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En contra de comprar un nuevo televisor en 2015
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En contra de comprar un nuevo televisor en 2015

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Los televisores de última hornada tienen sus virtudes, desde luego. Pero en mi opinión la mayoría de ellas no justifican la compra de un nuevo modelo salvo en un caso excepcional: el de que contemos con un televisor relativamente antiguo -por ejemplo, que ni siquiera soporte resoluciones 1080p- o de temas tan triviales hoy en día como el de un sintonizador TDT integrado.

Ese era mi acaso en diciembre de 2013: mi "vieja" X (ponga aquí un fabricante) de 32 pulgadas comprada en 2007 pecaba de ambos defectos, así que di el salto a un modelo de 47 pulgadas de Y (ponga aquí otro fabricante) con el que me adecuaba un poco a los tiempos. Era una compra dictada por el sentido práctico, y no por la inclusión de características que al final apenas he acabado usando... como imaginaba.

Esa experiencia propia me ha servido para reafirmarme en una postura muy práctica y que trata de prescindir de esos elementos tan marketinianos de hoy en día. Porque muchos de los televisores actuales venden características que en muchos casos no marcarán (al menos, a corto plazo) una diferencia fundamental en la forma en la que disfrutamos de la caja "ya no tan tonta".

Curvas y UHD: adelantadas a su tiempo

Empecemos por el tema de las pantallas curvas. Estéticamente pueden resultar atractivas -aunque aquí hay opiniones para todos los gustos-, pero los beneficios técnicos de dicha ligera curvatura son dudosos. La capacidad de inmersión y esa corrección de la distorsión trapezoidal son apreciables solo levemente y bajo ciertas condiciones.

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De hecho nuestro compañero Juan Carlos López apuntaba a que solo con pantallas realmente grandes -diagonales inmensas de 100 pulgadas- se nota por ejemplo ese factor de inmersión, sobre todo por el hecho de que la distancia desde la que solemos ver la televisión hace que esa mejora no se note.

Algo parecido ocurre con la característica más llamativa de la nueva hornada de soluciones de todos los fabricantes: el popular soporte UHD (ya sabéis que usar el término 4K es incorrecto) es sin duda prometedor y hace que el salto en la calidad de imagen sea notable, algo que cualquiera que haya visto alguna de estas pantallas en acción notará enseguida.

El problema es que esos televisores que vemos en centros comerciales o eventos de presentación de estos modelos se ven estupendamente por una sola razón: muestran precisamente contenidos adaptados perfectamente a esas resoluciones. Pequeños cortos en los que vemos impactantes imágenes de la naturaleza o del espacio y que nos hacen pensar que nada más poner la tele en casa vamos a verlo todo así.

Por supuesto, la situación actual es muy distinta. Apenas hay oferta de contenidos en este formato, y desde luego no los hay para la televisión convencional, que como mucho ofrece canales en Full HD. Algunos proveedores de contenidos han comenzado a distribuir películas o series en dicho formato, pero la situación dista mucho de ser ideal: el soporte UHD es muy limitado, y en la mayoría de las ocasiones simplemente tendremos que "conformarnos" con el upscaling de contenidos 1080p a UHD. El resultado es decente, pero desde luego nada parecido a lo que ofrecen contenidos nativos.

Aquí de nuevo nos encontramos con el problema del tamaño: a la distancia que tenemos la tele en el salón un televisor UHD (repetimos, no 4K) no ofrece gran diferencia con un 1080p a no ser que la diagonal sea significativamente grande. El tamaño del píxel de los televisores 4K es realmente pequeño, lo que hace que solo con televisores de gran formato apreciemos desde esas distancias una mejora real en la definición de la imagen. Aquí Juan Carlos López apuntaba a tamaños por encima de las 50 pulgadas, lo que hace que lógicamente el coste de estos dispositivos sea más alto de lo que muchos desearíamos.

Factores que no deben decidir la compra

Hay otros factores que parecen incidir en la calidad de los nuevos paneles, y uno de los más destacados este año es el de los puntos cuánticos, unos cristales que permiten incrementar las prestaciones de las pantallas LED y acercarlas a las impresionantes (y carísimas) OLED. La mejora es apreciable, sin duda, así que estamos ante algo más que un término publicitario, pero uno se plantea si esta tecnología no será más bien un parche a la espera de lo que muchos deseamos: que las OLED se abaraten de una vez por todas y se conviertan en una opción asequible para la mayor parte de los bolsillos.

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En todos estos nuevos productos aparece además ese factor de Smart TV con el que los fabricantes tratan de promocionar esas opciones "inteligentes" que nos dan acceso a un buen número de posibilidades desde el televisor. A pesar de que en mi caso personal no utilizo en absoluto todas esas opciones entiendo que pueden ser interesantes en ciertos escenarios y para ese público masivo que prefiere esa integración en el televisor a soluciones externas en forma de set-top-box (Chromecast, Apple TV, Roku, discos duros multimedia o incluso las Raspberry Pi). Aquí me sitúo en el mismo debate que UHD: como opción es interesante, pero no es un factor que determine actualmente mi decisión de compra: muchas de las opciones de las Smart TV son más cómodas de usar desde una segunda pantalla (tablet, smartphone) y otras simplemente siguen sin ser lo suficientemente potentes.

Más difuso aún está ese concepto del que también hablábamos en el vídeo: el de contar con una plataforma de videojuegos directamente en estas televisores. Aquí mi opinión es la de que quien mucho abarca poco aprieta, y de que esa ambición de estos fabricantes queda deslucida porque son demasiados temas que pulir y en los que perfeccionar la experiencia. Las plataformas de videojuegos disponibles dependen de las conexiones a Internet y del funcionamiento de una infraestructura que de momento pierde enteros con respecto a plataformas tradicionales -aquí las consolas son absolutas protagonistas si uno quiere disfrutar de verdad- pero de nuevo plantean una opción más que puede valer la pena para jugadores ocasionales. No es mi caso, y creo que de nuevo nos encontramos ante una opción que no debe decidir la compra.

No querría despedirme de esas opciones sin citar a la gran defenestrada: el soporte 3D que tantos televisores vendió hace unos años y ahora pasa de puntillas por los catálogos de los fabricantes. Muchos (si no todos) dispositivos siguen ofreciendo esta opción que a mi juicio sigue teniendo valor en algunas producciones -yo revisito Avatar en 3D de cuando en cuando aunque solo sea por la calidad de la inmersión- y que es otro ejemplo de una característica que sin ser decisiva para la compra puede venir muy bien en según qué ocasiones.

Las conclusiones en mi caso son claras: estamos ante una transición no solo de tecnologías aplicadas al segmento de los televisores, sino también en el de los contenidos. No hay duda de que los productos de 2015 son llamativos y disponen de opciones que pueden dar mucho juego en algunas situaciones, pero si no hay una necesidad acuciante casi esperaría a lo que está por venir. Y de comprar, atención: se pueden encontrar verdaderos chollos -y si no atentos a nuestra sección de Cazando Gangas- en televisores 1080p que rondan las 50 pulgadas. No invertiría cantidades desorbitadas sabiendo que en 2 o 3 años podemos estar ante una era verdaderamente impresionante en este mercado, y en la que los contenidos UHD estén por ejemplo mucho más asentados. Para entonces, por supuesto, ya estaremos hablando de televisores 8K. Argh.

En Xataka | ¿Es 2015 un buen año para comprar un televisor? Sí y estos son los motivos

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