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El valenciano que vio Silicon Valley y se vino arriba creando un Internet descentralizado

El valenciano que vio Silicon Valley y se vino arriba creando un Internet descentralizado
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Fran Villalba Segarra nació en Valencia, en el año 1997. Antes de cumplir las dos décadas ya tuvo escarceos en las empresas digitales: con 13 aprendió a programar para tener algo que hacer durante un verano en el que se rompió la pierna, luego montó su propio servicio de hosting que acabó vendiendo "por dos duros", como reconoce, y más tarde parió otra plataforma para crear webs de forma visual. Finalmente, tras estudiar el Bachillerato Internacional en Valencia, se marchó a Rotterdam a estudiar ADE. Hoy trabaja para crear un nuevo Internet. Uno descentralizado, de nombre Internxt.

La idea con Internxt desde el principio fue crear una nube descentralizada en la que sus usuarios pudiesen almacenar fragmentos cifrados de los archivos del resto de usuarios, e incluso de apps y páginas web

Fran, que nos recibe en Valencia, es relativamente callado hasta que se pone a hablar de su idea, cuando se dispara como un resorte. "Me fijo en Elon Musk o en Steve Jobs por el enorme trabajo que hicieron, incluso antes de que fueran famosos, eso es lo que les admiro".

La idea de Fran en 2017 era crear un servicio de alojamiento en la nube P2P que en lugar de almacenar los archivos en un servidor propiedad de la empresa los custodiase en multitud de ordenadores de otros usuarios en pequeños trozos cifrados gracias a Blockchain. De ahí la "descentralización". Ese servicio en la nube tenía una vocación clara: poder reemplazar a Google Drive, iCloud Drive, OneDrive o Dropbox para la mayoría de los usuarios. Un escarceo mayor. Los usuarios que acepten alojar esos fragmentos cifrados de archivos de terceros en su equipo recibirán a cambio un pago... efectuado en la criptomoneda con la que la empresa hizo su ICO en septiembre de 2017 y mediante la que logró 200.000 euros para arrancar. El objetivo mínimo que se planteaba como viable (el máximo eran 30 millones de euros), pero alcanzado al fin y al cabo.

ICO en 2017, nueva ronda de inversión en 2020

En 2017, la idea era enfocarse en ofrecer una gran interfaz de usuario, similar a las de las grandes empresas con productos de almacenamiento en la nube como los antes mencionados. Facilidad de uso y precios competitivos, que en aquella época estaban en el entorno de los diez euros mensuales a cambio de 1 TB de almacenamiento, hoy ya duplicado.

En aquel momento, había un precedente exitoso, también made in Spain, de una ICO similar: tres meses antes, Jorge Izquierdo y Luis Iván Cuende hicieron lo propio con su startup Aragon llegando a conseguir 25 millones de dólares de inversión procedentes de más de 2.400 personas que a cambio también recibían tokens intercambiables por ethers.

En el mercado ya había alguna alternativa con una idea similar, al menos en parte: Storj. Pero para Fran, su funcionamiento era demasiado lento, al nivel de que "para cuando tu archivo acabe de subirse, quizás ya ni lo necesites". Buceando en comunidades en torno a servicios como Storj vemos que sí hay quejas sobre su funcionamiento, centradas, más que en su velocidad de subida, en el elevado consumo de recursos que hace trabajando en segundo plano. También hay quejas sobre su soporte técnico, precisamente en un servicio extremadamente técnico. Preguntamos a DoX, un barcelonés usuario de Storj y apasionado por Blockchain, por estas cuestiones:

"La idea de Storj es buena, descentralizar la nube. Cuando te das de alta puedes usar el mismo almacenamiento que tú compartes. Es decir, si ofreces 50 GB de espacio en tu ordenador, a ti te dan gratis 50 GB. Es una forma de optimizar el almacenamiento en el mundo, piensa en la cantidad de ordenadores personales y servidores que desperdician su capacidad. Luego también puedes pagar por más espacio, o recibir pagos en SJCX [Storjcoin X, la propia criptomoneda de Storj] a cambio de ofrecer el espacio de tu ordenador".

"El problema es que en una granja de servidores de un Dropbox que conectan con el usuario la complejidad es menor que en un servicio así. Claro que Storj funciona peor en ese sentido que Dropbox o Google Drive, pero es que es normal, no es cosa de Storj es la propia arquitectura, al menos con la tecnología actual. Incluso MaidSafe lleva años queriendo lanzarse al público y todavía no ha podido".

"Los beneficios son otros. Es como quejarte de que un coche eléctrico no tiene tantos puntos de carga específicos como gasolineras hay en España. Se supone que si te compras un coche eléctrico hoy es porque tienes conciencia ecológica y estás dispuesto a incomodarte un poco con las recargas a cambio de beneficiar al planeta librándole de emisiones. Con esto funciona igual: usas nubes descentralizadas porque es bueno descentralizar Internet".

Quedó demostrado que un sistema como el que propone Internxt es posible, pero eso no despejaba las dudas sobre su viabilidad a nivel de negocio ni tampoco sobre que su experiencia de usuario vaya a ser la misma que con Dropbox o Google Drive. Sobre ello preguntamos a Pablo F. Iglesias, CTO de la consultora de Social Intelligence SocialBrains:

Pabloyglesias Charla

"El mayor obstáculo en un sistema así está en lograr que no se puedan desanonimizar las conexiones. Las redes descentralizadas son más robustas en cuanto mayor es el volumen de gente que las use, de nodos. Si hay pocos nodos, puede haber una agencia o alguien que tenga los suficientes recursos para conseguir que lo que es descentralizado pase a centralizado. Lo hemos visto con casos como los de la NSA o el de Tor, en la práctica hay maneras de atacar la privacidad."

"Desde el punto de vista de la seguridad, depende de cómo se implemente Blockchain. Hace poco hubo una ICO de Ethereum y muchos medios se hicieron eco de que fue un fracaso porque hubo gente que consiguió trasladar fondos de esa ICO a otra cartera. El problema no fue la tecnología, sino cómo estaba implementada. Blockchain era usado para fabricar las criptomonedas pero no para guardarlas, ahí fue donde atacaron. Con esto igual, dependerá de su implementación, de lo buena que sea".

"Desde el punto de vista de negocio... yo abogo mucho por implementar esto, entornos descentralizados. Pero siempre que se ha intentado montar algo así para gente normal, y no solo los nerds, ha salido mal. Mira Diaspora por ejemplo hace unos años. Todo lo que se ha intentado hacer a este nivel o no ha encontrado la forma de hacer negocio o no ha tenido apoyos. Ojalá funcione ahora y podamos caminar hacia un entorno descentralizado".

"Respecto a la privacidad, lo que decía, depende del volumen. No hay un número "ideal" de nodos para ser menos vulnerable, eso dependerá del nivel de recursos que tengan "los malos". Mira Tor: lo usa muchísima gente y pese a ello se calcula que la NSA controla de alguna forma, directa o indirecta, sobre un 30% de los usuarios. Si tienes el primer o el último nodo de la comunicación es relativamente más sencillo desanonimizar la conexión. Con Blockchain pasa algo parecido. De todas esto lo puede hacer una agencia gubernamental grande o una industria del cibercrimen, no cuatro chavales".

Tres años después de la publicación original de este artículo, Internxt ha avanzado a buen ritmo: en marzo de 2020 logró 200.000 euros más de financiación por parte de la plataforma de Equity Crowdfunding 'SociosInversores.com'. Su plataforma, Internxt Drive, ya incluye un servicio en la nube que encaja con lo prometido tres años atrás: 9,99 euros al mes a cambio de 2 TB (abaratables mediante compromisos de seis o doce meses) además de ofertas más económicas para 20 o 200 GB, y otra gratuita de 2 GB. Además, forma parte de las startups elegidas por la aceleradora Lanzadera, con la que comparte tierra.

Próximamente ofrecerá Internxt Send, un sistema para enviar y compartir archivos grandes de forma simple y rápida, muy al estilo del popular WeTransfer o del Firefox Send que casualmente acaba de cerrar sus puertas en medio de una época de contracción para Mozilla.

¿Problemas legales?

Sobre las dudas adicionales que pueden envolver a un servicio así está el evidente caramelo que supone para quien almacena y distribuye contenido ilegal, como pueden ser pedófilos, un servicio así, y el peligro para quien puede acabar almacenando parte de ese contenido en su ordenador. Cuando preguntamos a Fran por ello, da una respuesta sorprendente:

"Desde un punto de vista legal, el usuario que aloja ese fragmento no tendría problema, porque no tiene más que ese pequeño fragmento. El problema puede venir por no saber de quién es ese contenido, y para ello vamos a pedir una identificación con el DNI, o el pasaporte, etc, de cada usuario que se registre. Así, si el sistema detecta contenido sospechoso, podemos incluso combatirlo sabiendo quién lo subió. De todas formas con ese sistema, ese tipo de gente ya no se va a querer registrar. No queremos ser un Mega 2.0 que está pensado para distribuir archivos, queremos que sea un servicio para gente normal, como tú y como yo, que tenga ahí sus archivos sincronizados entre dispositivos y su copia de seguridad".

¿Realmente es así? Sergio Carrasco, abogado especializado en Derecho Público y Derecho Tecnológico consultor en FASE Consulting, nos responde:

Sergio Cm 2

"Este tipo de servicios no son más que una evolución de los servicios típicos de hospedaje. Cambiamos la base de la estructura a través de la cual prestamos el servicio, pero los usuarios los utilizan para la misma finalidad. Por lo tanto, resultarían de aplicación las exclusiones de responsabilidad que se contemplan en la Directiva sobre Comercio Electrónico y la LSSICE [Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico]".

"Estas exclusiones actuarían como primer filtro, no pudiendo ser responsables de los contenidos si actuaran para retirarlos. Lo mismo es aplicable a Dropbox, Google Drive, o incluso se ha utilizado como base para la no responsabilidad (salvo excepciones) por los comentarios en blogs".

En pocas palabras, Internxt solo sería responsable de ese contenido troceado y cifrado si, tras tener conocimiento efectivo de su existencia, no actuase para retirarlos. De la misma forma sucede con servicios tradicionales como Dropbox. El hecho de que parte de estos archivos ilegales se alojen en ordenadores de particulares, que saben que tienen fragmentos de archivos de otros pero no saben ni pueden saber qué son, no cambia la narrativa desde el punto de vista legal: la responsabilidad recae sobre la empresa únicamente si se resiste a cooperar con su eliminación una vez se le reclama. Sergio matiza sobre los diferentes tipos de sistemas de almacenamiento descentralizado:

"El problema surge en plataformas en las cuales una vez incorporado el contenido no resulta posible su eliminación por parte del administrador. Eso contravendría lo contemplado en la normativa (la necesidad de actuar una vez se cuente con conocimiento efectivo de que se está produciendo la infracción), con lo cual habría que ver qué sucede".

Este tipo de plataformas son las que corresponden a un servicio en blockchain que será permanente y no controlado. No es el caso de Internxt. ¿Ha visto el mercado alternativas similares? Sí, existen proyectos de nubes descentralizadas como MaidSafe, que arrancó en 2006 y no llegó hasta 2019, o IPFS, del español Juan Benet y que llegó a aparecer en Motherboard.

Internxt ya tiene un presente rentable gracias a su servicio para el consumidor final, según su creador, y pronto espera lanzar el producto B2B (orientado a las empresas), así como el mencionado Send o también Photos, centrado en copias de seguridad de fotografías.

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