Hay trabajos que parecen fáciles hasta que uno se imagina haciéndolos cientos de veces seguidas. Coger una pieza, colocarla, volver a coger otra, levantar los brazos, apretar un tornillo o trasladar una caja. Una vez, dos, tres, no resulta gran cosa. El problema llega cuando ese mismo movimiento forma parte de una jornada completa.
Mientras que los robots colaborativos trabajan de forma segura junto a las personas, la función de los exoesqueletos es complementar sus capacidades físicas sin limitar su libertad de movimiento
En una línea de producción, además, no se trata únicamente de cuánto pesa un objeto. También cuentan la postura, la altura a la que se trabaja, la frecuencia con la que se repite el movimiento y el tiempo durante el que los músculos permanecen sometidos a esa carga.
Es precisamente en este tipo de situaciones donde cambia nuestra forma de entender los robots. Ya no hablamos únicamente de máquinas aisladas realizando tareas de forma autónoma. Hoy existen tecnologías pensadas para trabajar junto a las personas. Los cobots colaboran con los operarios en el mismo entorno de trabajo, mientras que los exoesqueletos proporcionan apoyo físico para reducir la fatiga y el riesgo de lesiones.
Ahí es precisamente donde nace la diferencia entre robots colaborativos (cobots) y exoesqueletos. Como explican desde Risoul, compañía integradora de las soluciones de automatización de Comau en el mercado español, mientras los robots colaborativos están diseñados para trabajar de forma segura junto a las personas compartiendo el mismo espacio de trabajo, la función de los exoesqueletos es complementar las capacidades físicas de las personas sin limitar su libertad de movimiento.
Pon un robot colaborativo en tu fábrica
Los exoesqueletos MATE son dispositivos ergonómicos vestibles diseñados para asistir físicamente a los trabajadores durante tareas repetitivas o exigentes desde el punto de vista muscular.
Los cobots se dirigen a todos aquellos fabricantes que buscan automatizar sin realizar grandes inversiones, cuentan con una producción flexible o series cortas, o están en una fase inicial de automatización
España cuenta con una base importante de robotización industrial, situándose entre los principales mercados europeos. En 2024 se instalaron 5.086 robots industriales, lo que situó al país como el tercer mercado europeo por número de nuevas instalaciones. En 2025, se sumaron 4.300 unidades.
En el sector automotriz, llevan años ocupándose de tareas como la soldadura, manipulación de piezas, ensamblaje o pintura. Pero hay muchas operaciones que no encajan bien en ese modelo. Una producción con muchas referencias, lotes cortos o cambios frecuentes puede necesitar que una persona siga tomando decisiones y manipulando determinados elementos. Y hay tareas en las que automatizar por completo el movimiento no resulta tan sencillo como parece.
Un cobot puede encargarse de una operación repetitiva mientras el trabajador mantiene aquellas partes del proceso en las que la intervención humana sigue siendo necesaria. La propuesta de Comau con su familia MyCo parte precisamente de esa convivencia: automatizar tareas concretas sin convertir necesariamente toda la estación de trabajo en una instalación robotizada convencional.
El caso del Racer-5 resulta especialmente ilustrativo. Este robot puede trabajar en modo colaborativo cuando detecta la proximidad de una persona y pasar a velocidad industrial cuando el operario se aleja. En una demostración de packaging de Comau, el sistema manipula cajas y puede interactuar con un robot móvil AGILE1500, modificando su comportamiento en función de la presencia del trabajador.
Independientemente de su tamaño, es un enfoque especialmente relevante para fabricantes que buscan automatizar sin realizar grandes inversiones, aquellos con una producción flexible o series cortas, u organizaciones en una fase inicial de automatización.
Exoesqueletos para el bienestar del trabajador
El interés de un exoesqueleto está en aquellos trabajos donde una parte importante del esfuerzo físico procede de movimientos repetitivos, posturas mantenidas o tareas que obligan a tener los brazos elevados
Hay una segunda cuestión que suele quedar fuera de las cifras de robotización: qué ocurre con las tareas que siguen haciendo las personas. Incluso en una fábrica muy automatizada hay operaciones manuales. Preparar componentes, realizar ajustes, cargar materiales, supervisar procesos o realizar tareas que obligan a trabajar con los brazos elevados son ejemplos de operaciones en las que la automatización completa puede no ser la solución más sencilla.
En esos casos, un exoesqueleto plantea una aproximación completamente distinta. En lugar de retirar al trabajador del movimiento, lo acompaña.
El MATE-XT de Comau es un dispositivo portátil y pasivo diseñado para proporcionar asistencia durante tareas repetitivas o físicamente exigentes. No utiliza motores ni baterías: el sistema proporciona soporte mecánico mientras el trabajador conserva su libertad de movimiento. Cuenta, además, con ocho niveles de asistencia que pueden ajustarse según la tarea.
Un buen ejemplo aparece en las operaciones de packaging de John Deere. El gigante de la maquinaria agraria probó varios exoesqueletos MATE-XT de Comau para tareas en las que los trabajadores tenían que realizar movimientos repetitivos con los brazos.
Durante las pruebas, un análisis electromiográfico registró que la musculatura permanecía en fase de reposo durante el 98,5 % del tiempo de actividad con el exoesqueleto, frente al 2,4 % sin él. Comau cifra, además, en un 68 % la reducción de la sobrecarga muscular obtenida con MATE-XT.
Por su parte, gracias a MATE-XT, los trabajadores de Temi, una empresa italiana especializada en logística y movimiento de mercancías reducen un 30 % la actividad muscular y el esfuerzo percibido en los hombros. La compañía también recoge, a partir de datos de distintos clientes, mejoras de hasta un 27 % en la precisión y de aproximadamente un 10 % en productividad, además de una reducción de al menos un 5 % en los tiempos de ciclo.
Un exoesqueleto no convierte mágicamente una tarea pesada en una tarea ligera, ni todos los puestos necesitan uno. Su interés está precisamente en aquellos trabajos donde una parte importante del esfuerzo físico procede de movimientos repetitivos, posturas mantenidas o tareas que obligan a trabajar con los brazos elevados.
El siguiente paso es hacer que esta tecnología sea más fácil de incorporar
Al reducir la tensión física hasta en un 50 % durante tareas repetitivas, MATE-XT GO ayuda a mejorar la comodidad de los trabajadores y favorecer la productividad.
La evolución de los exoesqueletos también apunta a algo muy concreto: reducir las barreras para probarla en una planta. El nuevo MATE-XT GO, presentado por Comau en 2026, pesa menos de 3 kg y está diseñado para colocarse en unos 30 segundos y retirarse en unos 10. La compañía plantea una reducción de hasta el 50 % del esfuerzo físico en determinadas tareas repetitivas y con los brazos elevados, además de una concepción orientada a facilitar su adopción a mayor escala.
Eso abre la puerta a una idea menos espectacular, pero probablemente más importante: que estas tecnologías dejen de ser proyectos experimentales y puedan incorporarse a puestos concretos de una fábrica igual que cualquier otra herramienta.
Para una empresa, además, la conversación no empieza necesariamente por "¿cuántos robots podemos instalar?". Puede empezar por algo mucho más sencillo: ¿qué parte de nuestro proceso está generando más repetición, más esfuerzo o más errores?
La automatización suma tecnologías
La tecnología no tiene por qué sacar al trabajador del proceso. Puede servir para que esté durante más tiempo, con menos esfuerzo y concentrándose en aquello que realmente necesita una persona detrás
Aunque hemos hablado de ellos por separado, utilizar un exoesqueleto no excluye la utilización de un cobot.
Imaginemos una estación en la que un robot colaborativo se ocupa de una operación repetitiva y precisa, mientras el trabajador se encarga de supervisar el proceso, colocar determinados componentes o resolver excepciones.
Si además algunas de esas tareas requieren mantener los brazos elevados o repetir movimientos durante toda la jornada, un exoesqueleto puede actuar sobre el esfuerzo físico que queda en manos de la persona.
El resultado no es una fábrica sin trabajadores. Es una estación en la que cada elemento hace una parte diferente del trabajo. Para la industria española, acostumbrada desde hace años a convivir con robots industriales, el cambio puede estar en ampliar el catálogo de herramientas disponibles para automatizar.
Y eso permite abordar problemas que antes quedaban en tierra de nadie: demasiado repetitivos para que una persona los haga durante años sin consecuencias, pero demasiado variables o poco rentables para justificar una automatización completa.
Beneficios, más allá de la productividad
Cuando se habla de automatización industrial, la productividad suele ocupar el centro de la conversación: cuántas piezas se producen, cuánto tarda un ciclo, cuántos errores se cometen o cuántas horas puede funcionar una instalación.
Los beneficios para las empresas son evidentes: aumentar la productividad, optimizar procesos, reducir tiempos de producción, disminuir errores operativos y mejorar la seguridad de los trabajadores
Pero las tecnologías colaborativas y los exoesqueletos introducen otra variable: cómo se realiza ese trabajo. En el caso de los cobots, automatizar una operación repetitiva puede permitir que el trabajador dedique más tiempo a tareas que requieren supervisión, criterio o intervención manual. Y, además, lo hacen trabajando de forma segura junto a los operarios, ofreciendo flexibilidad y facilidad de implementación.
En el caso de los exoesqueletos, la intención es reducir parte de la carga física sin cambiar necesariamente el proceso, mejorando la ergonomía y contribuyendo al bienestar de los trabajadores.
No significa que todas las tareas puedan automatizarse ni que un exoesqueleto sea adecuado para cualquier puesto. Significa que la automatización industrial dispone ahora de más herramientas para atacar problemas diferentes, ofreciendo a las empresas beneficios evidentes: aumentar la productividad, sí, pero también optimizar procesos, reducir tiempos de producción, disminuir errores operativos y mejorar la seguridad de los trabajadores.
España ya tiene una base industrial suficientemente robotizada como para que la siguiente pregunta no sea simplemente cuántos robots hay en una fábrica. También importa qué hacen, cómo trabajan junto a las personas y qué ocurre con las tareas que permanecen en manos humanas.
Ahí es donde los cobots y exoesqueletos de Comau que distribuye e integra Risoul empiezan a tener sentido. Unos automatizan movimientos concretos. Los otros aportan soporte a quien sigue realizándolos. Y, en ambos casos, la tecnología no tiene por qué sacar al trabajador del proceso. Puede servir para que siga estando en él durante más tiempo, con menos esfuerzo y concentrándose en aquello que realmente necesita una persona detrás.
Ver 0 comentarios