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Las primeras doce horas con Xbox One

Las primeras doce horas con Xbox One
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Como un niño con zapatos nuevos, así nos enfrentamos los jugadores a una nueva generación que hemos atacado sin cesar, conocedores del mal momento en el que llega y los tropiezos que le han traído hasta aquí. La primera máquina en pasar nuestro análisis ha sido la consola de Microsoft, la nueva Xbox One.

Si algo tenemos los jugadores es esa ilusión de enfrentarnos a lo desconocido, y el pasado viernes tirar de chat de grupo para enfrentarnos a nuestras primeras doce horas con la consola junto a mis compañeros de VidaExtra hacía honor a esa frase que encabeza el texto, estábamos reticentes pero también ilusionados.

Antes de Xbox One

Con varias generaciones de consolas luchando por un mismo pastel, sólo los gustos personales o la afinidad con propuestas, desarrolladores o títulos terminaban por decantar la balanza. En este caso las aspiraciones de Microsoft con Xbox One tiran por otra vía.

Lo de luchar por nichos concretos del mercado no le funcionó a PS3, que buscaba en sus inicios un hueco en el salón vendiéndose como plataforma multimedia, pero sí surtió efecto para Wii, que además de dirigirse a un público muy concreto acabó ocupando ese puesto al que optaba Sony con Netflix como gran aliado.

Xbox One Servicios

Es importante esclarecer ese pasado para enfrentarnos a nuestro futuro más inmediato, y con errores de mercadotécnia que han marcado casi la totalidad de la actual generación, no es de extrañar que una gran masa de usuarios se enfrente a las nuevas máquinas con la sensación de estar viviendo errores anteriores.

Ahora las tornas vuelven a cambiarse y Microsoft abandona la idea de “sólo una máquina de juegos” para seguir incrementando su potencial en el mercado de los contenidos digitales. Un camino que ya empezó a andar Xbox 360 y cuenta en Xbox One con una apuesta firme de futuro.

La caja

Salgo de la tienda con varios kg de más colgando del brazo, con una asa que empieza a cortar la circulación de la mano por el peso y aventura las dimensiones del monstruo de plástico y metal que aguarda en su interior.

Nunca he sido de los que anteponen diseño a funcionalidad, y tras haber visto fallecer entre mis manos a una PS3 y dos Xbox 360 por culpa de sus errores de hardware y una pésima previsión por parte de ambas compañías, la caja me importa bien poco. Para el que escribe estas líneas, Xbox One (y lo mismo ocurre con PS4) son sus juegos y funcionalidades, no el espacio que ocupe sobre mi mesa del escritorio.

Xbox One Esquina

Eso no quita que al abrir la caja y encontrarme con una máquina más grande que la versión original de la anterior propuesta de Microsoft la sorpresa siga siendo mayúscula, y el “¿dónde coloco yo esto?” que supone crear espacio no sólo a la consola, sino también un hueco especial para Kinect se hace complicado con una máquina que ya no cabe en la estantería que tengo reservada a las demás consolas.

Compruebo si entraría en el hueco y mis previsiones aciertan, pero las aperturas de ventilación laterales y la obligación de colocarla en horizontal invitan a seguir pensando. Microsoft no quería más problemas de sobrecalentamiento, de ahí el tamaño de su carcasa y sus numerosas rejillas, y tras haber pasado por el servicio técnico más veces de las necesarias durante la última generación, no voy a arriesgar su vida útil por mejorar el acabado estético de mi estudio.

Primeros minutos con Xbox One

Llego tarde al directo de doce horas, y además lo hago consciente de la inutilidad de haber atravesado Barcelona en hora punta a toda pastilla para empezar a jugar y hablar de la consola a los seguidores de VidaExtra lo antes posible.

El truco podría haber funcionado con una Megadrive, pero en una época en la que internet lo es todo el proceso de instalación va más allá de soplar un cartucho antes de introducirlo en la consola. Ya conectada, toca empezar la configuración.

Cuenta de Xbox Live, colocación de Kinect en el punto óptimo sin aristas de la mesa que impidan mi reconocimiento, prueba de sonido para el reconocimiento de voz con el volumen de la televisión más alto de lo normal... configuraciones a las que nos hemos acostumbrado tras años de smartphones, cuentas y contraseñas, pero que en este caso se limitan a ocupar unos pocos minutos, conscientes de las ganas que tenemos de empezar a jugar. No será tan fácil, aún queda la actualización del día uno.

Lo que realmente molesta es acabar el proceso (más rápido de lo esperado, apenas 20 minutos y notablemente alejado de la odisea de instalación que proponían Wii U y sus servidores) y encontrarte con la nada. Xbox One llega completamente desnuda y ni siquiera funciones de la máquina tan promocionadas como Skype o SkyDrive están instaladas. De todo lo prometido por Xbox One a lo que realmente nos encontramos nada más sacarla de la caja hay bien poco.

A la espera inicial le sigue inevitablemente otra, y es que más allá de moverte por los menús o visitar las tiendas de juegos, contenido multimedia o aplicaciones, lo único que puedes hacer es plantarte ante una barra de descarga que, en este caso, acaban siendo seis o siete.

El tiempo acaba siendo mínimo con las aplicaciones o plataformas como Upload Studio, el programa que usaremos para editar clips de nuestros juegos y subirlos a Xbox Live, pero los juegos descargables parecen ir a otro ritmo.

Juegos, descargas e instalaciones

Xbox One
Consciente de lo que me espera opto por introducir Forza 5 en la consola y dejar que el disco se ocupe de la instalación, momento en el que las descargas se detienen (no hay descargas simultáneas) y la consola empieza a emitir un ruido que hasta el momento había resultado prácticamente imperceptible.

Es el disco girando dentro de la máquina, y pese a escucharse algo es una bofetada en toda regla al mismo aspecto en la anterior generación. Un monstruo enorme sí, pero uno que podría entrar en tu cuarto en plena noche y rebanarte el cuello sin que te percates de su presencia.

Sorprendentemente los pocos minutos de espera que obligaba la instalación del juego acaban con un mensaje al 14% del proceso. El juego ya está listo y cuando quieras puedes empezar a jugar. La trampa resulta ser un vídeo y unas explicaciones iniciales que no puedes saltar, momento que aprovecha la máquina para transformar ese citado porcentaje en algo más.

Al acento inglés de Jeremy Clarkson le sigue el momento que estábamos esperando, nuestro primer contacto con una nueva generación que, por fin, ya está alejada de pre-alphas y betas que no ofrecían lo esperado. El salto gráfico es apreciable, pero no equivale a lo que hemos visto en otros cambios generacionales y tampoco algo capaz de hacerte explotar la cabeza como en el salto de PSX a Dreamcast.

Si las sucesivas renovaciones nos han hecho pasar de sprites verdes a bellísimas paletas de colores, de polígonos planos a texturas increiblemente detalladas, aquí la mejora parece querer ir por otro camino, el de las funciones añadidas.

Xbox One Forza

El sol brilla al atravesar Praga a toda velocidad, iluminándote los ojos y mostrándote una sensación nueva que va más allá de unos gráficos preciosos que aún se atreven a mantener dientes de sierra en las distancias cortas. Instintivamente giras la cabeza para apartar la vista de esa luz cegadora y te enfrentas a una respuesta automática por parte del avatar virtual que conduce el coche. Es Kinect, demostrando que puede hacer algo más que aguantar chistes sobre el escándalo de la NSA.

Contento con las horas de Forza 5 que me quedan por delante me dispongo a ir al menú inicial para controlar el estado de las descargas, pero en vez de hacerlo con el botón del mando aprovecho para seguir probando los comandos de voz mientras intento hacer unos últimos ajustes en el juego. El chiste sobre si el hombre puede hacer dos cosas a la vez deja de tener sentido.

Xbox One, Kinect y una nueva forma de acercarse al videojuego

Esperaba tener que batallar mucho más con el reconocimiento de voz, pero un simple “Xbox ir a inicio” me traslada hasta la pantalla principal del dashboard, mostrando cómo el juego sigue adelante sin mí en un panel minimizado e invitándome a saltar a él en cuestión de segundos con un golpe de botón.

Querría seguir moviéndome por los menús con la voz, pero lejos de ser algo intuitivo es un proceso que requiere de tiempo, calma, aprendizaje y, sobre todo, voz firme y clara. Lo comentaba hace un par de días, el problema con Kinect no es que te entienda, es hacerte entender. Con un simple “Xbox” aparece un panel con las instrucciones más básicas, pero toca acostumbrarse a conceptos como “Xbox ir a juegos y aplicaciones”.

Xbox One Kinect 2

Ya donde quería me dispongo a controlar el proceso de descarga estableciendo prioridad para los juegos que probaré, pero aquí el mando se antoja más rápido para moverte entre las opciones. No lo es tanto en la comparativa con la nueva captura de códigos QR, una excentricidad que Kinect se encarga de hacer realidad en segundos y nos ahorra la eterna introducción de caracteres a la que nos acostumbramos durante los últimos años. Ojalá hubiese algo así para introducir cuentas y contraseñas.

La mala suerte y una conexión de algo más de 8MB de bajada se ceban con mis ganas de jugar, convirtiendo el 14% de la versión física de Forza 5 en un interminable proceso que deja la versión digital de Dead Rising 3 en la estacada durante más de dos horas hasta que un 48% me permite iniciar el juego.

Aquí la trampa es otra y se nota que los estudios de desarrollo third party no tienen tan por la mano las posibilidades de la consola. Tras media hora de juego mi personaje se encuentra con una pared invisible y un mensaje en pantalla “el proceso de instalación no ha terminado”, y ahí me toca esperar hasta que alrededor del 80% el juego decide eliminar esa pared y dejarme continuar.

Por suerte continúa haciéndolo en segundo plano mientras yo sigo trasteando con la consola, aprendiendo más comandos de voz, colocando la emisión de la televisión en streaming en un lateral de la pantalla con la función Acoplar o haciendo de tripas corazón al encontrarme con una tienda de aplicaciones prácticamente desierta.

Las doce horas del directo llegan a su fin y, aunque las sorpresas y alegrías prometen un futuro tremendamente interactivo e interesante, jugar, lo que es jugar, hemos jugado muy poco.

La cosa cambia en las horas posteriores, dejando Xbox One en estado de reposo y levantándote con una consola plagada de juegos y aplicaciones que ya están listas para ser disfrutadas. Pese a ello su duro y lento inicio dice mucho del pie con el que se levanta la nueva generación, que aunque ha pasado por el podólogo y las horas de masaje y cremas lo han dejado precioso, sigue siendo el izquierdo.

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