el suelo, convirtiendo el campo de lava en una especie de plancha de vapor gigante.
Una zona caliente. Pero no es que el volcán de La Palma se haya reactivado, sino que todo lo contrario: lleva oficialmente apagado desde el 13 de diciembre de 2021. Han pasado más de cuatro años, y aun así el suelo sigue ardiendo por dentro.
¿Por qué? Para entender la razón, hay que pensar en cómo funciona la roca como material. La lava basáltica del Tajogaite, que es justamente la que expulsó en volcán durante los 85 días que estuvo en erupción, salió al exterior a una temperatura que pudo llegar a los 1.200 grados. Esto es el doble que otras composiciones volcánicas, como la andesítica, que ronda los 800 grados. Esa diferencia de 300 grados importa mucho cuando hablamos de cuánto tarda en enfriarse.
Pero el factor clave en este caso no es la temperatura, sino que la roca es un pésimo material conduciendo el calor. De esta manera, la superficie exterior de la colada puede estar fría al tacto, incluso cubierta de vegetación en algunos puntos, mientras que a 15 o 20 metros de profundidad las temperaturas llevan superando los 150 grados centígrados hasta hace poco tiempo. De esta manera, cuando cae agua, es lógico que acabe evaporándose.
Lo que hay debajo. Lo que vemos cuando llueve es en realidad la punta del iceberg porque debajo de esto hay un complejo proceso geológico. Un estudio publicado en 2025 generó por primera vez un mapa tridimensional de la estructura interna del Tajogaite. De esta manera, pudieron ver que bajo el cráter hay zonas con anomalías compatibles con la presencia de bolsas y conductos donde todavía hay magma y gases atrapados.
Pero lógicamente esto no significa que el volcán vaya a entrar en erupción otra vez, sino que la actividad residual dura todavía años después.
¿Cuándo se enfriará? La respuesta más honesta es que nadie lo sabe con precisión, puesto que depende de demasiados factores simultáneos: el espesor variable de la colada en cada punto, la porosidad de la roca o la temperatura ambiental son algunos de ellos. Es por ello que cada zona es un mundo diferente a la hora de interpretarlo.
Lo que sí es verdad es que el subsuelo va a ir enfriándose poco a poco y las escenas que hemos visto con esta borrasca en teoría irán a menos. El resultado final será un terreno completamente nuevo en España con una extensión considerable que debe seguir 'madurando'.
Imágenes | Annamarie Ursula rtvc
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