He vuelto a ver una serie en la televisión lineal ocho años después. No creo que vuelva a hacerlo

He vuelto a ver una serie en la televisión lineal ocho años después. No creo que vuelva a hacerlo
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Durante los últimos meses estuve viendo la serie Entrevías, producida por Mediaset y por tanto emitida semanalmente en Telecinco, aunque tras su final empezó a ser distribuida por Netflix y así se convirtió en un exitazo internacional. Pero ese es otro tema.

La cuestión es que soy incapaz de recordar cuál fue la última serie que vi de esa forma, emitida en la televisión en abierto, siguiendo los episodios semana a semana en el día y la hora que me marca una cadena, no cuando yo quiero. El vídeo bajo demanda me acostumbró a otra cosa desde 2014, cuando aprendí el significado de "VPN" y la posibilidad que me ofrecía de acceder a Netflix cuando este aún no había llegado a España.

Hubo algunas series en estos años que me pudieron llamar la atención, pero casi siempre las descartaba, o en el mejor de los casos, me las apuntaba para verlas más adelante, cuando alguna plataforma de video bajo demanda tuviera a bien comprar sus derechos de emisión. Y ya las vería poco a poco o en un maratón.

El horario y lo que hay detrás de él

El motivo, muy sencillo: no solo es una cuestión de disponibilidad y flexibilidad horaria, sino de respeto hacia el espectador. Uno de mis recuerdos de infancia es ser enviado a la cama cuando a la serie en cuestión le quedaba el último tercio para acabar el episodio, porque eso significaba que ya eran las once de la noche, hora límite para ir a dormir. A esas horas, Entrevías todavía no ha empezado o acaba de hacerlo.

Engancharme a esta serie, que tiene costuras a la vista y demasiada pomposidad que la hace menos creíble, pero ese también es otro tema; me hizo tragar con estar pegado a la tele hasta casi la una, cosa insólita en los últimos años.

Preguntas habituales:

¿Por qué no esperaste a verla al día siguiente en la app de MiTele, donde Mediaset publica los episodios?

Bueno, de hecho intenté hacerlo. La experiencia era pésima, con anuncios en bucle que acababan requiriendo salir de la aplicación y volver a entrar en ella porque los tres anuncios requeridos para ver el capítulo aparecían una y otra vez. Se quitaban las ganas de ver la serie así o directamente no era posible.

Siempre podrías haber pagado el premium de MiTele para dejar de ver esos anuncios.

Por supuesto que también lo hice, y... ¡los anuncios no desaparecieron! Entre eso, el funcionamiento de la aplicación, que no ganará premios por su rendimiento; y su mala relación con AirPlay para enviar la imagen al televisor creo que sirve como acto de contricción de mis pecados de los últimos tres años, el tiempo que ha pasado desde que el efímero experimento de ofrecer LaLiga también dentro de MiTele me hizo sentir los mismos vibes, que dice la juventud.

Quizás con este breve FAQ pueda el lector entender mis motivaciones para querer ver una serie de esta forma, en lugar de por el streaming ya canónico. Dicho sea de paso que este rompeteclas no tenía ni idea de que acabaría en Netflix (aka el mejor reproductor de vídeo junto al de YouTube) y tal vez con esa información esta historia hubiese sido otra.

Volviendo al tema que nos ocupa: los horarios. Como buen asalariado que ya no cumple los treinta y que percibe las procelosas digestiones que retienen más grasa que antes en el abdomen, es mi deber moral madrugar para hacer algo de deporte antes de fichar en el trabajo. A Telecinco, como a la mayoría de las televisiones privadas, no le debe parecer bien este estilo de vida y aspira a que durmamos poco y mal, solo así se explica que finiquite su prime time a la una de la madrugada. Mi yo de los nueve años no hubiese podido ver ni un minuto de Médico de Familia con esta parrilla. "¡Cheeechuuuuu...!".

Porque eso pasó en algún momento de los últimos años: las emisiones estrella empezaron a demorarse cada vez más para estirar los horarios hacia abajo y así arañar minutos publicitarios, una cuestión que se hizo de Estado cuando llegó a ser debatida en el Consejo de Ministros. Puede ser una decisión comercial lógica, pero cuando se aplica al mismo tiempo que los Netflix, HBO, Prime Video y compañía nos vienen a decir "puedes ver lo que quieras, cuando quieras y donde quieras", el agravio comparativo es inevitable. Ya no se trata de que no nos cuadre con nuestra rutina, sino nuevamente, de respeto por el espectador.

Hay cadenas donde se organizan tertulias para demonizar al móvil y apuntarlo como origen de nuestros problemas para conciliar el sueño. O directamente campañas de concienciación. Las mismas cadenas que luego cascan dramas hasta la una en día laborable.

Esas grandes cadenas ya han lanzado sus propuestas para el streaming, pero si la experiencia final, para el consumidor de a pie, gratuito o de pago, está a tantos años luz de sus competidores en diferido, a uno se le pone la misma cara que al emoji de la luna negra.

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