Tu tarjeta gráfica puede ser mucho más eficiente sin perder FPS. El truco está en el "undervolting"

Tu tarjeta gráfica puede ser mucho más eficiente sin perder FPS. El truco está en el "undervolting"
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Las tarjetas gráficas dedicadas son esenciales para disfrutar de los videojuegos a buenas resoluciones y tasas de fotogramas por segundo, pero igual las podemos usar mejor. Es lo que sugieren algunos usuarios, que revelan cómo es posible reducir su consumo sin perder rendimiento. Para ello se aplica el llamado 'undervolting', un proceso inverso al mucho más conocido 'overclocking'. Atentos, porque la idea tiene sentido y ofrece además otras sorpresas interesantes.

Qué es el undervolting. Este proceso consiste en encontrar la frecuencia de reloj ideal para nuestra tarjeta gráfica y reducir el voltaje que se aplica lo máximo posible. Todas las gráficas que se fabrican cuentan con un perfil de rendimiento que se almacena en la BIOS de la gráfica. En esa curva se especifica cómo todas las tasas de reloj tienen asignado cierto voltaje específico. El problema es que esos valores no están ajustados para cada GPU, y es posible "calibrarlos" por nosotros mismos para que ese perfil de rendimiento sea óptimo.

Qué logramos. La consecuencia directa de hacer undervolting consiste en reducir el consumo de las tarjetas gráficas. Teniendo en cuenta que estos componentes son especialmente glotones de vatios —una RTX 3080 puede consumir unos 350 W— el ahorro puede ser importante, y eso se acabará notando incluso en nuestra factura de la luz. Hay varias herramientas que permiten hacer ese proceso tanto en gráficas de AMD como de NVIDIA, y básicamente el proceso consiste en prueba y error: cambias los parámetros, pruebas rendimiento y vas afinando hasta encontrar tu configuración ideal.

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La línea roja muestra FPS sin hacer undervolting en el benchmark de Final Fantasy XV. La línea verde muestra el rendimiento con undervolting: como se ve, no hay pérdida aparente, y estamos ahorrando consumo. Fuente: Gamerstar.

Jugarás igual de bien. Que reduzcamos el consumo no tiene por qué significar que perdamos rendimiento. Esa mala calibración de fábrica hace que sea posible ajustar la frecuencia de reloj y el voltaje de forma que no perdamos FPS al jugar y podamos seguir disfrutando del mismo nivel de detalle y resolución sin que la fluidez se vea comprometida.

Menos calentamientos y sobre todo menos ruido. Al reducir el consumo y afinar el comportamiento de nuestra GPU ganamos otras dos ventajas importantes. La primera, que la gráfica se calienta menos y por tanto la refrigeración del equipo no tendrá tanto trabajo. Y directamente relacionado con esto, esos sistemas de refrigeración ya no generarán tanto ruido, así que contaremos con equipos más silenciosos durante nuestras sesiones de juego.

El overclocking (probablemente) no sale a cuenta. La técnica del undervolting es esencialmente la opuesta al overclocking que tanto se aprovecha tanto en procesadores como en tarjetas gráficas. Forzar los componentes es interesante para algunos usuarios, pero las ganancias suelen ser limitadas y el coste —en consumo, ruido o inversión en refrigeración— compensa a los verdaderos entusiastas de este ámbito. Para muchos la mejora de rendimiento —un 1 o un 2% normalmente— es discutible, aunque ciertamente puede ser interesante para gamers con ganas de exprimir sus equipos al máximo.

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