Ya sabemos cuál es oficialmente la mayor víctima tecnológica de la pandemia: Peloton

Ya sabemos cuál es oficialmente la mayor víctima tecnológica de la pandemia: Peloton
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Hace poco más de un año Peloton planteaba invertir 400 millones de dólares en levantar su propia factoría en Ohio, una nave en la que ensamblar bicis y cintas de correr. Hoy la compañía no solo ha enterrado aquellos planes, cancelados ya a principios de 2022 en un intento frenético por reducir costos; directamente ha decidido que dejará su producción en manos de socios externos.

La compañía enfocada en los servicios de fitness en casa y que, hace no tanto, se presentaba como un auténtico unicornio tecnológico y conquistó el apodo de “Netflix del spinning”, acaba de anunciar que dejará de operar en las instalaciones de Tonic Fitness Technology, firma que compró en octubre de 2019, y de montar sus bicicletas y cintas. A partir de ahora la producción estará en manos de Rexon Industrial, un fabricante taiwanés que ya asumía parte de su carga de trabajo.

El objetivo: simplificar su cadena de suministros y aligerar costes.

La decisión está en sintonía además con una de las grandes apuestas del responsable de la compañía, Barry McCarthy, quien ha dejado claro su interés en el negocio de la suscripción más que en el de la fabricación. Hace poco Peloton empezó a probar un modelo de alquiler para sus equipos en un intento por redefinir su imagen de servicio solo al alcance de deportistas adinerados.

Un cambio radical en apenas un año

“Creemos que esto, junto con otras iniciativas, nos permitirá continuar reduciendo la carga de efectivo en el negocio y aumentar nuestra flexibilidad”, razona McCarthy en declaraciones recogidas por la CNN. La fabricación en Tonic, avanza, se suspenderá ya “durante el resto de 2022”.

Que Peloton vuelque ahora su producción en Rexon acarreará el despido de 570 empleados que trabajan en las instalaciones de Tonic en Taiwán, según los datos que maneja Bloomberg.

El cambio radical del último año, que le ha llevado de planificar una factoría de 400 millones de dólares en EEUU a abandonar la fabricación de forma directa y dejarla en manos de socios, retrata bien la deriva reciente de Peloton y su intento por adaptarse al escenario postpandémico.

La compañía creció al calor de la pandemia, cuando las restricciones obligaron a miles de deportistas a renunciar al gimnasio y practicar deporte en el salón o garaje de sus casas. Durante un tiempo la firma crecía, ganó popularidad, demanda y sus acciones cotizaron por encima de los 40 dólares.

A medida que avanzaba la campaña de vacunación y reabrían los gimnasios, el escenario cambió y Peloton se encontró con un exceso de inventario mientras su oferta parecía perder atractivo.

Las polémicas sobre la seguridad de sus dispositivos tampoco la ayudaron a capear los nuevos vientos, menos favorables. Para hacer frente a la situación, en febrero la compañía protagonizó un cambio de timonel: McCarthy, con experiencia en otras grandes tecnológicas, como Spotify y Netflix, tomó el relevo de John Foley. Para adaptarse la firma aplicó además un severo plan de ajuste que recorta sus gastos anuales en 800 millones de dólares y prescindió de 2.800 empleos.

En sus horas bajas, en febrero de 2022, llegó a especularse incluso con que la empresa había captado el interés de multinacionales como Amazon o Nike o incluso Apple.

El lunes las acciones de Peloton estaban un 75% más bajas que a principios de año y desde su máximo histórico, alcanzado a finales de 2020, el descenso ronda ya el 95%. Sus planes de cesar la fabricación interna y dejar esa parte del proceso en manos de socios, sin embargo, parece haber sentado bien a su cotización. El martes sus acciones habían repuntado un 6,8%.

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