EEUU ha enviado a Irán 15 puntos para poner fin a la guerra. También ha enviado un plan B tan explosivo como desconcertante por el aire

En estos momentos por ahora hay dos mensajes diametralmente distintos al mismo tiempo, y ambos siguen activos

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Miguel Jorge

Editor

En la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética llegaron a mantener negociaciones abiertas mientras, al mismo tiempo, desplegaban miles de tropas y armamento nuclear en puntos clave del planeta. En realidad, aquella lógica de hablar y presionar a la vez nunca ha desaparecido y sigue siendo una de las constantes más reconocibles de los conflictos modernos.

Los 15 puntos. Primero la vía oficial. Estados Unidos ha enviado a Irán un plan de 15 puntos para intentar poner fin a la guerra, utilizando a Pakistán como intermediario y con la intención de frenar un conflicto que ya afecta a los mercados energéticos y a la estabilidad regional.

El documento aborda cuestiones clave como el programa nuclear, los misiles balísticos y la seguridad marítima en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, no está claro si Irán ha aceptado siquiera discutirlo ni si Israel respalda el contenido. Además, gran parte del plan parece basarse en propuestas anteriores que ya fueron rechazadas, lo que pone en seria duda su viabilidad real.

La diplomacia no detiene la guerra. Aunque Washington presenta el plan como una vía de salida, la realidad sobre el terreno es bien distinta. Las operaciones militares han continuado sin pausa dentro de esa campaña con nombre de película de Michael Bay, Epic Fury

De hecho, Estados Unidos e Israel han seguido atacando infraestructuras militares iraníes mientras Irán mantiene el lanzamiento de misiles y la presión sobre el tráfico marítimo. La propia Casa Blanca ha dejado claro que las negociaciones no sustituyen a los objetivos militares. Dicho de otra forma, la situación genera un escenario en el que la diplomacia avanza en paralelo a una escalada que no se detiene.

F 35c Usmc F 35c

El despliegue terrestre. Al mismo tiempo que se habla de acuerdos, Estados Unidos sigue enviando y aumentando su presencia militar en la región. Ya son cerca de 7.000 nuevos efectivos los enviados en pocos días, incluyendo unidades de la 82ª División Aerotransportada y marines preparados para operaciones rápidas. 

¿Para qué? En teoría, estas fuerzas pueden actuar en escenarios concretos como la toma de puntos estratégicos o la reapertura de rutas marítimas en Ormuz. Qué duda cabe, su despliegue no responde a una retirada, sino a la ampliación de opciones militares disponibles si la negociación fracasa.

Capacidades avanzadas por aire. El refuerzo no se limita a tropas terrestres. También han aparecido nuevos aviones de combate como los F-35C, unidades que están siendo desplegadas hacia el área de operaciones, sumándose a una fuerza aérea ya de por sí muy amplia. 

Estos sistemas aportan capacidades de ataque de precisión, apoyo cercano y superioridad aérea. No solo eso. también se han detectado movimientos de otros activos como aviones de operaciones especiales y sistemas de engaño contra defensas antiaéreas. En definitiva, todo apunta a una preparación para escenarios más complejos que una simple contención

Si el plan de los 15 puntos no sale, el plan B está listo para actuar. 

B2 Spirit 1

Los B2 extraños del plan B. En ese contexto destacan sobremanera los bombarderos B-2, que están operando desde territorio estadounidense y han aparecido con unas modificaciones visibles en sus alas que no han sido explicadas por fuentes militares. 

Contaban los analistas de TWZ que estos cambios podrían estar relacionados con sensores, guerra electrónica o mejoras en su capacidad de supervivencia, pero no hay confirmación oficial. Su papel, como casi siempre, se antoja clave para Washington porque son los únicos capaces de atacar objetivos altamente protegidos a larga distancia. Su presencia, junto con estas modificaciones, refuerza la idea de que desde Estados Unidos se están preparando capacidades específicas para fases más exigentes del conflicto.

Un plan que no se parece a una negociación. La combinación de todos estos movimientos dibuja un escenario bastante claro. Mientras se presenta una propuesta de paz de manera pública, se despliega al mismo tiempo una arquitectura militar cada vez más amplia, con unidades como esos B2 con adiciones que pocas veces se habían visto en otros conflictos. 

Un contingente de tropas, cazas, bombarderos estratégicos y refuerzos navales que se acumulan en la región, lo que sugiere que Washington no está apostando únicamente por una solución negociada. Más bien, se está preparando una alternativa en la que la presión militar aumente si las conversaciones no avanzan.

Una guerra desconcertante. En los últimos meses hemos visto escenas de soldados controlando ametralladoras montadas en drones con dispositivos como una Steam Deck, operaciones a distancia que parecían marcar el rumbo definitivo de la guerra moderna. Se ha hablado de inteligencia artificial, de enjambres de drones y de combate remoto como nuevo estándar. Sin embargo, en paralelo, Estados Unidos prepara el envío de miles de paracaidistas (alrededor de 3.000), una capacidad diseñada en el siglo XX para tomar posiciones clave de forma rápida.

La imagen es difícil de encajar por su anacronismo. Mientras una parte del conflicto apunta a la automatización total, otra recupera formas clásicas de despliegue masivo de tropas. Esa convivencia no es una anomalía, es la señal de que la guerra actual no sustituye lo anterior, o no del todo, sino que lo acumula. 

Dos caminos abiertos. El resultado de todo ello es una estrategia que avanza en paralelo. Por un lado, un intento de acuerdo con múltiples condiciones extremadamente difíciles de aceptar para Irán. Por otro, un despliegue que permite escalar rápidamente la guerra si es necesario. 

La clave en estos momentos y en los próximos días será si alguno de estos caminos se impone sobre el otro. Porque, por ahora, Estados Unidos ha enviado dos mensajes diametralmente distintos al mismo tiempo, y ambos siguen activos.

Imagen | USAF, US Army

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