El superyate que Steve Jobs diseñó durante los últimos cinco años de su vida estuvo a punto de no llegar nunca a alta mar. No por un fallo técnico ni por un temporal, sino porque alguien denunció que los herederos de Jobs no habían pagado lo que debían. El barco Venus quedó incautado en el puerto de Ámsterdam por orden judicial sin posibilidad de realizar su viaje inaugural.
El responsable del bloqueo fue el diseñador Philippe Starck, que había trabajado junto a Jobs en el proyecto. Su demanda tenía una explicación que va mucho más allá de una simple factura impagada: fue un exceso de confianza con Jobs.
Cinco años diseñando el barco perfecto
Jobs se implicó en el diseño de su yate Venus con la misma obsesión que ponía en cada producto de Apple. Tal y como sucedió con Jony Ive con el diseño de los iMac, Macbook, iPod y, como no, con el iPhone, Jobs trabajó codo con codo con Philippe Starck durante años para definir cada detalle de cómo debía ser el Venus.
Desde la silueta exterior a las maderas de los interiores, buscando un resultado que combinara elegancia y tecnología de forma que ningún barco había logrado antes.
El acuerdo entre ambos se cerró con la misma informalidad que caracterizaba muchas de las relaciones de confianza Jobs. Starck cobraría el 6% del coste total del proyecto como compensación por su trabajo de diseño. Entre ellos no existía la más mínima duda de lo que ese trato implicaba.
El problema es que Jobs murió en octubre de 2011 sin haber visto el Venus terminado, y sin haber dejado zanjados la retribución final del diseñador. Tal y como explicó a Reuters el abogado que representaba a la empresa de Starck: "Estos chicos se tenían mucha confianza, así que no había un contrato muy detallado". Lo que en vida de Jobs era un pacto entre personas que se respetaban, se convirtió tras su muerte en una fuente de conflicto con sus herederos.
Dos cifras distintas para el mismo barco
La remuneración de Starck estaba vinculada al 6% del coste del Venus, un acuerdo que parecía sencillo hasta que llegó el momento de aplicarlo. El presupuesto original del proyecto rondaba los 150 millones de euros, lo que habría dejado al diseñador una comisión de 9 millones de euros. El problema es que el barco acabó costando 105 millones de euros, y los herederos de Jobs defendían que era ese coste final, y no el presupuesto inicial, la cifra sobre la que debía calcularse el pago.
Aplicando el 6% al coste real de construcción, la comisión de Starck se reducía a unos 6 millones de euros, tres millones menos de lo que él consideraba que le correspondían.
Ante la falta de acuerdo, Starck recurrió a una agencia de cobro de deudas y obtuvo una orden judicial que retuvo al Venus en el puerto de Ámsterdam sin posibilidad de hacer su viaje inaugural hasta que no se saldara la deuda. El portavoz del Puerto confirmó la situación a la BBC: "El barco es nuevo, pero hay una reclamación de 3 millones de euros sobre él. Las partes tendrán que resolverlo".
La disputa se resolvió tan solo unos días más tarde. Según informó Le Monde, los herederos de Jobs pagaron a Starck una cantidad que ninguna de las partes quiso hacer pública, y el Venus quedó libre para navegar. No hubo declaraciones ni detalles sobre si el pago se ajustó a lo que el diseñador reclamaba o si se llegó a un acuerdo intermedio.
El abogado de los propietarios del Venus no hizo ningún comentario público en ningún momento del proceso, el caso se cerró tan discretamente como había empezado, y el barco abandonó el muelle de Ámsterdam sin que nadie explicara cómo se había resuelto exactamente la cuenta.
El barco que Jobs nunca llegó a ver
El Venus es un superyate fácilmente reconocible por sus 80 metros de eslora y su afilada silueta de cintura alta simulando una cuchilla cortando las olas. El superyate fue construido en los astilleros Feadship de los Países Bajos, los mismos que construyeron el Launchpad de Mark Zuckerberg.
Su tecnología de navegación está gestionada por siete iMacs de 27 pulgadas instalados en el puente de mando, y el diseño interior combina vidrio, aluminio y madera con ventanas de tres metros de altura que inundan los espacios de luz.
Jobs nunca llegó a pisarlo. El Venus se entregó directamente a su viuda, Laurene Powell Jobs, un año después de la muerte del cofundador de Apple, y es ella quien lo disfruta desde entonces. Jobs fue consciente de que estaba diseñando un yate que tal vez nunca vería terminado. Walter Isaacson, recogía en su biografía de Jobs: "sé que es posible que muera y deje a Laurene con un barco a medio construir, pero tengo que seguir. Si no lo hago, es un reconocimiento de que estoy a punto de morir".
Imagen | Flickr (Jimmy Baikovicius), Feadship, Apple
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