La salud mental ya es un gran negocio: sus apps disparan la inversión recibida en 2021

La salud mental ya es un gran negocio: sus apps disparan la inversión recibida en 2021
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Hace no mucho estaba entre lo ignorado y lo tabú, pero en los últimos años la salud mental se ha colocado en el centro de, debate social y político. La llegada de la pandemia, y con ella el malestar, la incertidumbre financiera o la falta de contacto social, fue gasolina para agrandar su relevancia. Una tormenta perfecta para que lleguen nuevos interesados a ofrecer soluciones, ya sean entes públicos... o startups que logran capital riesgo para ofrecerse como formas de atajar este problema.

Apalancadas en las carencias y larguísimas listas de espera que ofrece el sector público, y los precios poco asumibles del sector privado para una generación de jóvenes que han de lidiar con la realidad mientras pagan alquileres de medio sueldo y sobreviven con el otro medio, las startups en torno a terapia psicológica, meditación y mejoras de la ansiedad van proliferando y despertando interés inversor.

Terapia automatizada bajo suscripción

Son startups como Instahelp, fundada por el director de la escudería Mercedes y orientada a ofrecer terapia psicológica vía app. Meditopia, una de las que sí está disponible para el mercado español, promete menos estrés y ansiedad, y más paz y horas de sueño mediante sesiones de "meditopia" en un intento de lograr la metonimia para este tipo de productos.

Cada vez más empresas de este sector atraen inversiones interesadas en productos muy escalables para un problema en auge

Meru Health tiene un programa de doce semanas de tratamiento que combina, según la empresa, psiquiatría, soporte por parte de compañeros anónimos, y guía de hábitos de nutrición, sueño o meditación. Otras van todavía más allá y ofrecen directamente ayuda profesional para tratar la ansiedad, la depresión y el insomnio, incluyendo medicación, caso de Cerebral, por 85 dólares al mes (30 el primer mes).

Son algunas de las que se han unido a listas de viejas conocidas, como Calm o Headspace, ambas especializadas en ofrecer sesiones de relajación y meditación de una forma algo más genérica, más orientada a la prevención que a la terapia de nada, pero con decenas de papers como aval de su fiabilidad, si bien su forma de ayudarnos pasa por reclamar constantemente nuestra atención.

Esta oleada, acelerada por la pandemia, se corresponde con la evolución de capital riesgo en empresas emergentes de base tecnológica orientadas al cuidado de la salud mental. También con la pandemia como un claro detonante que ha disparado los niveles de 2021 respecto al de años anteriores: se está invirtiendo más que nunca en este tipo de soluciones en forma de aplicación. Si la salud digital ha multiplicado casi por dos su inversión en 2021 respecto a 2020, las de salud mental específica superan ese múltiplo.

Una de las oportunidades que tienen este tipo de aplicaciones, más allá de cómo nos ha dejado la pandemia, es que llevamos muchos más relojes inteligentes que hace unos años, detalla Emergent Tech Brew. Relojes que monitorizan durante todo el día nuestra frecuencia cardíaca, nuestro nivel de oxígeno o nuestras horas y calidad de sueño. Y a menudo almacenan toda esa información sin extraer patrones o consejos resultado de cruzar esos datos. Ahí tienen una vía de acceso al usuario estas aplicaciones: dar un sentido a los gigas de datos que acumulamos con el paso de los años. Algo que mejore nuestra vida.

Estas startups tienen en el smartphone a su mejor aliado para escalar de forma internacional llegando a gente que necesita ayuda externa para continuar. Y la receta del éxito es la misma que llevamos viendo diez años en las tiendas de aplicaciones con apps de toda índole: interpretar datos pasivos (los que recoge el propio smartphone o un reloj inteligente) y activos (los que introduce el usuario sobre cómo se encuentra, por ejemplo), y algoritmo mediante, ofrecer posibles soluciones. En esos casos, el coste de atender a cada nuevo usuario, si es de forma automatizada, es prácticamente nulo. A partir de cierta cantidad de usuarios que cubran los costes fijos, casi todo ingreso es beneficio.

Son aplicaciones habitualmente enfocadas a tratar al usuario mediante pautas predefinidas con terapias como la cognitivo conductual o la de aceptaci´on y compromiso. Habitualmente son señaladas como complementos o como soluciones parciales para quien no puede asistir con la frecuencia deseada a terapia profesional, pero no como soluciones por sí mismas, sin diagnóstico y supervisión de un profesional.

Las que no ofrecen sesiones de meditación y consejos automatizados, sino que ponen en contacto directamente a profesionales de la psicología o la psiquiatría, tienen una estructura distinta y potencialmente menos beneficiosa para la empresa, aunque a priori mucho más individualizada y profesional para el usuario.

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