Acabamos de dar con un sorprendente remedio contra las plagas de hormigas argentinas: dosis de cafeína

Un innovador estudio ha acabado demostrando que esta especie invasora puede mejorar su aprendizaje y navegación con la cafeína

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La hormiga argentina (Linepithema humile) pasa por ser una de las especies invasoras más potentes (y presentes) en lugares como España. ¿La razón? Que a diferencia de sus “primas”, sus individuos son capaces de reconocer a miembros de otros hormigueros de la misma especie como si fueran del suyo propio. Ahora tenemos un nuevo elemento para combatir sus plagas: cafeína.

Hormigas “cafeínicas”. El enfoque del nuevo estudio partió de hechos conocidos. A saber: insectos como los abejorros ya habían mostrado mejoras de aprendizaje con dosis de cafeína. ¿Y si añadieran pequeñas dosis a los cebos para darles a las hormigas un “plus” de concentración en el camino de ruta, tanto de ida como de vuelta?

El problema de los cebos “ordinarios”. De fondo, lo que se buscaba era mejorar el control de plagas más efectivo del que se dispone hasta la fecha. Los cebos azucarados con veneno están bien, pero las hormigas han demostrado cada vez más resistencia debido a su mala absorción y/o abandono del mismo. Añadir la cafeína podría potenciar de forma cognitiva que los insectos consumieran más cebos venenosos dispuestos en el campo.

No solo eso. En este punto inicial se pensaba que también podría “enfocarlas”, que recordaran los caminos de regreso a través del aprendizaje y la navegación. Dicho de forma más mundana: "doparlas" con cafeína de la misma forma que lo hacemos los humanos al inicio de la jornada laboral.

Ant Nest

Lego, azúcar y café. El experimento se hizo con tres concentraciones de cafeína con las que observar cualquier efecto sobre la capacidad de las hormigas para localizar y volver a visitar una solución de azúcar. Así, configuraron un entorno de prueba utilizando un puente LEGO y una hoja de papel A4 sobre una superficie acrílica, donde colocaron gotas de solución de sacarosa mezclada con cantidades variables de cafeína.

Dosis de cafeína. Tal y como explican los investigadores, la dosis más baja utilizada es la que se encuentra en las plantas naturales, la dosis intermedia fue similar a la que se encuentra en algunas bebidas energéticas, y la cantidad más alta fue la denominada LD50 de las abejas, una dosis donde generalmente la mitad de estas mueren. Además, algunas soluciones no tenían cafeína.

Seguimiento automatizado. De las 142 hormigas del estudio, a cada una se le dieron cuatro intentos. Se monitoreó la velocidad y la dirección directa de sus caminos hacia y desde la recompensa de azúcar, y se permitió a las hormigas depositar la comida que habían recolectado entre las pruebas. También retiraron y reemplazaron el pedazo de papel para que las hormigas no pudieran seguir su propio rastro de feromonas hasta el lugar de la recompensa.

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Resultados. Las hormigas con dosis bajas o intermedia de cafeína tomaron un camino más directo hacia el cebo azucarado en cada prueba (con reducciones de tiempo del 28% y 38% por visita, respectivamente), lo que sugiere que habían recordado con éxito la ubicación de la recompensa. En cambio, las hormigas sin cafeína tomaron caminos más serpenteantes que no mejoraron con el tiempo.

Por último, la dosis más alta de cafeína no solo no produjo el mismo efecto, resultó fatal. En este punto, los investigadores recuerdan que no se trata de que las hormigas se muevan más rápido, sino más eficientemente. Por eso fue un éxito, ya que la cafeína no tuvo ningún impacto en el ritmo de las hormigas, pero sí redujo los giros y vueltas que daban para llegar allí.

Conclusión. El estudio indica que dado que las hormigas argentinas son una especie invasora extendida y costosa, el hallazgo de la cafeína podría contribuir a los esfuerzos para controlarlas. De hecho, ahora están probando cebos con cafeína en varios campos de España con la esperanza de que aumente la capacidad de las hormigas para aprender la ubicación del cebo y, a su vez, ayude a controlar el número usando menos veneno.

Imagen | Laure-Anne Poissonnier

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