Hemos tardado más de dos siglos en descifrar este manual de exorcismos: la sorprendente historia de Harley MS 2874

Hemos tardado más de dos siglos en descifrar este manual de exorcismos: la sorprendente historia de Harley MS 2874
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Sobre el papel Lord Edward Harley (1689-1741) era un aristócrata, un gobernante, pero lo que realmente le gustaba al conde de Oxford y Mortimer, lo que de verdad le quitaba el sueño, era el coleccionismo. Le pirraban el arte, las monedas, los grabados, las medallas, antigüedades... Y sobre todo los libros, una pasión que heredó de su padre junto a una abultada biblioteca con más de 600 volúmenes. A lo largo de su vida y gracias a la ayuda de empleados que se pateaban el extranjero a la caza de legajos extravagantes, Edward llegó a sumar miles y miles de manuscritos.

Cuando murió en 1741 todo aquello pasó a su viuda e hija, quienes en 1753 decidieron vender semejante montaña de papeles al país por unas 10.000 libras. Con el tiempo la conocida como Colección Harley —un legado que supera los 7.000 manuscritos, 14.000 cartas y 500 rollos— acabó siendo uno de los primeros fondos de la British Library. A pesar de su valor, del tiempo que lleva en manos de expertos y de que contiene algunas joyas, como el Salterio de Harley o el Libro de la Reina, el material sigue dejándonos alguna que otra sorpresa. Y de calado, además.

La última: un manual de exorcismos que hemos tardado al menos dos siglos en descifrar.

Su historia es casi tan intrigante como su contenido.

"Cpnkxratkp malkgnprum"

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Entre las páginas y páginas del legado de la familia Harley se incluía un manuscrito catalogado como MS 2874 al que nunca nadie prestó demasiada atención. El motivo: no había forma de entenderlo. El texto arrancaba en tinta roja y con un galimatías total, casi como si su autor se hubiese dedicado a juntar letras al azar: “Cpnkxratkp malkgnprum spkrkxxm”. Un sinsentido absoluto.

Semejante inicio no debió de gustar demasiado a los expertos que en 1808 se encargaron de catalogar los viejos manuscritos de la Colección Harley porque en sus notas se limitaron a describirlo —un poco a ojo de buen cubero— como parte de un breviario, un tipo de libro de oraciones bastante común en la liturgia cristiana. En cuanto a las fechas, calcularon que databa del siglo XIV.

No se le dio más vueltas al asunto. Y durante 211 largos años los responsables de la Colección de Harley siguieron pensando que lo que ocupaba sus estantes con el anodino nombre de MS 2874 era un breviario de ortografía macarrónica. Hasta ahora. En 2019 los especialistas de la British Library se pusieron a revisar los fondos y se dieron cuenta de que algo fallaba en el trabajo que habían hecho sus predecesores en 1808. Al repasar las páginas de MS 2874, sencillamente, se encontraron con que no contenía ninguno de los textos que uno podría esperar en un libro de rezos.

Lo que tenían delante era algo distinto: un código de escritura secreto.

Y uno no muy elaborado, todo sea dicho.

Su método de cifrado es relativamente conocido por los expertos en la materia: reemplaza las vocales por las letras que les siguen en el alfabeto. Con esa clave y unos buenos conocimientos de latín, los historiadores se pusieron manos a la tarea y se lanzaron a descifrar el título. La sorpresa fue mayúscula. Del obtuso “Cpnkxratkp malkgnprum spkrkxxm” pasaron a “Coniuratio malignorum spirituum". En otras palabras, lo que tenían era “La Conjuración de los Espíritus Malignos”.

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No un breviario.

No un libro de rezos.

Un manual para exorcistas en toda regla, digno de la novela de William Peter Blatty.

Lo esperable a estas alturas de la historia sería que los expertos se hiciesen preguntas sobre el contenido del manuscrito, sus versos, qué rituales describe y cómo aconseja tratar a los poseídos. Quizás lo más curioso de MS 2874 es que —¡Sorpresa!— ya lo sabían. Y lo sabían porque el manual en realidad es una copia manuscrita de una obra relativamente conocida por los expertos y de la que se conservan cerca de una treintena de ejemplares impresos en Roma y Venecia durante los siglos XV y XVI. El verdadero enigma de MS 2874 es otro : por qué su autor decidió encriptarlo.

El libro de la colección de Harley data más o menos de 1500 y si en algo es peculiar es en que, a diferencia del resto de ejemplares impresos, sus indicaciones están codificadas. En vez de “Coniuro te diabole”, por ejemplo, escribe “Cpnkxrp tf dibbplf” y donde debería poner “Memento Lucifer” incluye un incomprensible “Mfmfntp lxckffr”. “Dado que ninguna de las versiones italianas contiene escritura secreta es casi seguro que el manuscrito de Harley fue encriptado por el escriba que lo copió. Pero, ¿por qué lo hizo?”, recoge el artículo que dedica el blog de la Britsh Library al caso.

Eso, ¿por qué?

La respuesta solo la tiene el escriba que se encargó de copiar el documento, pero los expertos han conseguido algunas claves que nos permiten formular hipótesis bastante convincentes.

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Edward Harley.

La mejor pista la deja la primera página del manuscrito, un folio reciclado por el amanuense y en el que los investigadores lograron identificar un viejo texto desvaído. El documento en cuestión —visible gracias al uso de luz ultravioleta— es un indulto real otorgado por el monarca Enrique VI a William Babington, abad de la abadía benedictina de Bury St Edmunds, en Suffolk, entre 1446 y 1453.

Con ese dato claro la conclusión a la que llegaron los investigadores es que el —o tal vez los— amanuense era un monje de Bury St. Edmunds, un religioso inglés que probablemente no estaba familiarizado con los manuales de exorcismo que circulaban por el continente y debió de ver en aquella obra un arma poderosa que quiso mantenerse alejada de lectores indiscretos.

“Eso quizás los hizo sentirse incómodos con el contenido, lo que contribuyó a su decisión de encriptar partes clave del manual. Podrían estar particularmente preocupados por cómo los futuros dueños podrían usar el manuscrito”, reflexiona la British Library. Su mayor miedo probablemente era que alguien lo emplease en rituales con fines... cuestionables. Si alguien tenía que usarlo alguna vez, que fuese al menos uno de los pocos religiosos de la abadía que sabían cómo descifrarlo.

Mal no le fue en el empeño, desde luego.

Hemos tenido que esperar a bien entrado el siglo XXI para descodificar su contenido.

Imágenes | British Library y Bibliothèque des Champs Libres

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