Cómo WordPerfect conquistó al mundo para luego desaparecer casi por completo y ser rescatado del olvido

Cómo WordPerfect conquistó al mundo para luego desaparecer casi por completo y ser rescatado del olvido
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Si alguien te preguntara por la calle por el procesador de textos más importante de la historia, la respuesta más frecuente sería probablemente Microsoft Word. Si te lo hubieran preguntado en 1995, la respuesta habría sido muy distinta.

Por entonces si alguien quería trabajar en documentos de texto, la opción por defecto era un desarrollo llamado WordPerfect. Aquel procesador de textos acabó practicamente desaparecido, pero hay quien aún lo defiende y busca todo tipo de formas para poder seguir usándolo.

La carrera por la ofimática comenzó antes, con WordStar

WordStar, lanzado en 1979, fue el primer procesador de texto WYSIWYG (What You See Is What You Get), aunque fuera "textual": lo que se mostraba en pantalla era lo que obtendrías una vez imprimías el documento. También tenía atajos de teclado, otra de las características que hoy damos por sentadas pero que en aquella época fueron una pequeña revolución.

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El mítico WordStar ha vuelto a la fama gracias a George R.R. Martin.

Esas características permitieron que WordStar se convirtiera en un procesador de textos especialmente popular, pero la aparición de nuevas plataformas más potentes tuvo un impacto negativo en WordStar.

Otros procesadores de textos desarrollados para el cada vez más dominante IBM PC acabaron ofreciendo características específicas de estas máquinas con las que WordStar no pudo competir.

Aunque su desarrollo se abandonó en 1989, el célebre George R.R. Martin, autor de 'Juego de Tronos', dejó claro hace años que seguía usándolo para escribir sus novelas.

La era WordPerfect

Uno de los programas que acabó cogiendo el testigo de WordStar fue WordPerfect. En 1979 un estudiante de la Brigham Young University llamado Bruce Bastian comenzó el desarrollo de este procesador de textos junto a su profesor de informática allí, el Dr. Alan Ashton. La primera versión acabó apareciendo en 1981 y fue creada en ensamblador de los procesadores x86, y de hecho no comenzó a ser programado en C hasta su versión 5.1, que aparecería años más tarde.

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En 1983 se produjo uno de los hitos de la aplicación. Llegaba WordPerfect 3.0, que se aprovechaba de las opciones del sistema operativo MS-DOS y además añadía soporte para decenas de impresoras, algo que hasta entonces había sido una clara limitación: si querías imprimir algo en WordPerfect tenías que tener un modelo concreto de Epson u otro de Diablo.

También fue entonces cuando se integró el soporte de macros, otra de las características estrella de WordPerfect junto a ese característico funcionamiento de los atajos de teclado que permitían a los usuarios añadir todo tipo de características a los textos con unas rápidas combinaciones de teclas.

Cuando la empresa lanzó WordPerfect 4.2 en 1986 se produjo otro de los grandes logros de este procesador de textos. Con esa versión llegaba el soporte de la numeración de líneas y párrafos o las notas a pie de página, algo que fue clave para conquistar a los bufetes de abogados. De repente este desarrollo se convirtió en el estándar de facto para estos profesionales, pero aún había mejoras importantes.

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En 1989 apareció WordPerfect 5.1, una de las versiones más apreciadas por muchos usuarios (no tanto por otros) por su adopción de ideas que seguían centradas en DOS pero "apuntaban" al futuro de la interfaz gráfica. En esta edición se ofrecían menús desplegables, tablas, soporte para impresoras láser e incluso otra de esas pequeñas novedades que hoy damos por sentadas: la vista preliminar de impresión.

Auge y caída del procesador que conquistó el mundo

WordPerfect tenía tantas características que se vendía con un manual gigantesco de 600 páginas para documentar todas sus prestaciones. La empresa incluso tenía un equipo de soporte técnico por teléfono que llegó a contratar a DJs para amenizar la espera a los usuarios mientras esperaban a que les atendiese un agente.

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En 1993 WordPerfect tenía una cuota de mercado superior al 60% y el negocio acabó siendo adquirido primero por Novell en 1994 y más tarde por Corel en 1996, que pretendía convertirlo en la alternativa clara a un Microsoft Word que no paraba de ganar enteros.

La integraron en una suite, pero su llegada a Windows fue errática y Microsoft se aprovechó de aquello y logró imponer su suite, que además se comportaba de forma perfecta con Windows, también desarrollado por la empresa de Redmond.

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En ello tuvo parte de culpa el hecho de que Microsoft acertó enfocandose a que los usuarios aprovecharan la interfaz gráfica y el ratón en Word en lugar de los atajos que aún eran el foco en WordPerfect.

Tras la llegada de Windows 3.0 al mercado el crecimiento de Microsoft Word fue cada vez más notable, y la versión que WordPerfect preparó para este sistema operativo llegó tarde (dos años tarde, nada menos) y mal, con críticas negativas respecto a su adaptación al mundo de las ventanas y la interfaz gráfica.

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WordPerfect acabó perdiendo gran parte de su popularidad: de aquella cuota del 60% en 1993 y del 50% en 1995 se pasó a un segundo plano total, y en el año 2000 Microsoft Word dominaba de forma absoluta con un 95% de cuota de mercado. WordPerfect, eso sí, sigue vivo.

Hoy en día es posible usar WordPerfect de forma legal y gratuita

La supremacía total de Microsoft Word no acabó del todo con WordPerfect. Algunos bufetes de abogados y agencias gubernamentales, ya acostumbrados a las prestaciones de este procesador de textos, siguieron aprovechando sus prestaciones, aunque su cuota de mercado es muy reducida hoy en día. Curiosamente Corel sigue trabajando en nuevas versiones, y es posible comprar la suite ofimática WordPerfect Office 2021 en distintas ediciones (o probar sus versiones de evaluación).

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Más sorprendente aún es el hecho de que la pequeña comunidad de usuarios de WordPerfect siguió defendiendo esta aplicación como el procesador de textos ideal para ellos. Algunos de hecho trataron de lograr poder seguir utilizando las "viejas y buenas" versiones en ordenadores actuales, y uno de esos usuarios acabó ideando una forma de lograrlo.

Es posible por ejemplo ejecutar la versión de WordPerfect para DOS (llamada WPDOS) tal y como explica otro de los miembros de la comunidad, que además ha creado un sitio web que es todo un museo dedicado a este desarrollo (y no es el único con esa afición). Es una estupenda alternativa porque funciona, pero esa versión nunca fue hecha freeware, lo que hace que si no compraste el programa original estarías en peligro de violar los términos de la licencia.

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WordPerfect 3.5e. Fuente: Macintosh Repository.

Como explicaba este usuario, había otro camino para intentar disfrutar de WordPerfect en máquinas actuales: la versión WordPerfect 3.5e para Mac acabó siendo liberada y convertida en freeware. Eso daba pie para poder ejecutarla por ejemplo en un emulador, pero para poder usar ese emulador legalmente tenías que tener una copia en propiedad de MacOS 9, algo que de nuevo imponía una barrera más.

Había un tercer camino. Corel desarrolló una versión de WordPerfect para Linux que de hecho integró en su antigua distribución, Corel LinuxOS. Llegó a integrar en ella WordPerfect 8 para Linux, y ofrecía tanto la versión gratuita (con pocas fuentes) como una versión completa de pago.

El problema es que esa versión, que era de 1998, no funcionaba bien en distribuciones Linux modernas. Eso es precisamente lo que ha conseguido facilitar uno de los veteranos usuarios de WordPerfect, que además fue uno de los abogados que lo usó en los "viejos tiempos".

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Hace años comenzó a trabajar en lograr que otros pudieran usar esa versión de forma relativamente sencilla en sus equipos modernos. Creó la web xwp8users.com ("Ex-usuarios de WordPerfect 8"), y junto al resto de usuarios que participan en esa comunidad ha creado un script que permite instalar de forma automática WordPerfect 8.0 Downloadable Personal Edition (que se puede descargar gratuitamente) en diversas distribuciones Linux.

Gracias a ese esfuerzo es posible que cualquier usuario, sea o no fan de aquel desarrollo, pueda acceder a un procesador de textos que se resiste tenazmente a morir. Eso en tiempos de Word y de Google Docs (por no citar a otras alternativas como LibreOffice, por ejemplo) es, desde luego, todo un logro.

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