Acabamos de pescar un siluro de 2,67 metros en Zaragoza. Ese es el menor de nuestros problemas

Acabamos de pescar un siluro de 2,67 metros en Zaragoza. Ese es el menor de nuestros problemas
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Un siluro de 2,67 metros ha sido capturado en el río Ebro a su paso por Zaragoza, un récord con un lado oscuro: el siluro es una especie invasora y un depredador voraz de fauna autóctona, un pez que, simplemente, no debería estar ahí.

La cara visible de un problema grave. El siluro (Silurus glanis) es un pez de agua dulce, nativo del este de Europa, Asia Central y Asia Menor. Es capaz de superar los dos metros de longitud y los cien kilos de peso y es fácilmente reconocible por carecer de escamas y, más que nada, por sus “bigotes”, llamados en realidad barbillones peribucales. El Ebro no es el único río español en el que se ha encontrado esta especie, sino que también ha sido hallado en ríos tan diversos como en Guadalquivir o el Llobregat.

Según se explica en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, este pez fue introducido para la pesca deportiva, hecho que se ha traducido en impactos ecológicos y socioeconómicos negativos. El siluro es un depredador que se alimenta de especies nativas, sobre todo peces e invertebrados, pero también anfibios, roedores y aves acuáticas. Esta voracidad afecta a los recursos de los pescadores de peces nativos de las áreas que “coloniza”.

Un amplio abanico de daños. El daño que causan las especies invasoras es perceptible y existen distintos estudios que han intentado cuantificarlo. Según datos de la Comisión Europea de 2013, las especies invasoras causaban unos daños anuales por valor de 12.000 millones de Euros. Otro estudio más reciente, publicado en la revista Nature estimaba unos daños anuales de más de 160.000 millones de dólares anuales en 2017, con una media de 26.800 millones de euros anuales entre 1970 y 2017.

En España también se ha calculado el coste de lidiar con estas especies: 261 millones de dólares entre 1997 y 2022. El estudio explica que la mayor parte del gasto asociado a especies invasoras está vinculado a los gastos de gestión. Los daños económicos fueron menores, pero también aclaran que se excluyeron del cálculo costes extrapolados, esperados y aquellos que consideraron de baja fiabilidad. Es decir, se trata de una estimación conservadora de los costes.

¿Qué es una especie invasora? La ley define las especies invasoras como “la que se introduce o establece en un ecosistema o hábitat natural (…) y que es un agente de cambio y amenaza para la diversidad biológica nativa (…) por su comportamiento invasor, o por el riesgo de contaminación genética”. A partir de esa ley se creó un catálogo de especies invasoras con el fin de controlarlas en la medida de lo posible.

Las especies invasoras abarcan un espectro muy amplio, desde plantas y algas como la hierba de la Pampa (Cortaderia spp.) o el alga asesina (Caulerpa taxifolia); hasta mamíferos como el mapache (Procyon lotor) o el visón americano (Mustela (Neovison) vison). Algunas de estas especies resultan conocidas por causar impactos severos.

Un problema cada vez más común. Un ejemplo de esto es el mosquito tigre (Aedes albopictus), transmisor de enfermedades como la malaria, el virus del Chicungunya o el virus del Nilo occidental.

El mejillón cebra es otra de las especies de las que se suele oír hablar con frecuencia, ya que tiene un fuerte impacto sobre los ecosistemas, desplazando a las especies nativas; y es capaz de obstruir infraestructuras como tuberías, filtros, depósitos o turbinas; además de poder afectar negativamente al turismo.

El cangrejo rojo, americano o de las marismas (Procambarus clarkii) también es un viejo conocido. Entre los perjuicios que se le atribuyen se encuentran los ecológicos (destrucción de la vegetación o el desplazamiento del cangrejo autóctono), económico (dañando los cultivos de arroz) y sanitarios (puesto que acumula metales pesados y es portador de microorganismos causantes de enfermedades como la tularemia o la afanomicosis).

Algunas de estas especies, como el mosquito tigre, el alga asesina, la hormiga de Argentina (Linepithema humile), o la rata común (Rattus rattus) entre otras, están en la lista de las especies invasoras más dañinas del mundo.

Qué hacer frente a las especies invasoras. A la hora de evitar este problema la prevención es la primera medida que las administraciones deben tomar. No todas las especies foráneas son capaces de sobrevivir y arraigarse en un nuevo ecosistema, y no todas las que lo hacen son nocivas (algunas incluso son beneficiosas para el ecosistema y/o la economía). Identificar las especies potencialmente peligrosas es un importante primer paso. Una vez las especies ya se han consolidado, es necesario catalogarlas para evaluar los daños y diseñar planes para su erradicación como el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. En caso de no poder erradicar una especie puede que mitigar sus daños y adaptarse a la nueva situación sea necesario.

A nivel individual también es posible la acción. De toparnos con una especie invasora, la recomendación es dar parte a la autoridad ambiental de la Comunidad autónoma correspondiente. Algunas de las especies incluidas en el catálogo son mascotas, que han de estar registradas con la autoridad competente, aunque la principal recomendación es no adquirirlas. Acudir al veterinario con frecuencia y conocer las características de la mascota antes de adquirirla también están entre las recomendaciones del Ministerio de Transición Ecológica, igual que no abandonarla en el medio natural.

Imagen | Pescador posa con un pez de la familia siluridae, primo lejano del capturado en el Ebro. Clenex en Pixabay

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