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'Snowpiercer - Rompenieves': la nueva serie eco-apocalíptica de Netflix transforma el original coreano en un efectivo policiaco sobre raíles

'Snowpiercer - Rompenieves': la nueva serie eco-apocalíptica de Netflix transforma el original coreano en un efectivo policiaco sobre raíles
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Si hay algo claro en cuanto al riesgo que toma esta nueva versión de 'Snowpiercer' en TNT (y que llega a pantallas españolas a través de Netflix y con una semana de retraso) es que una de las virtudes más obvias del original -tanto el cómic de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette como la adaptación de Bong Joon Ho de 2013- es su esquematismo. La 'Snowpiercer' original convertía un argumento que es casi un slogan (uno muy politizado, además) en una distopía de acción perfecta en su sencillez.

Esta nueva versión conserva con bastante fidelidad el punto de partida, eso sí: en un futuro en el que el planeta ha quedado condenado por un clima helado devastador, un misterioso millonario pone en marcha un tren gigante que rodeará la Tierra sin descanso. Pero el día de su puesta en marcha, un grupo de personas de clase baja asalta el último vagón. Son contenidos y retenidos allí, y el tren inicia su trayecto.

Seis años después (y unos cuantos antes de la acción de la película, aunque al parecer esta nueva 'Snowpiercer' no será una precuela), las clases bajas siguen confinadas en los vagones de cola, y el tren ha desarrollado su propio ecosistema de clases y rutinas. Todo cambia, y aquí se trazan las diferencias con el original, cuando un insólito crimen azota a la zona pudiente, y los responsables del tren deciden contar con uno de los habitantes de la cola, Layton (Daveed Diggs), que antes del apocalipsis fue detective de policía

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De ese modo definía la crítica de Indiewire Libbie Hill a la serie de TNT. Recordemos que la película original narra el conflicto entre pobres y ricos aprovechando el escenario del tren para tramar una metáfora sobre el constante movimiento hacia la condenación de una sociedad estratificada, y también para proponer una película de acción directa y sin vericuetos. Los de la cola se rebelan contra los de la cabeza. TNT, obviamente, no puede mantener ese concepto durante diez horas de serie.

Por supuesto, eso no convierte a esta nueva visión de 'Snowpiercer' en una versión futurista de una novela de Agatha Christie. La temática social sigue presente, pero mucho más matizada, menos intensa. Eso tiene una consecuencia positiva y una negativa. La positiva es que el lore original se incrementa notablemente. Empezando, por ejemplo, por el asalto inicial de los hambrientos a los vagones de cola, algo que con muy buen juicio (porque es algo inverosímil), y también para dar algo de misterio a la mitología del tren, en la película original se contaba en off. Aquí lo visualizamos.

Ese incremento inevitable del trasfondo de la historia se detecta también en una descripción detallista de las distintas estancias del tren, así como de las clases sociales, equivalentes a las clases de los vagones. Así, por ejemplo, tenemos a la muy interesante tercera clase, que a diferencia de los de primera -que se dedican simplemente a vivir de fiesta en fiesta en los vagones de cabeza- son los criados de los ricos, y entre ellos y los de cola se genera una interesante tensión: los de tercera ven demasiado cerca a los pobres y estos ven a los otros como traidores advenedizos. También en el arranque de la serie conoceremos a una antigua pareja del protagonista, ahora en tercera clase y sospechosa del crimen.

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Pero en la parte negativa, tenemos a la vez una reducción de la claustrofobia visual y simbólica que marcaba la película original. La sensación de estar en un tren no se perdía ni entre los pobres ni entre los ricos, y todos parecían estar aprisionados por el conflicto, más que por el escenario. En cambio, aquí tenemos la necesidad de expandir el decorado para que no se haga repetitivo y solo en estos dos capítulos ya vemos estancias en primera clase que clarísimamente no podrían estar en un tren por las limitaciones de espacio (y otras, como el depósito de congelación de cadáveres, no son muy verosímiles).

También se pierde por el camino la capacidad de la película de Bong Joon Ho para la sátira salvaje, y que conecta perfectamente con películas posteriores como su reciente y estupenda 'Parásitos'. El personaje de Tilda Swinton como villana procedente de las zonas acomodadas del tren en el film, pura caricatura grotesca con conciencia de clase, es sustituida por una más tridimensional pero mucho menos impactante Jennifer Connelly. Como siempre, la actriz está estupenda y se las arregla para dotar de una humanidad notable a un personaje muy antipático en solo dos capítulos, pero de nuevo perdemos algo de filosofía punk por el camino.

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Una tridimensionalidad que, por cierto, no se aplica a los secundarios. Aquí los pobres son muy buenos y los ricos muy malos (aunque por supuesto iremos conociendo excepciones): otra polarización simplista que funcionaba muy bien en el tebeo ultraviolento que firmaba Bong Joon Ho pero que aquí se convierte, simplemente, en demostración de pereza de los guionistas.

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Con solo dos episodios en Netflix, es complicado trazar una opinión de la serie en su totalidad, como es lógico. Da la impresión de que la trama policiaca no sostendrá la temporada por completo, y es simplemente el punto de arranque necesario para un truco de guión de probada eficacia: conseguir que la gente hable con el detective. Así, Layton deambulará por el resto del tren conociendo los vericuetos de esta simbólica pirámide social sobre raíles.

La cuestión es que tendremos más temporadas, es decir, que como era de prever, la sensación de estar preseciando una bomba de relojería con la mecha muy corta, como sucedía en la 'Snowpiercer' original, se pierde. Y con ello, una de sus características más notables. 'Snowpiercer' tenía en común con películas como 'The Raid' o 'Dredd' la urgencia de su propuesta, que llevaba a lo literal: los personajes van de A a B causando el mayor daño posible. Es imposible que eso suceda aquí.

A cambio tenemos un suavísimo retrato distópico que deja de lado el brutal simbolismo de las injusticias sociales para centrarse en una mezcla entre sátira y procedural despolitizado que se cocina a fuego lento. Si ese fuego es capaz de mantener la olla caliente durante tantas horas como dura la temporada es, sin duda, una pregunta que habrá que esperar para ver respondida.

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