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El mapa de conexiones entre neuronas en el cerebro de un autista: único en el mundo

El mapa de conexiones entre neuronas en el cerebro de un autista: único en el mundo
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El conectoma es el mapa de conexiones entre las neuronas que hay en un cerebro. Durante muchos años se ha estudiado al detalles para ver qué zonas tienen más enlaces y dónde se produce más y menos actividad. Muchas se forman y refuerzan como fruto de la experiencia y su conjunto definen quiénes somos.

Entre un cerebro y otro, hay pocas diferencias en el conectoma. Muchas conexiones son muy parecidas pero quienes se dedican a la investigación en este campo también han detectado anomalías, como es el caso de las personas con un espectro de autismo. En este caso, ver sus conexiones resulta fascinante ya que son muy diferentes a la del resto de personas.

Dibujando el conectoma de un autista

Los últimos estudios, realizados con un juego de cinco datos diferentes. Por un lado se analiza la conexión en la zona alta entre los hemisferios (izquierda y derecha) y otras regiones como el cortex occipital. Otros muestran datos de la zona baja entre hemisferios con el cortex frontal y el temporal.

En el caso de las personas con espectro de autismo los estudios revela que aunque las conexiones a priori son parecidas, hay una gran diferencia entre las zonas de mucha actividad y menos actividad en relación con un cerebro convencional. La comparación muestra datos muy interesantes.

Si se clasifican en grupos, se puede observar que la topología entre las conexiones es diferente y no hay una grandes cambios entre las zonas de mucha y poca actividad. Comparados con otros cerebros de personas con autismo, se puede observar que cada uno, de forma individual, tiene un patrón muy diferente dando esquemas únicos. Los estudios no han podido establecer ninguna similitud.

¿Por qué es interesante este estudio? Porque los exámenes de autismo no se hacen contando estos datos sino estudiando las carencias a la hora de comunicarse, interactuar con otros, etc. Estos datos podrían servir para identificar mejor en qué casos hay trastornos de autismo en un individuo.

La única carencia que tiene el estudio es que los datos que se han obtenido son con personas adultas. Esto hace que de momento no sea posible ver si estos conectomas ya se definen así desde que son pequeños o bien van evolucionando a lo largo del tiempo. Es decir, habría sido interesante tener información de niños, a la edad a la que se diagnostica el autismo, para ver cómo se forma la red de neuronas y qué distribución tienen.

Vía | New York Times

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