Tras un siglo pensando que los ateos eran mucho más inteligentes, resulta que lo estábamos midiendo mal

Tras un siglo pensando que los ateos eran mucho más inteligentes, resulta que lo estábamos midiendo mal
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En 2013, un metaanálisis muy conocido encontró que existía una relación negativa entre inteligencia y religiosidad. No era una sorpresa: los primeros estudios de la relación entre ambos factores se hicieron en 1928 (Howells, 1928; y Sinclair, 1928) y desde entonces hemos encontrado insistentemente que a mayores niveles de inteligencia, menores niveles de religiosidad.

Sin embargo, es un tema peliagudo. Como hemos señalado en otras ocasiones, la religión no deja de crecer en todo el mundo. Para 2050, los musulmanes crecerán un 73%; los cristianos, un 35% y los hinduistas, un 34%. Mientras tanto, los 'no religiosos' sólo crecerán un 3%. ¿Significa eso que la humanidad en conjunto se está volviendo menos inteligente?

Muchas explicaciones parciales, pero ninguna concluyente

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Los datos generales son tozudos. Y sin embargo, resulta difícil encontrar una explicación convincente. Se ha argumentado que las personas inteligentes son menos propensas a conformarse, que tienden a tener un pensamiento más analítico y son relativamente ‘ciegos’ a la riqueza simbólica de la experiencia religiosa. Todas estas cosas han demostrado socavar las creencias religiosas.

También se ha propuesto que, varias funciones de la religiosidad como el control compensatorio, la autorregulación emocional o estabilidad psicológica son también conferidos por una mayor inteligencia. Por lo tanto, estas personas tienen menos necesidad personal de creencias y prácticas religiosas.

Aunque por sí solas ninguna de estas explicaciones funciona perfectamente, combinadas entre sí pueden explicar (al menos, parcialmente) otra relación poco conocida (Herzer y Strulik, 2017), pero igual de robusta: a más ingresos menos religiosidad y viceversa. La relación entre inteligencia e ingresos está bien documentada de la misma forma que entre dinero y estabilidad emocional.

¿Y si el problema está en la forma de medir?

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Otras hipótesis nos dicen que las personas religiosas son más intuitivas. Es decir, tienen más confianza en los heurísticos (los “atajos” cognitivos que nos ayudan a dar respuestas rápidas y aproximativas a problemas complejos) que las personas no religiosas. Parece una hipótesis más, pero, en realidad, apunta a que el problema está en nuestra forma de medir la inteligencia.

Según estas teorías, aunque dos personas tuvieran niveles equiparables de inteligencia, al enfrentarse a tareas que enfrentan la lógica a la intuición (como las que se usan en la evaluación de la inteligencia) el religioso sacaría peor puntuación.

Un nuevo estudio señala que esta última idea podría tener bastante sentido. Richard Daws y Adam Hampshire, investigadores del Imperial College London, han publicado una investigación en la que han evaluado a 63.000 personas para probar esta teoría.

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Efectivamente, como señalan todas las investigaciones, los ateos sacaron mejores resultados en las tareas cognitivas incluso cuando se controlaban cosas como edad o educación. Los agnósticos se situaron entre ateos y creyentes en todas las tareas y, de hecho, cuanto mayor era la convicción religiosa, peores eran las puntuaciones.

Sin embargo, en las pruebas de “razonamiento complejo” (una serie de pruebas diseñadas para que no hubiera ninguna respuesta intuitiva), las diferencias entre grupos se reducían muy notablemente. Aunque no desaparecen y pese a las limitaciones metodológicas, las cifras sugieren que esto (sumado a las diferencias socioeducativas) podría ser la mejor explicación que tenemos.

Los investigadores señalan que “estos hallazgos proporcionan evidencia en apoyo de la hipótesis de que el efecto de religiosidad se relaciona con el conflicto [entre la lógica y la intuición]” y no en una menor capacidad de razonamiento o inteligencia general". Y, a falta de confirmar los resultados con otras investigaciones, es cierto: es una explicación más parsimoniosa.

Sobrevivir en entornos complejos

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Emma Young se preguntaba qué impacto tenía esto en el mundo real. "Si la creencia religiosa predispone a las personas a depender más de la intuición en la toma de decisiones, [...] ¿Marca esto la diferencia en los logros del mundo real?", dice: ¿Son los religiosos menos eficientes en la toma de decisiones?

Pero, por lo que sabemos, no tendría por qué ser así. En ambientes reales, las personas intuitivas no son menos eficientes que las racionales. De hecho, y ahí está la potencia de los heurísticos, pueden llegar a ser más eficientes y resolutivos en situaciones complejas y urgentes. El fin de la religión sigue estando más lejos de lo que el optimismo racional nunca hubiera imaginado.

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