Singapur es el "corazón" oculto de Internet y de las telecomunicaciones globales. Todo empezó con un árbol oriundo de allí

El árbol que conectó al mundo: por qué Singapur es el corazón olvidado de las telecomunicaciones globales

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Eva R. de Luis

Editor Senior

Vivimos en un mundo conectado y globalizado donde (casi) todo está en la nube y disponible través de internet. Aunque esas conexiones parezcan invisibles a la vista, no lo son: los cables submarinos se encargan del 97% del tráfico intercontinenal. Si echas un vistazo al mapa de los cables submarinos mundial, verás que hay zonas que son auténticos desiertos y otras que son marañas. Precisamente uno de los puntos más congestionados está en Singapur.

Que el enclave esté en plena ruta marítima entre Europa, Oriente Medio y Asia Oriental explica en parte por qué: la geografía es una razón de peso histórica. Sin embargo, el detonante real fue un médico escocés con mucha curiosidad y un árbol autóctono de la península malaya.

El impresionante nodo de Singapur. Que Singapur es el gran hub de conectividad de Asia es una realidad: une el Este de Asia, el Sur de Asia, el Golfo Pérsico, el Mediterráneo y Europa. Pero no es solo una zona muy transitada, está entre los grandes intercambiadores que mantienen el mundo conectado por su densidad de interconexión y su resiliencia operativa. En tan solo 720 kilómetros cuadrados de territorio convergen aproximadamente 30 cables activos y otros tantos en despliegue inminente, según TeleGeography

Para evitar que su fondo marino se convierta en un ovillo de cables, el despliegue está restringido a tres zonas específicas adjudicadas por riguroso orden de llegada y a ocho estaciones de aterrizaje. En el campus de Equinix está el Singapore Internet Exchange (SGIX), un punto donde literalmente se intercambia tráfico entre cientos de operadores de toda Asia a poquísima distancia física, lo que se traduce en una latencia ultrabaja. Además, su capacidad redundante es tal que cuando fallan otras rutas críticas es capaz de absorber desvíos de tráfico, como sucedió durante la crisis del mar Rojo en 2022.

Captura De Pantalla 2026 03 26 A Las 15 01 09 Esa maraña de cables es Singapur. Submarinecablemap

Contexto: la geografía como política de estado. En la realidad de Singapur como hub de primer orden tiene buena parte de culpa su ubicación estratégica: está en el extremo sur de la península malaya, donde el océano Índico y el mar de China Meridional se juntan. En pleno estrecho de Malaca, justo donde se convierte en el Estrecho de Singapur, su punto más angosto tiene solo 2,8 kilómetros de anchura y hay zonas por las que la profundidad ronda los 25 metros. Por allí pasan 80.000 barcos al año. Su posición es clave, pero hay un hito que lo marcó todo: en 1819 la Compañía Británica de las Indias Orientales obtuvo el derecho a establecer un puesto comercial allí. 

Desde entonces, el estrecho de Malaca es un sospechoso habitual del comercio internacional: es por donde pasa buena parte del petróleo mundial (más incluso que por Ormuz, de rabiosa actualidad con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán). Es una de las puertas de China al mundo. Y también la zona por donde pasa cualquier cable que une Occidente con Asia Oriental. Muchos barcos, muchos cables y poco espacio constituyen una receta potencial para el desastre, que su gobierno gestiona de forma concienzuda y sigue promoviendo con condiciones regulatorias favorables para atraer más cableado. 

El material que inició los cables submarinos. Hemos hecho un pequeño flashback hasta el siglo XIX con la Compañía Británica de las Indias Orientales que ahora volvemos a retomar. Cuando en 1822 el cirujano escocés William Montgomerie se encontraba en Singapur precisamente al servicio de la East India Company, algo le llamó poderosamente la atención: los mangos de parang (una especie de machete) estaban hechos de un material que parecía madera plástica.

Eso sí, a diferencia de la madera, este material no se astillaba, era resistente a los impactos, se amoldaba a las manos de los trabajadores y era inmune al agua. Una maravilla, vamos. Un material con unas propiedades que no había visto en su vida, así que envió una muestra a Londres para su exhibición en la Sociedad de las Artes. En la cabeza de Montgomerie no había cables, lo que tenía en mente eran instrumentos quirúrgicos. En 1845 la Society le premió y los ingenieros empezaron a trabajar con esa sustancia prodigiosa.

Palaquium Gutta Kohler S Medizinal Pflanzen 099 Ilustración del Palaquium gutta . Franz Eugen Köhler, Köhler's Medizinal-Pflanzen - (1883) Köhler’s Medizinal-Pflanzen in naturgetreuen Abbildungen mit kurz erläuterndem.

El plástico antes del boom de los plásticos. La gutapercha es la savia seca de árboles oriundos del archipiélago malayo como el Palaquium gutta, un látex natural que al enfriarse se vuelve rígido y con propiedades impermeables, resistentes al agua salada y aislante de la electricidad. Teniendo en cuenta que la baquelita no llegó hasta 1907, en el siglo XIX era el único material con ese magnífico combo de propiedades ideal para aislar un cable eléctrico en el fondo del mar. En esa época no había fibra óptica, pero sí telégrafo.

La rápida industrialización de la gutapercha. La ingeniería británica pisó el acelerador y para 1851 ya teníamos el primer cable submarino con gutapercha cruzando el Canal de la Mancha, de la mano de los  hermanos Jacob y John Watkins Brett. El "sistema nervioso" del imperio británico creció a velocidad vertiginosa: para 1866 tenía 15.000 millas náuticas y para 1900 alcanzó las 200.000 millas náutica. 

Singapur ya estaba en el mapa del cableado gracias a la conexión de Londres con Hong Kong a través de la India y el Estrecho de Malaca, tendido por la British-Indian Submarine Telegraph Company. En ese tramo de costa donde llegaba el cable en 1871 es donde hoy pasan los cables de Meta o Google por idénticas razones geográficas que ahora, siglo y medio después.

El drama ambiental. Ya hemos visto que en Occidente hubo auténtico furor por la gutapercha, cuya obtención tenía letra pequeña: a diferencia del caucho, no bastaba con sangrar el árbol, había que cortarlo, quitarle la corteza y hervirlo. Un árbol adulto producía entre uno y siete kilos. Para el primer intento de cable transatlántico, que data del año 1858, requería una barbaridad: para 2500 millas náuticas de longitud (4630 km) hacían falta 300 toneladas.  Solo dos años después de que Montgomery presentase la gutapercha al viejo continente, Tomas Oxley estimó que las 412 toneladas exportadas a Europa entre habían provocado la tala de 69 000 árboles. 

El Palaquium gutta desapareció de Singapur para 1857 y de gran parte de la Península Malaya y Borneo para los años 1880. El Imperio Británico había construido su red de comunicaciones sobre un recurso que estaba devorando a ritmo insostenible. De hecho, una de las primeras políticas de la gestión forestal de la historia pasa por las plantaciones controladas de los Royal Botanic Gardens de Kew y el Jardín Botánico de Singapur, como cuenta John Tully en su paper sobre este desastre ecológico victoriano.

Gutapercha, contigo empezó todo. La "buena noticia" para el árbol es que el ocaso de la gutapercha como material para fabricar cables llegó con la era de los polímeros sintéticos, allá por los años 30 - 40. Durante aproximadamente 80 años ese material descubierto por casualidad en manos de trabajadores singapurenses fue uno de los materiales más críticos del planeta.

El ascenso de Singapur como hub no fue casualidad, sino una simbiosis: proporcionó la piel que protegía los cables y a cambio, el Imperio Británico se aseguró de convertir a la isla (el archipiélago, en realidad) en el corazón donde latían todas las comunicaciones del hemisferio oriental, un rol de hub global que Singapur conserva hasta hoy, mucho después de que la fibra óptica reemplazara al telégrafo.


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