Hasta ahora Cantabria era solo una zona de paso para los flamencos. Llevan tres años negándose a volar hacia el sur

Los flamencos migratorios han dejado de emigrar, y los humedales de Cantabria son el nuevo hogar

Flamenco
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José A. Lizana

Colaborador

Cuando hablamos de cambio climático, automáticamente pensamos en glaciares derritiéndose o las cosechas alterándose, pero también hay que tener en cuenta que están rediseñándose los mapas de biodiversidad en tiempo real. Esto es lo que estamos viendo en el norte de España, donde los flamencos sureños han empezado a considerar a Cantabria como su nueva residencia de invierno. 

Qué dice el censo. Para poder ver cómo están cambiando las costumbres de los flamencos, tenemos que recurrir al censo de aves acuáticas invernantes de Cantabria, donde se apunta a que ahora mismo hay una población estable de unos 25 flamencos sureños que llevan tres inviernos consecutivos asentados en la región sin hacer su emigración. 

Estos ejemplares que llegan desde el mar Mediterráneo han decidido que el clima y las condiciones del Cantábrico son suficientes para no tener que continuar su viaje hacia las latitudes más cálidas del sur. Y el culpable de esto es el cambio climático. 

El problema del invierno. La teoría nos dice que este tipo de especies de animales acostumbran a ir siempre a los lugares con temperaturas óptimas, haciendo que en verano estén en el norte y en invierno en el sur. Pero esto ha cambiado radicalmente, y estas aves migratorias poco a poco se están convirtiendo en uno de los mejores termómetros del calentamiento global. 

La explicación aquí radica en que los inviernos en la cornisa cantábrica son cada vez más suaves, haciendo que este incremento térmico elimine la barrera del frío extremo que tradicionalmente obligaba a estas especies, como el flamenco, a huir hacia el sur de la península o el norte de África. 

Adaptación de la especie. Al no enfrentarse a las heladas severas que congelan el agua y limitan el acceso a su alimento, los flamencos encuentran innecesario el gasto energético que supone un largo viaje migratorio. Simplemente, aquí se "apegan" a una zona que ahora resulta hospitalaria.

Un refugio perfecto. Para que una especie decida quedarse, no basta con que haga menos frío, sino que también se necesita comida y refugio. Aquí Cantabria posee uno de los complejos estuarinos más ricos e importantes del norte de España. 

Los flamencos en este caso han concentrado su colonia en dos puntos clave de la geografía cántabra: la bahía de Santander y el complejo estuarino de las Marinas de Santoña, Victoria y Joyel. Aquí la alta calidad de los humedales garantiza un ecosistema rico en los pequeños crustáceos y microorganismos de los que se alimentan estas aves. 

Imágenes | Jannes Jacobs 

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