Cuando se lanzó Sora muchos asumieron que era "la muerte de Hollywood". Año y medio después, Sora ya no existe

Sora cierra y Hollywood sigue en pie: el hype de la IA generativa se cobra una nueva víctima

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John Tones

Editor Senior - Entretenimiento
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En febrero de 2024, OpenAI publicó en X una ristra de vídeos generados por IA con su nuevo modelo, Sora. Aunque hoy, después de los avances de dos años, se sienten incluso anticuados, en su momento el resultado era lo suficientemente convincente como para que los medios de todo el mundo empezaran a titular que Hollywood tenía un problema muy serio. Dos años después, Sora no existe.

Efecto pánico. El efecto de esta presentación con vídeos fue inmediato: MIT Technology Review, por ejemplo, los calificó de "impresionantes", aunque advirtiendo que probablemente habían sido escogidos y no eran representativos del output habitual. Eso no frenó la narrativa: durante semanas, la conversación dominante en los medios especializados fue que los estudios cinematográficos estaban ante una herramienta de sustitución casi perfecta: actores sintéticos, decorados generados en segundos, postproducción automatizada...

Los sindicatos de Hollywood, que habían firmado acuerdos con los estudios el año anterior tras una huelga histórica volvieron a poner el tema sobre la mesa. 

Dos bombazos. La historia de Sora tiene dos momentos de pánico mediático, separados por dieciocho meses. El primero llegó en febrero de 2024, con la presentación del modelo descrita más arriba. Se habló de que Hollywood tenía un problema grave, que la herramienta de sustitución casi perfecta ya existía y que los estudios no estaban preparados para enfrentarse a esta amenaza.

El segundo llegó con el lanzamiento de Sora 2 en septiembre de 2025, con rostros reales isertados en vídeos generados por IA y con propiedad intelectual ajena por defecto, salvo que los prompts pidieran expresamente lo contrario. Todo ello multiplicó el volumen y la intensidad de la alarma en Hollywood y los medios.

Qué se dijo. En febrero de 2024, la cobertura del primer modelo de Sora mezcló asombro y alarma en proporciones similares. Fortune comentó que OpenAI había desplazado la batalla de la IA generativa directamente a Hollywood. NBC News preguntó a cineastas si esto era el fin de Hollywood, y algunos respondieron que todavía no. IndieWire intuyó que Sora podía significar el apocalipsis del cine. 

El ciclo de titulares apocalípticos con Sora 2 fue bastante más intenso. CNBC declaró que la app estaba retando a Hollywood y causando pánico en la industria del cine. Deadline dijo que Hollywood estaba en carne viva. LA Times habló de una batalla que se agudizaba y de una tormenta de fuego desatada en el sector. Slate, en fin, habló de cómo la IA estaba a punto de aplastar Hollywood tal como lo habíamos conocido. 

Lo que pasó entonces. El pánico se acrecentó en diciembre de 2025, cuando Disney, la empresa de entretenimiento más cuidadosa del mundo con su propiedad intelectual, firmó con OpenAI un acuerdo de tres años: inversión de 1.000 millones de dólares y acceso a más de 200 personajes de Disney, Marvel, Pixar y 'Star Wars' para que los usuarios de Sora los generaran en sus vídeos. Disney+ emitiría una selección curada de esos contenidos. Era la legitimación definitiva, que solo ha durado 90 días. OpenAI ha cerrado Sora antes de que haya cambiado de manos un solo dólar.

Problemas con la propiedad. Los problemas de Sora no han sido únicamente financieros. La app ha acumulado una larga lista de controversias: deepfakes de figuras públicas fallecidas, uso masivo de personajes con copyright sin permiso previo, y la aparición de herramientas externas para eliminar las marcas de agua que identificaban el contenido generado por IA. En noviembre de 2025, CODA (asociación japonesa que representa, entre otros, a Studio Ghibli y Square Enix) envió una carta formal a OpenAI exigiendo que dejara de usar su propiedad intelectual para entrenar el modelo. Las familias de Robin Williams y George Carlin pidieron públicamente que se bloqueara la generación de vídeos con sus imágenes. Moderar contenido de vídeo generativo a escala resultó ser mucho más complejo que moderar texto o imagen.

Las consecuencias del hype. El analista Ed Zitron criticó esta actitud de los medios, afirmando que no cubrieron el lanzamiento de Sora sino que amplificaron su marketing. Decir que Sora era una amenaza real para Hollywood era, desde el principio, una extrapolación construida sobre demos seleccionadas y clips de pocos segundos. Miles de profesionales del audiovisual pasaron meses convencidos de que su industria estaba a punto de ser sustituida por una herramienta que, según los propios números de OpenAI, nunca encontró suficientes usuarios dispuestos a pagar 200 dólares al mes por ella.

El ciclo del hype tiene consecuencias reales: infla expectativas que no se cumplen, genera decisiones defensivas costosas, y cuando el producto cierra, nadie hace balance crítico. La cobertura de Sora es un caso claro de libro sobre sobre cómo la amplificación acrítica de demos tecnológicas puede confundirse con análisis de industria, y el daño que esa actitud puede llegar a hacer.

Hollywood sigue vivo. El cierre de Sora no borra de un plumazo el sector del vídeo generativo: Runway, que rechazó una oferta de adquisición de Meta, lidera actualmente el sector con su modelo Gen-4.5, junto a Veo 3.1 de Google y de los modelos chinos Kling y Seedance. Estas herramientas están absorbiendo el espacio que OpenAI abandona. A quien no absorbe nadie es a Hollywood. La industria cinematográfica, con todos sus problemas (reorganizaciones, caída de la taquilla, amenaza del streaming), sigue siendo un negocio rentable construido sobre décadas de creación bien asentada, cadenas de distribución y franquicias que ningún modelo generativo puede replicar con un prompt

La pregunta no es si la IA transformará la producción audiovisual (lo está haciendo ya, en postproducción, previsualización y creación de contenido de marketing) sino en qué plazos reales y bajo qué modelos económicos viables. Por ahora, el mercado responde que generar vídeo fotorrealista a escala masiva es computacionalmente carísimo y que los usuarios de consumo no están dispuestos a pagar lo que cuesta. Que Disney firmara con Sora no era evidencia de que Hollywood estuviera en peligro. Era, más bien, evidencia de que los grandes estudios quieren estar en la conversación de la IA, no fuera de ella.

En Xataka | La estrategia de Seedance era copia primero, viraliza después y recula más tarde. Hasta que Hollywood dijo "basta"


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