Hemos encontrado al verdadero kraken. Midió 19 metros y reinó en los mares hace 100 millones de años

El kraken parecía ser un ser mitológico, pero la realidad es que tenemos pruebas de que existió de verdad

Kraken
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José A. Lizana

Colaborador

El kraken ha estado durante décadas en el ideario de los mitos y se imaginaba como un monstruo marino gigantesco capaz de arrastrar a los barcos a las profundidades con uno de sus tentáculos. Pero la verdad es que era algo completamente mitológico hasta que ahora la ciencia apunta a que en realidad sí que existieron en algún momento de la historia de nuestro planeta. 

¿Cuándo? Si quisiéramos verlos, tendríamos que coger una máquina del tiempo y viajar a hace unos 100 millones de años, donde unos pulpos colosales dominaron las profundidades de los océanos, compitiendo de tú a tú con los grandes reptiles marinos de la época de los dinosaurios. Y tal y como apunta el estudio publicado en Science este hallazgo no solo confirma la existencia de estos gigantes, sino que obliga a los paleontólogos a reescribir lo que sabíamos sobre la cadena alimentaria de los mares del Cretácico. 

¿Cómo lo sabemos? Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los paleontólogos al estudiar a los cefalópodos es que su cuerpo es blando. Y es que, al carecer de esqueleto interno, es extremadamente raro encontrar fósiles completos de pulpos o calamares y entonces la pregunta aquí es obligada: ¿cómo sabemos que existió este gigante? La respuesta está en sus mandíbulas.

Aquí el equipo de investigadores no encontró cuerpos fosilizados, sino 27 mandíbulas conocidas coloquialmente como picos y similares a los que tienen los loros. Estos fueron encontrados en yacimientos de Japón y Canadá y mediante técnicas de prospección digital avanzadas y el análisis del desgaste de estas piezas, los científicos pudieron reconstruir digitalmente a los dueños de estas letales herramientas de caza. 

Las especies. El análisis tafonómico de estos restos ha permitido identificar a dos especies principales: Nanaimoteuthis jeletzkyi y Nanaimoteuthis haggarti. Pero es este último el que se lleva todos los focos de atención de la ciencia. 

La cuestión aquí es que al extrapolar el tamaño de las mandíbulas fosilizadas y compararlas con las proporciones de los cefalópodos actuales, los expertos estiman que N. haggarti pudo alcanzar una longitud de entre 7 y 19 metros, que superaría con creces a los pulpos gigantes que ahora mismo están en el Pacífico que rara vez superan los cinco metros. 

La cadena trófica. Hasta ahora, la visión clásica de los ecosistemas marinos del Cretácico colocaba a los grandes reptiles (como los mosasaurios o los plesiosaurios) en la cúspide indiscutible de la pirámide alimenticia, relegando a los cefalópodos al papel de ser una simple presa abundante. Sin embargo, este estudio publicado cambia las reglas del juego.

Ahora se sabe que estos pulpos no eran simple alimento, sino que eran unos grandes depredadores. Aquí el nivel de desgaste de sus mandíbulas ha sido clave para ver que tenían una dieta agresiva y que, por tanto, ocupaban un lugar en la cima de la red trófica oceánica. 

La evolución. Si miramos hacia atrás, en el periodo cámbrico encontramos al humilde Nectocaris pteryx, que no era más que un cefalópodo primitivo que apenas medía un par de centímetros y que nos sirve como línea basal para entender desde dónde vienen estos animales. A partir de aquí y pasados millones de años, la evolución había dotado a estos animales de un gran tamaño y herramientas para convertirse en los "krakens" del Cretácico. 

Imágenes | freepik

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