Internet y las redes sociales se han convertido en un terreno fértil para el debate sobre cómo se tienen que criar a los niños, algo a lo que recurren sobre todo los padres primerizos que quieren saber cuál es el mejor método para tener un hijo o hija 'modelo' para la sociedad. Y mientras hace unos días hablábamos sobre los padres helicóptero, ahora tenemos que poner el foco sobre la crianza FAFO, que está en las antípodas y que coge fuerza en las redes.
La crianza FAFO. Estas siglas vienen del inglés 'Fuck Around and Find Out' que podría traducirse como 'haz tonterías y averigua qué pasa'. Este es un término que, aunque carece de una base académica formal, bajo ese nombre específico se ha popularizado para describir un estilo de crianza basado en las consecuencias naturales.
Aquí la premisa es bastante simple: si un niño se niega a ponerse el abrigo en invierno, el padre no insiste; permite que el niño salga, sienta frío y "descubra" por qué el abrigo era necesario. Sin embargo, los expertos apuntan que la etiqueta FAFO está siendo utilizada a menudo como una "licencia para la indiferencia paterna".
Un modelo más duro. Ahora mismo FAFO es tendencia, pero si miramos atrás, venimos de un momento donde el control social y la protección extrema estaban en el orden del día con lo conocido como 'padres helicóptero'. Y para entenderlo, hay que saber que ahora mismo tenemos tres grandes ejes para criar a los más pequeños:
- Autoritario deseable: con límites claros combinados con un alto apoyo emocional, que utiliza las consecuencias de los actos como una herramienta de aprendizaje, pero con supervisión paterna.
- Autoritario 'a secas': Hay poco afecto hacia los menores, haciendo que el "te lo dije" prevalezca sobre el entendimiento y la empatía.
- Permisivo: Aquí hay ausencia de límites y total libertad para los menores, haciendo que no hay una estructura clara.
El problema de FAFO radical es que se desliza peligrosamente hacia el estilo autoritario o al desapego. Aquí los estudios indican que los niños criados bajo una disciplina puramente punitiva o indiferente presentan mayores niveles de estrés, lo que puede derivar en ansiedad y problemas de conducta a largo plazo.
Sus riesgos. La polémica surge sobre todo cuando la estrategia carece de un acompañamiento emocional sobre el niño, ya que permitir que un niño "encuentre" la consecuencia de sus actos solo es educativo si el cerebro del niño es capaz de procesar esa relación causa-efecto.
Y no es algo que todos puedan, porque un niño de 3 años no tiene la corteza prefrontal lo suficientemente desarrollada para entender que su rabieta causó la pérdida de un juguete como una lección lógica, sino que solo percibe el dolor de la pérdida y la frialdad de su padre que le dejó llorando.
Cómo se debe hacer. Y es que lo que se tiene que priorizar en la crianza es el aprendizaje para que se siga evolucionando, pero lógicamente todo debe estar adaptado a la madurez del niño, que haya supervisión para garantizar la seguridad y es imprescindible el acompañamiento emocional posterior.
El gran problema del enfoque FAFO, tal y como se promueve en las redes, es que a menudo elimina ese último punto y hace que se deba mostrar indiferencia, desatención o humillación pública. Algo que solo aumenta el estrés.
Contra la sobreprotección. FAFO triunfa porque venimos de un momento donde la crianza 'helicóptero' y los padres 'quitanieves' han dominado en muchas familias. Ahora tenemos encima de la mesa un efecto reactivo a la sobreprotección.
Aunque, como señalan las guías de crianza positiva, enseñar a un niño que sus actos tienen consecuencias no requiere frialdad. Dejar que el niño "se estrelle" puede ser una lección muy valiosa, siempre y cuando sus padres estén ahí inmediatamente después para ayudarle a gestionar la frustración, sin humillaciones ni la frase 'te lo dije'.
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